Ventana folclórica, hoy con "los zapateros de Agaete" (vídeo)

De la tradición artesanal a la proyección insular: el oficio zapatero de Agaete marcó la economía y la identidad cultural del municipio desde finales del siglo XIX, consolidándose como referente en Canarias por su calidad y capacidad productiva.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Jueves, 09 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

La historia de los zapateros de Agaete se remonta a finales del siglo XIX, en un contexto en el que la economía del municipio se basaba principalmente en la agricultura, la ganadería y pequeños oficios artesanales. En este entorno rural, la zapatería se convirtió en una actividad esencial para el día a día de la población, hasta consolidarse como uno de los oficios más representativos de la Villa.

 

Uno de los datos más reveladores de esta realidad aparece en los registros censales y de contribución industrial de comienzos del siglo XX. Entre 1903 y 1910, Agaete contaba con un total de 62 zapateros registrados, una cifra extraordinaria para un municipio de tamaño reducido y que evidencia la fuerte implantación del oficio en la vida económica local. No se trataba de un trabajo marginal, sino de un auténtico sector productivo que daba empleo a decenas de familias.

 

Estos zapateros trabajaban en pequeños talleres familiares distribuidos por el casco histórico, donde la producción era completamente artesanal. El cuero se trabajaba de forma manual, utilizando herramientas básicas como hormas, martillos, cuchillas y máquinas de coser, en muchos casos instaladas en las propias viviendas. El conocimiento del oficio se transmitía de padres a hijos, consolidando auténticas sagas familiares de artesanos.

 

Entre esas familias destacó especialmente la familia Armas, una de las más influyentes de Agaete durante los siglos XIX y XX. Su taller estaba ubicado en la calle San Sebastián, una de las vías más tradicionales del municipio. Allí comenzó una actividad zapatera que con el tiempo evolucionaría hacia una producción más organizada y de mayor escala, convirtiéndose en el germen de una de las industrias más importantes del norte de Gran Canaria.

 

La continuidad del taller de la familia Armas se vio marcada por un hecho decisivo. Tras el fallecimiento del patriarca, Valentín Armas Álamo, en 1909, el negocio familiar no desapareció, sino que fue asumido por su hijo, Valentín Armas Nuez, quien, aún siendo muy joven, tomó las riendas del taller junto a su entorno familiar. Su implicación permitió no solo mantener la actividad, sino impulsar su crecimiento y profesionalización en las décadas posteriores, sentando las bases de lo que más adelante sería una de las referencias industriales del calzado en Canarias.

 

El crecimiento de esta actividad no solo se limitó al ámbito local. A lo largo del primer tercio del siglo XX, el calzado elaborado en Agaete comenzó a ganar prestigio por su resistencia y calidad, lo que permitió su distribución en otros puntos de la isla y posteriormente en el resto del Archipiélago. Las llamadas “botas de Agaete” se hicieron conocidas por su durabilidad, especialmente en el ámbito laboral, marinero y agrícola.

 

Con el paso de las décadas, la producción también alcanzó usos muy diversos. Uno de los más destacados fue el suministro de calzado a agrupaciones culturales y musicales. Entre ellas, el reconocido grupo Los Gofiones, que en distintas etapas utilizó botas confeccionadas en Agaete para sus actuaciones, ayudando a proyectar este calzado tradicional como parte de la identidad cultural canaria sobre los escenarios.

 

Asimismo, la calidad del trabajo artesanal agaetense permitió que parte de su producción tuviera uso institucional. Talleres vinculados a esta tradición llegaron a elaborar calzado destinado a cuerpos de seguridad, entre ellos la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria, lo que refleja el prestigio alcanzado por estos artesanos más allá del ámbito municipal.

 

El desarrollo del sector zapatero agaetense se enmarca también dentro de un fenómeno más amplio en Canarias, donde hasta mediados del siglo XX cada pueblo contaba al menos con un zapatero, y el cuero era una materia prima trabajada localmente antes de la llegada masiva de productos importados. En este contexto, los zapateros de Agaete destacaron por su capacidad de producción y por la calidad de su acabado.

 

El alcance de esta industria no se limitó a las islas. Existen referencias de exportación de calzado hacia otros territorios vinculados al comercio atlántico, donde el producto agaetense era valorado por su resistencia y durabilidad, especialmente en botas de trabajo y sandalias destinadas a climas cálidos y actividades intensivas.

 

El prestigio alcanzado por el calzado artesanal de Agaete también trascendió al ámbito cultural y cinematográfico. Uno de los episodios más llamativos fue su vinculación con la producción de la película Tirma (1954), rodada en Gran Canaria. Durante el rodaje, talleres relacionados con la tradición zapatera del municipio elaboraron sandalias y calzado artesanal en grandes cantidades, con encargos que llegaron aproximadamente a un millar de piezas destinadas a figuración y vestuario, demostrando la capacidad de adaptación de los artesanos agaetenses a encargos especiales de gran volumen sin perder su esencia manual.

 

 

La industria zapatera de Agaete vivió también momentos especialmente duros, siendo el más significativo el incendio ocurrido en la madrugada del 10 de marzo de 1966 en las instalaciones de Calzados Armas. El fuego, que se propagó con rapidez, afectó gravemente a la fábrica y paralizó buena parte de la producción.

 

Las pérdidas económicas fueron cuantiosas, situándose según las crónicas de la época en torno al medio millón de pesetas, una cifra que representó un varapalo económico considerable para la empresa y para la economía local del momento. El siniestro no solo destruyó maquinaria y materiales, sino que marcó el inicio de un progresivo declive de la actividad industrial.

 

Finalmente, tras décadas de actividad, transformaciones económicas y la irrupción del calzado industrializado, la industria zapatera de Agaete cerró definitivamente sus puertas en 1975, poniendo fin a una etapa histórica que había comenzado más de medio siglo antes y dejando tras de sí un legado artesanal de enorme valor etnográfico.

 

Sin embargo, en Agaete, aquel censo de 62 zapateros entre 1903 y 1910 sigue siendo un testimonio claro de la importancia que tuvo este oficio en la construcción de la identidad del municipio. Fue una época en la que el sonido de los martillos, el olor del cuero y el trabajo paciente de los artesanos formaban parte del paisaje cotidiano de la Villa.

 

Hoy, más de un siglo después, aquel legado permanece como una de las páginas más significativas del patrimonio etnográfico de Agaete, recordando que el desarrollo del municipio también se escribió con hilo, cuero y manos expertas.

 

Bibliografía

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