![[Img #37008]](https://infonortedigital.com/upload/images/02_2026/9821_7977_6081_guayarmina.jpg)
Hay una frase que resume a la perfección la forma de gobernar del actual Ayuntamiento de Gáldar: si hay una cámara, hay una inauguración. Da igual que se trate de una gran infraestructura o de un tramo de calle de apenas unos metros. Lo verdaderamente importante no es cómo se ejecutan las obras, cuánto tardan o los perjuicios que ocasionan a vecinos y comerciantes. Lo importante es llegar al final, colocar el atril, convocar a la prensa, posar para la fotografía y construir el relato de otro supuesto éxito de gestión.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con la calle Faicán Guanache. Después de diez meses de obras, el alcalde comparece para afirmar que la actuación "facilita el tránsito de las personas", "mejora la accesibilidad universal" y "crea mejores condiciones para el desarrollo de nuestros comercios". Leyéndolo, cualquiera que no conozca Gáldar pensaría que estamos ante una obra de una complejidad extraordinaria, una actuación estratégica para transformar la movilidad del municipio o una inversión sin precedentes. La realidad, sin embargo, es bastante más modesta: hablamos de una calle de escasos metros cuya ejecución se ha prolongado casi un año y que ha castigado innecesariamente a quienes viven, trabajan o pasan diariamente por el casco histórico.
Lo verdaderamente llamativo es que el Ayuntamiento haya convertido la inauguración de una calle de apenas unos metros, cuya ejecución se prolongó durante diez meses, en un acto de autobombo institucional, rodeado de buena parte de los concejales del grupo de gobierno, que, al parecer, no tenían una ocupación más importante que asistir a la ceremonia. Ni una explicación por los retrasos, ni una palabra para los comerciantes que vieron afectada su actividad, ni un reconocimiento a la paciencia de los vecinos que soportaron durante meses las molestias de una obra interminable. Solo propaganda institucional envuelta en un discurso triunfalista que pretende presentar como un éxito lo que, en realidad, era la obligación más básica de cualquier administración: ejecutar una obra en un plazo razonable y con el menor perjuicio posible para la ciudadanía.
Ya nos sabemos la escenografía de memoria. Sabemos dónde se coloca cada concejal, quién busca el mejor ángulo para la fotografía, qué manos cruzará cada uno y hasta el peinado con el que comparecerán en la siguiente inauguración. Lo que seguimos sin saber es por qué una calle de apenas unos metros necesitó diez meses de obras.
Quizá por eso cada vez son más los vecinos que hablan del Ayuntamiento de las inauguraciones. Un Ayuntamiento donde la cinta se corta con más rapidez de la que se terminan las obras; donde cualquier actuación, por pequeña que sea, se convierte en un acontecimiento histórico; donde el autobombo parece formar parte del presupuesto de ejecución material.
Visto el ritmo que lleva el Ayuntamiento de Gáldar, cualquier día nos convocan para inaugurar un banco recién pintado, una papelera nueva, un paso de peatones o la reposición de una señal de tráfico. Habrá atril, micrófonos, fotografía oficial, nota de prensa y el ya habitual discurso sobre la "apuesta decidida por la mejora de la calidad de vida". No sería extraño que cortaran una cinta para celebrar la sustitución de una bombilla fundida o la poda de una palmera, porque cuando la propaganda se convierte en una forma de gobernar, cualquier actuación, por insignificante que sea, acaba tratándose como si fuera una obra de ingeniería digna de aparecer en los libros de historia.
Pero es que gobernar no consiste en vender como extraordinario lo que debería ser normal. Gobernar consiste en gestionar con eficacia los recursos públicos, cumplir los compromisos adquiridos y dar explicaciones cuando las cosas no salen como estaban previstas. Lo que no puede hacerse es convertir un retraso de diez meses en una campaña de promoción institucional y esperar que los ciudadanos aplaudan.
Lo más llamativo de todo es que el gobierno municipal parece convencido de que la memoria de los vecinos dura menos que una nota de prensa. Confía en que una fotografía sonriente haga olvidar meses de molestias, que un discurso bien escrito sustituya a los hechos y que la propaganda termine imponiéndose a la realidad. Pero la realidad tiene la mala costumbre de permanecer mucho más tiempo que los titulares.
Y, por cierto, hubo un detalle que llamó la atención en la inauguración. Se echaron de menos los voladores, la lluvia de purpurina y una banda de música. Habrían sido el complemento perfecto para un acto que pretendía presentar como una hazaña lo que, en cualquier administración eficiente, habría pasado completamente desapercibido: terminar una calle en plazo. Porque cuando hace falta tanto espectáculo para inaugurar una obra tan modesta, quizá el verdadero proyecto ya no sea el urbanístico. Quizá el único proyecto que sigue ejecutándose a tiempo sea el de la propaganda.
Guayarmina Guanarteme
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