
En el caserío de Arure, en el municipio de Valle Gran Rey, el folclore continúa siendo una de las expresiones más auténticas de la identidad gomera. Entre sus manifestaciones más representativas destaca el Ramo Gomero, una tradición profundamente enraizada en la vida religiosa y comunitaria del pueblo, que ha trascendido lo local hasta convertirse en uno de los símbolos más reconocibles del patrimonio inmaterial de La Gomera.
Arure, enclavado en la medianía del valle y rodeado de bancales agrícolas, ha mantenido durante generaciones esta expresión cultural en la que se unen fe, agricultura y participación vecinal.
El Ramo Gomero es una estructura artesanal elaborada con frutas, flores y productos agrícolas de temporada, dispuestos de forma minuciosa hasta formar una ofrenda colorida y simbólica. Su elaboración es completamente comunitaria y sigue transmitiéndose de generación en generación.
En Arure, cada edición comienza días antes de las fiestas patronales, cuando los vecinos se organizan para recolectar los productos del campo y construir el ramo. Este proceso no solo tiene un valor estético o religioso, sino también social, ya que se convierte en un espacio de convivencia intergeneracional donde se transmite el conocimiento tradicional.
Durante las fiestas, el Ramo Gomero recorre las calles del caserío en procesión, acompañado por chácaras, tambores y cantos tradicionales. La música, elemento esencial del folclore gomero, marca el ritmo de un recorrido en el que lo religioso y lo popular se funden de manera natural.
El ramo se ofrece como símbolo de agradecimiento a los santos patronos, especialmente la Virgen de la Salud y San Salvador, en una tradición que mantiene su esencia devocional intacta.
En el caserío de Arure, en el municipio de Valle Gran Rey, el Ramo Gomero se mantiene como una de las expresiones más representativas del folclore religioso y popular de La Gomera. Más allá de su vistosidad en las fiestas, esta tradición tiene un origen humilde, profundamente ligado al mundo rural, a la economía agrícola de subsistencia y a la religiosidad popular que ha caracterizado históricamente a la isla.
El Ramo Gomero surge como una ofrenda comunitaria en el contexto de las fiestas patronales, cuando las comunidades rurales gomeras, como la de Arure, expresaban su agradecimiento por las cosechas y pedían protección para los cultivos y el ganado.
En una época en la que la vida dependía directamente del campo, los vecinos elaboraban estructuras decoradas con productos agrícolas como frutas, ramas, flores y panes, como símbolo de gratitud hacia los santos patronos. No se trataba solo de un elemento decorativo, sino de una ofrenda viva, fruto del esfuerzo colectivo y de lo que la propia tierra ofrecía.
En Arure, este gesto se consolidó con el tiempo como parte esencial de las fiestas locales, integrándose en procesiones y celebraciones religiosas donde el ramo adquirió un papel protagonista.
Con el paso de los años, el Ramo Gomero dejó de ser únicamente una expresión agrícola para convertirse en un símbolo identitario del folclore gomero. Su evolución estuvo marcada por la transmisión oral y práctica entre generaciones, donde cada familia aportaba su forma de elaborarlo, adaptándolo a los recursos disponibles y a las tradiciones del momento.
En Arure, esta continuidad ha sido especialmente significativa, ya que el caserío ha mantenido una fuerte cohesión comunitaria que ha permitido conservar la tradición sin interrupciones relevantes.
El origen del Ramo Gomero también está estrechamente ligado a la religiosidad popular canaria, donde las fiestas patronales combinaban la devoción cristiana con elementos simbólicos de la vida cotidiana. El ramo funcionaba como una ofrenda a los santos, pero también como un acto de petición colectiva para asegurar buenas cosechas, lluvias favorables y bienestar para la comunidad.
Aunque su origen se remonta a la vida rural tradicional gomera, el Ramo Gomero ha sabido adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia. Hoy en día, sigue siendo elaborado de forma comunitaria, manteniendo el mismo espíritu de cooperación que lo vio nacer.
Aunque Arure es uno de sus principales referentes, el Ramo Gomero no es una tradición exclusiva de este caserío, sino que forma parte del patrimonio cultural de toda la isla de La Gomera. Se trata de una manifestación insular que ha tenido presencia en diferentes localidades, especialmente en el ámbito del Valle Gran Rey, donde también se ha conservado en núcleos como Taguluche y el propio casco de Valle Gran Rey, siempre vinculada a fiestas patronales y promesas religiosas.
No obstante, su práctica no se mantiene de manera uniforme en todos los municipios de la isla. En algunos lugares ha desaparecido o ha quedado reducida a expresiones puntuales, mientras que en otros ha logrado conservarse con mayor continuidad. En este contexto, Arure destaca como uno de los enclaves donde la tradición se ha mantenido más viva, tanto por la implicación vecinal como por la continuidad de su celebración año tras año, convirtiéndose en uno de los principales referentes actuales del Ramo Gomero.
El valor del Ramo Gomero ha sido reconocido de forma progresiva en los últimos años dentro del ámbito cultural e institucional del Archipiélago. El principal hito llegó en 2019, cuando el Gobierno de Canarias concedió al Ramo de Arure la Medalla de Oro de Canarias, la máxima distinción de la Comunidad Autónoma. Este reconocimiento fue aprobado en Consejo de Gobierno y entregado en el acto institucional del Día de Canarias, celebrado en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, en reconocimiento a su valor etnográfico, cultural y a la labor de los vecinos de Arure en la conservación de esta tradición.
Este galardón situó al Ramo Gomero entre las expresiones culturales más destacadas del Archipiélago, reforzando su visibilidad dentro y fuera de la isla.
A este reconocimiento se suma la labor constante del Cabildo de La Gomera, que ha respaldado públicamente la importancia de esta manifestación como patrimonio vivo, destacando el papel de la Asociación del Ramo de Arure en su conservación y difusión.
Asimismo, en los últimos años, el Ramo de Arure ha sido presentado en instituciones como el Parlamento de Canarias, donde se ha mostrado su proceso de elaboración como ejemplo de patrimonio cultural inmaterial en activo, reforzando su valor identitario y educativo.
Paralelamente, el Cabildo insular trabaja en la tramitación para su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), una figura de protección que busca garantizar su preservación futura como expresión cultural singular de La Gomera.
Más allá de los reconocimientos institucionales, el Ramo Gomero en Arure sigue siendo, ante todo, una expresión de identidad colectiva. Su continuidad no depende únicamente de los galardones recibidos, sino del compromiso de un pueblo que ha sabido mantener viva una tradición que forma parte de su memoria histórica.
En un contexto de transformación social y globalización, el Ramo Gomero continúa floreciendo cada año como símbolo de arraigo, devoción y pertenencia, recordando que el patrimonio cultural solo perdura cuando una comunidad decide hacerlo suyo y transmitirlo.
Moisés Rodríguez Gutiérrez
































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