El museo de la Literatura
Es agradable descubrir que, en algunas partes del mundo, las y los escritores tienen un lugar especial solo para ellas y ellos. Vale que me podrán comentar que las librerías y sobre todo, las bibliotecas públicas, son lugares dedicados exclusivamente a las personas que cultivan el bello arte de la creación literaria. Y sin duda, tienen razón, pero siempre reconforta descubrir que en algunas ciudades este reconocimiento a las letras va un paso más allá, al convertirlo en un espacio museístico exclusivo para las personas que regalan y comparten con el resto de la humanidad, su capacidad para crear mundos paralelos a través de las palabras.
Me estoy refiriendo al Museo de la Literatura, un espacio dependiente de la gran Biblioteca Nacional de Viena, ubicado en el número 6 de la calle Johannesgasse, un emplazamiento histórico con especial relevancia ya que albergó desde 1848, año de las revoluciones contra monarquías europeas, el archivo de la Cámara de la Corte Imperial y Real, creado en el siglo XVI.
El edificio, construido expresamente para este fin, constituye un ejemplo impresionante de la arquitectura funcional del estilo Biedermeier y goza de protección patrimonial. Sus salas, que conservan las estanterías históricas del archivo, ofrecen un contraste frente a la arquitectura expositiva moderna y la actualidad de los textos, audios e imágenes que se presentan, realizando u recorrido por la literatura austríaca desde el siglo XVIII hasta nuestros días.
Los visitantes al museo podrán contemplar el despacho original de Franz Grillparzer (1791–1872), escritor y director de este archivo hasta 1856. “Grillparzer demostró que Viena es un lugar excelente para sufrir”, escribió Franz Kafka a su amiga Grete Bloch en 1914.
El espacio museístico acoge unos 700 ejemplares de más de 200 autoras y autores, así como carteles y mapas, manuscritos, fragmentos de obras literarias, primeras ediciones de libros, objetos personales además de diverso material audiovisual histórico y hasta una sala de cine, en una ambientación en las que, especialmente en las secciones históricas y temáticas, hace referencia a los estrechos vínculos de la literatura austriaca con la música, las bellas artes y el teatro.
Entre los tesoros literarios que tuve el lujo de contemplar se encuentran el manuscrito del fragmento de la novela de Franz Kafka "El desaparecido (América)" (la única página que se encuentra en Austria escrita por el autor de Praga); las cartas en original entre la poeta austriaca Ingeborg Bachmann y el poeta rumano Paul Celan; poemas de puño y letra del poeta Rainer Maria Rilke o textos del filósofo y lingüista Ludwig Wittgenstein, además de diversa documentación de grandes escritoras y escritores austríacos como los manuscritos de Johann Nestroy, el «Zetteluniversum» (universo de notas) de la poeta Friederike Mayröcker y diversas documentación y objetos personales de Thomas Bernhard, Arthur Schnitzler o Ilse Aichinger.
Distribuido con una exposición permanente en la primera y la segunda planta del edificio, el Museo cuenta también con varias salas para exposiciones temporales en la tercera planta. De hecho, en estos momentos, cuenta con una exposición temporal dedicada a una de las figuras más relevantes de la literatura austriaca contemporánea, Thomas Bernhard, cuyo legado se encuentra custodiado desde 2023 por la Biblioteca Nacional de Austria. La muestra, que se puede visitar hasta febrero de 2027, hace un recorrido por la obra y legado del autor de El malogrado a través de manuscritos, cartas y fotografías de todas las etapas de su vida.
También está la exposición itinerante dedicada al novelista austriaco Stefan Zweig (1881-1942), uno de los autores referentes en lengua alemana más leídos, en una muestra que revela la influencia literaria e intelectual de Zweig, cuya obra, con un mensaje que llama a un mundo utópico en paz y sin fronteras, no ha perdido ni un ápice de actualidad.
Así como la dedicada a la poeta Ingeborg Bachmann (Austria, 25 de junio de 1926-Roma,Italia, 17 de octubre de 1973). Nominada al Premio Nobel de Literatura en 1963, Bachmann fue una de las más destacadas escritoras y poetas en lengua alemana del siglo XX. La muestra cuenta con numerosos manuscritos originales, objetos personales —como su máquina de escribir y prendas de vestir— y grabaciones audiovisuales. Enmarcada dentro del denominado Grupo 47 de 1958, la poeta formó parte de la facción femenina del grupo junto a Ilse Aichinger y otras autoras. El objetivo del Grupo 47 era liberar a los hombres de las palabras manchadas por los nazis y ayudarles a escribir un nuevo mundo. Pero también debía servir, decían las autoras del grupo literario, para limpiar la lengua de aquellas palabras de las que se sirven los hombres para hablar de las mujeres en su nombre, usurpando su sitio y quitándoles la voz.
