
¿Qué la motivó a participar en la organización y manifestación por La Guancha
Me motivó la inquietud cultural, que fue un signo de aquel tiempo. Además, yo sentía admiración y afecto por las personas que impulsaron el acto. Ellos consiguieron atraer e implicar a los más jóvenes con exquisita maestría y con el entusiasmo que solo da ser plenamente conscientes del valor de La Guancha y de la urgente necesidad de protegerla. A esto se unió que en esa etapa de cambios se intensificó la valoración de la identidad canaria que siempre estuvo latente en Gáldar.
¿Qué recuerda de aquel mes de julio de 1976 en Gáldar?
En ese verano 'comenzó’ la Transición. El 15 de julio, el gobierno de Adolfo Suárez tenía apenas diez días, por supuesto los partidos políticos aún eran clandestinos; esto puede dar idea de la esperanza, curiosidad y optimismo que había entre todos nosotros por los posibles cambiosRecuerdo el ambiente que se creó alrededor de las personas magníficas que movieron la idea: el imprescindible Celso, Agustín Álamo, Javier Quesada, Juan Sosa, Alberto Julián, Pepe Dámaso, Antonio Rodríguez, Tito Santana, etc. Entre todos tuvimos mucho cuidado de los detalles, mucha creatividad, mucho humor y mucho ingenio en reuniones que se prolongaban divertidas en las noches de la plaza preparando la que fue, creemos, primera manifestación legal autorizada de Canarias.
Se fue reuniendo a los jóvenes, a toda la gente, con una habilidad que admirarían algunos procesos participativos de hoy. Recuerdo sobre todo las sesiones en el teleclub de detrás de la iglesia para crear las consignas de la manifestación. Y recuerdo que avanzamos por la Calle Larga exclamando las consignas sintiendo una feliz rebeldía, no con preocupación o miedo, sino con la seriedad y la firmeza de quienes saben que están haciendo algo importante.
Después, algunos responsables fueron a entregar en el Ayuntamiento un documento de exigencia de protección para La Guancha mientras el grueso de la manifestación se encaminó hacia El Agujero. Juan Sosa había hecho como unos sellos de distintas versiones de pintaderas y con tinta roja y azul las estampó en los brazos de los asistentes. Sobre todo la gente que había venido de fuera se quedó entusiasmada con tan vistosos símbolos.
Celso Martín de Guzmán cerró el acto con unas palabras que ojalá se conserven.
Todo esto se logró y, aunque indudablemente era un acto político, ahora comprendo que los organizadores tuvieron la habilidad de que no se percibiera como enfrentamiento subversivo, no era el momento de eso. Así se impidió desvirtuar su verdadero motivo: la defensa de nuestro patrimonio, sin matices.
![[Img #41705]](https://infonortedigital.com/upload/images/07_2026/4787_sarilanzandoramo1.jpg)
Ha quedado para la historia su imagen arrojando un ramo de flores en la manifestación. ¿Qué le dice a día de hoy esa imagen?
Flores para un túmulo funerario. Esa ofrenda, en su sencillez, fue una hermosura. Hoy, de forma personal, la guardo en mi corazón como memoria de nuestros antepasados y de mi raza toda.
Usted era joven, universitaria y mujer y veníamos de una dictadura en la que la mujer era ciudadana de segunda, y sin embargo, junto con otras jóvenes galdenses no dudaron en sumarse a esta manifestación.¿Fue una forma de decir nosotras también estamos, nosotras también contamos?.
En aquellos momentos, sinceramente, más que feministas nos sentíamos jóvenes, personas, mujeres y hombres reclamando libertades y defendiendo la identidad canaria. Feminismo, machismo.., entraron en la conciencia social un poco más tarde. Entonces, ni siquiera se oían mucho esos términos en el día a día.
En ese acto, nosotras fuimos jóvenes e iguales, porque teníamos ya ese sentimiento y porque tuvimos esa consideración. No se olvide que estábamos con gente extraordinaria y adelantada a su tiempo.
Cincuenta años después, ¿qué opina de la situación de nuestro patrimonio arqueológico?
Hoy somos más conscientes de la importancia del patrimonio arqueológico, se ha avanzado en su protección y contamos con personas formadas y atentas a su defensa. Afortunadamente, hoy, sin disculpa alguna, sabemos que todo esfuerzo por este patrimonio es poco dado su singular y enorme valor, que se debe promover conservación e investigación de forma constante y sin pausa, que se debe intensificar la educación y sensibilización de las nuevas generaciones y de la sociedad entera; lo que a su vez entraña el compromiso irrenunciable de impedir unánimemente cualquier indolencia destructiva.































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