
Una platanera plantada a un lado del barranco de Gáldar, cerca de una mareta situada por la zona de La Vega, se despertó una noche llorando como una Magdalena.
-¿Qué tienes, cariño? –le preguntó su madre.
-Que tuve una pesadilla.
-¿Qué soñaste?
-Que a mí, a ti y a casi todas las plataneras nos cubría el asfalto, formando carreteras por las que después circulaban un montón de coches, camiones y furgonetas a gran velocidad.
-¡En serio? Esperemos que eso no ocurra nunca. Confiemos en que el progreso no nos supere.
-Ojalá, mamá. Ojalá que se cumplan tus palabras. Pues pasada la pesadilla, ahora a soñar cosas bonitas, como, por ejemplo, que caiga una lluvia serena y deje mis hojas llenas de gotas refrescantes.
-Eso sí que estaría bien, hija mía.
Quico Espino




























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