La poeta, que sufrió de alcoholismo y de adicción a barbitúricos durante años, sufrió un incidente en septiembre de 1973 al quemarse su camisón. Falleció veinte días más tarde, dejando una obra incompleta y sin que la verdadera causa de su muerte llegara a aclararse del todo.
Como elemento negativo del Museo tengo que indicar que, como siempre que pasa cuando hablamos de literatura, el museo es muy poco visitado. De hecho, cuando realicé mi incursión en él, a cambio del abono de la entrada de 9 euros, me encontré prácticamente a solas en mi recorrido por las distintas diversas estancias. Claro que en algo tendrá que ver el hecho de que todas las explicaciones del Museo se encuentren escritas exclusivamente en alemán y que los audio-guías no cuenten con una versión de las explicaciones del recorrido en español. Un punto negativo que deberían de hacérselo mirar en la administración responsable del centro, sobre todo si tenemos en cuenta que el español, con 560 millones de hablantes, es el cuarto idioma con más hablantes del mundo, solo superado por el inglés, el chino y el hindi.
Por otra parte, tengo que decir que recorrer las calles de Viena es también adentrarte en la importancia que tiene para la ciudad personalidades vinculadas al mundo de la literatura. No en vano, el poeta, dramaturgo y filósofo alemán Johann Wolfgang von Goethe y orfebre alemán, inventor de la prensa de imprenta moderna Johannes Gutenberg, cuentan con sendas estatuas que los recuerdan y reconocen por las calles del centro histórico de Viena.
Ahora si algo sorprende del patrimonio vinculado a los libros de la ciudad es la espléndida sala principal de la Biblioteca Nacional Austriaca. La denominada la Sala Imperial (Prunksaal) constituye una de las joyas arquitectónicas del barroco. Construida en el siglo XVIII por el emperador Carlos VI para utilizarla como biblioteca de la corte, fue levantada a lo largo de tres años (de 1723 a 1726). La Gran Sala da cobijo a alrededor de 200.000 libros publicados entre 1501 y 1850, entre ellos una gran parte de los 15.000 volúmenes de la extensa colección del Príncipe Eugenio de Saboya (1663–1736). Este legado histórico ha sido digitalizado por la Biblioteca Nacional de Austria y puede ser consultado en línea de forma libre.
Por cierto, la entrada es gratuita para jóvenes menores de 18 años, lo que me parece una idea excelente para incentivar las visitas de centros educativos y colectivos de personas jóvenes a esta espléndida de sala, una maravilla para la contemplación para las personas amantes de los libros o simplemente de la belleza arquitectónica, que se suma a los más de ocho millones de libros y otros objetos que se exponen, además de en la Biblioteca, en el Museo del Papiro y el Museo del Globo Terráqueo, lo que convierte a la Biblioteca Nacional de Austria en una de las más importantes del mundo.
Sin duda, un motivo más que fantástico para dedicarle una visita si se pasean en algún momento de sus vidas por una ciudad que realiza amplios esfuerzos para su promoción a través de algunas de sus figuras más destacadas como el compositor Wolfgang Amadeus Mozart, el psicoalista Sigmund Freud o la emperatriz Isabel de Austria, cuyo nombre realmente no era Sissi, como equivocadamente nos ha legado el cine, sino Lisi, diminutivo de Isabel. La emperatriz tuvo un trágico final ya que fue asesinada por una anarquista italiano tras clavarle un estilete en el corazón. La intención del anarquista en cuestión era atentar contra el príncipe de la Casa de Orleans, pero al leer en los diarios que la visita del príncipe francés se había cancelado y que la emperatriz austríaca se encontraba en la ciudad, decidió cambiar de objetivo. A veces sucede que estar en un lugar y no en otro, marca tu destino final. En fin, la vida...
Josefa Molina





























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