Primero Canarias: vasallos de Coalición Canaria, la vieja guardia disfrazada de renovación

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Hay que reconocerle un mérito a Primero Canarias: ha conseguido que la palabra "renovación" pierda definitivamente cualquier significado. Pocas veces se había visto un ejercicio de transformismo político tan llamativo. Nacieron prometiendo una nueva forma de hacer política, asegurando que había llegado la hora del relevo generacional, criticando las estructuras enquistadas, los liderazgos eternos y los partidos que confundían las instituciones con un patrimonio particular.
 
Apenas unos meses después, la gran apuesta para conquistar la ciudad más importante de Canarias es Marcial Morales, un candidato que fue alcalde de Puerto del Rosario y presidente del Cabildo de su isla, Fuerteventura; un dirigente que decidió alejarse de la vida política tras décadas ocupando responsabilidades institucionales y que ahora regresa convertido, paradójicamente, en la gran apuesta de la llamada renovación.
 
Nadie pone en duda su experiencia. Ese nunca ha sido el debate. Lo que resulta verdaderamente llamativo es la absoluta incoherencia política que supone vender como "nuevo" aquello que pertenece a la vieja guardia del nacionalismo canario. Porque las candidaturas son mucho más que un nombre; son un mensaje. Y el mensaje que lanza Primero Canarias es demoledor: cuando llega el momento decisivo, la renovación desaparece y vuelven los de siempre.
 
La pregunta es inevitable. ¿Para qué se fundó Primero Canarias? ¿Cuál era su razón de ser? ¿Cuál era la diferencia con Coalición Canaria? Porque, viendo cómo evolucionan los acontecimientos, cada vez cuesta más distinguir dónde acaba un proyecto y dónde empieza el otro. Si las alianzas son las mismas, si los protagonistas son los mismos y si las decisiones estratégicas terminan reproduciendo exactamente el mismo esquema político, quizá la única diferencia real sea el logotipo de la papeleta.
 
Y aquí surge otra cuestión que muchos ciudadanos se plantean sin demasiados rodeos. Si realmente son lo mismo, ¿por qué no concurren directamente bajo las siglas de Coalición Canaria? ¿Existe cierto pudor político? ¿Se considera que la marca Coalición Canaria sigue siendo electoralmente incómoda en Gran Canaria? Porque conviene no olvidar una realidad que forma parte del debate político desde hace décadas: en Gran Canaria, Coalición Canaria nunca ha conseguido desprenderse de la percepción de ser un proyecto diseñado desde Tenerife y para Tenerife. Esa imagen persigue y ha acompañado históricamente a la formación y explica buena parte de sus dificultades electorales en la isla.
 
No es casualidad que muchos grancanarios sigan identificando a Coalición Canaria con una estructura de poder profundamente tinerfeña. Tampoco ayuda el recuerdo permanente de compromisos internos que, según numerosos críticos, nunca terminaron de respetarse plenamente, como el principio de alternancia territorial en determinados liderazgos. La sensación de que el peso político acababa inclinándose una y otra vez hacia Tenerife ha sido una constante en el debate público durante años, alimentando la desconfianza de quienes consideran que Gran Canaria siempre jugó un papel secundario dentro del proyecto nacionalista.
 
Por eso sorprende aún más que Primero Canarias, lejos de construir una identidad propia, parezca empeñado en reproducir exactamente ese mismo modelo. En lugar de presentar una candidatura nacida del tejido social, político o profesional de Las Palmas de Gran Canaria, decide importar un candidato cuya carrera política se desarrolló en otra isla. Y la pregunta vuelve a imponerse con toda su crudeza: ¿de verdad no existía en toda Gran Canaria una sola persona capaz de liderar este proyecto? ¿Tan escasa es la cantera política de Primero Canarias? ¿O es que el discurso de la renovación nunca fue más que un eslogan de campaña?
 
Las Palmas de Gran Canaria no necesita operaciones de marketing político. Necesita dirigentes que conozcan la ciudad, que hayan recorrido sus barrios, que entiendan sus problemas de vivienda, movilidad, limpieza, seguridad o desarrollo económico. La capital no puede convertirse en el escenario donde reciclar carreras políticas ya amortizadas o donde experimentar con operaciones de maquillaje electoral.
 
Porque esa es otra de las lecturas inevitables de esta candidatura. Cuesta no interpretarla como un intento de esconder unas siglas que en Gran Canaria nunca han terminado de conectar con el electorado. Cambiar el nombre no cambia la esencia. Pintar la fachada no modifica los cimientos. Y cuando detrás de un supuesto proyecto nuevo aparecen los mismos protagonistas, las mismas dinámicas y las mismas formas de hacer política, el ciudadano acaba llegando a una conclusión muy sencilla: no hay nada nuevo bajo el sol.
 
Quizá lo más preocupante no sea el nombre del candidato, sino el enorme contraste entre el discurso y la realidad. Se habló de regeneración y aparece la vieja guardia. Se prometió abrir una nueva etapa y regresan quienes ya ocuparon durante décadas las principales instituciones. Se defendió el relevo generacional y la respuesta es rescatar a quienes parecían haber cerrado su ciclo político. No es solo una contradicción; es la renuncia explícita al relato con el que nació el proyecto.
 
Al final, la conclusión resulta difícil de evitar. Primero Canarias corre el riesgo de convertirse en aquello que prometió combatir: una simple prolongación de Coalición Canaria con otro envoltorio, otra marca y otro eslogan. Si ese era el destino del proyecto, los ciudadanos tienen derecho a preguntarse por qué fue necesario crear unas nuevas siglas. Porque cuando la supuesta renovación consiste en cambiar el cartel de la puerta para que dentro siga estando exactamente la misma organización, el problema ya no es de comunicación. Es de credibilidad. Y en política, cuando se pierde la credibilidad, no hay campaña de imagen capaz de recuperarla.
 
Guayarmina Guanarteme
 
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