![[Img #37008]](https://infonortedigital.com/upload/images/02_2026/9821_7977_6081_guayarmina.jpg)
Hay tradiciones que merece la pena conservar y otras que piden a gritos una renovación. La elección de La Guayarmina de las Fiestas de Santiago de Gáldar parece pertenecer al segundo grupo.
La gala volvió a ofrecer exactamente lo que muchos esperaban: lentitud, previsibilidad y un formato que parece sacado de finales de los años noventa. Un espectáculo incapaz de sorprender y que cada año despierta menos interés.
Los números hablan por sí solos. Solo siete aspirantes al título de Guayarmina y, en la categoría masculina, únicamente dos participantes. Si el objetivo es conectar con la juventud, convendría empezar a preguntarse qué está fallando.
La organización tenía una oportunidad de oro al reunir a numerosas Guayarminas y reinas de las Fiestas de Santiago de distintas generaciones. Aquello merecía un homenaje propio, un reconocimiento a quienes forman parte de la historia de las fiestas. En cambio, todo quedó reducido a una rápida fotografía oficial y poco más. Tres minutos y a otra cosa.
Eso sí, donde no hubo recortes fue en la representación institucional. La primera fila parecía reservada para concejales, asesores, carguillos y demás integrantes del séquito municipal. La foto institucional nunca falla, aunque al mismo tiempo en otros pagos del municipio, como Saucillo, también hubiera fiestas sin apenas representación del Ayuntamiento.
Y, por supuesto, tampoco faltó la habitual presencia de presentadores de Televisión Canaria. Parece que en Gáldar no existe nadie con talento suficiente para conducir una gala de estas características. O, al menos, esa es la impresión que transmite una organización que vuelve a mirar hacia fuera en lugar de apostar por profesionales del municipio.
Entre actuación y actuación también hubo espacio para colar, casi con calzador, la promoción del Camino de Santiago de Gáldar, convertido en uno de los grandes proyectos turísticos que el Ayuntamiento quiere impulsar de cara a 2027. Un mensaje repetido hasta la saciedad que terminó por parecer más una campaña promocional que un elemento propio de la gala.
Y así transcurrió la noche: elección, corona, voladores, purpurina y discursos. Un guion que se repite año tras año sin apenas novedades.
Quizá el verdadero problema no sea la gala, sino la falta de imaginación para reinventarla. Porque cuando un acto deja de generar ilusión y se convierte en un trámite institucional repleto de fotos, protocolos y los mismos de siempre ocupando las primeras filas, es señal de que algo necesita cambiar.
Mientras tanto, Gáldar sigue celebrando una gala que parece haberse quedado congelada en el tiempo. Y eso, por mucha purpurina que lleve encima, ya no lo tapa nadie.
Guayarmina Guanarteme
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