La Guancha, 50 años después

Hace cincuenta años: tambien los jóvenes de Agaete decidimos salvar La Guancha

En el verano de 1976, un grupo de jóvenes de Agaete protagonizó una manifestación pacífica para defender el yacimiento arqueológico de La Guancha, marcando el inicio de una conciencia colectiva sobre la protección del patrimonio cultural en Canarias.

José Ramón Santana Suárez. Domingo, 19 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Imagen de Paco Rivero - Fundación Canaria Néstor ÁlamoImagen de Paco Rivero - Fundación Canaria Néstor Álamo

Hace cincuenta años, julio de 1976, un grupo de jóvenes de Agaete, de la mano del doctor Agustín del Álamo, nos embarcamos en el proyecto de «salvar La Guancha» y, con ella, nuestro entonces maltratado patrimonio histórico y cultural.

 

Eran tiempos difíciles. La sola palabra manifestación infundía miedo. Franco llevaba apenas unos meses muerto y el país comenzaba a dar sus primeros pasos hacia una nueva etapa. Yo tenía 18 años, estaba realizando el servicio militar voluntario y aprovechaba unos días de permiso para estar en Agaete. Participar en aquella convocatoria fue, visto con la perspectiva del tiempo, toda una temeridad. Sin embargo, desde nuestra juventud e ingenuidad, nunca lo vivimos como un acto político, sino como una acción en defensa de nuestra cultura y de nuestra historia.

 

Recuerdo que unos días antes nos reunimos en un local del casco urbano de Gáldar. Allí, Celso Martín de Guzmán y el doctor Agustín del Álamo llevaron la voz cantante. Nos explicaron cómo debía desarrollarse la manifestación y qué consignas podíamos corear, insistiendo en que ninguna de ellas debía resultar ofensiva para las autoridades. También confeccionamos una pancarta de forma muy rudimentaria: una sábana blanca y dos listones de madera, con un lema alusivo a Agaete.

 

El día de la manifestación partimos desde Agaete en el coche de Agustín del Álamo cuatro o cinco jóvenes. Recuerdo, entre otros, a Pepe Carlos Rodríguez y a Chani Godoy. El acto comenzó en el casco urbano de Gáldar y, al pasar frente al Ayuntamiento, se recogieron unas hojas secas del drago centenario del patio. Con ellas se improvisó una especie de ramo que, posteriormente, una joven depositó en el centro del túmulo principal de La Guancha como gesto simbólico de respeto y reivindicación.

 

Confieso que hasta ese día nunca había visitado La Guancha. Aquella jornada marcó para mí el inicio de un despertar, el momento en que tomé verdadera conciencia de la importancia de proteger nuestro patrimonio arqueológico, histórico y cultural.

 

La manifestación transcurrió en un ambiente festivo y lleno de ilusión. La mayoría apenas superábamos la adolescencia; casi todos teníamos menos de veinte años y, curiosamente, ni siquiera recuerdo una presencia policial significativa. Entre los cánticos que aún permanecen grabados en mi memoria estaban: «La Guancha canaria, La Guancha milenaria» y aquel otro que repetíamos una y otra vez: «¡Tan, tan, tan, que viva Tamarán!».

 

Cinco décadas después, aquel recuerdo sigue vivo. Más allá de la anécdota, aquella manifestación representó el despertar de una generación que entendió que el patrimonio no era una herencia del pasado, sino una responsabilidad con el futuro. Haber formado parte de aquel grupo de jóvenes es, sin duda, uno de los recuerdos de los que me siento más orgulloso.

 

José Ramón Santana Suárez.

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