Feijóo advierte de que enfermar traerá un dolor de cabeza añadido
La propuesta del líder del PP sobre las bajas médicas reabre el debate sobre el absentismo, los derechos laborales y el modelo de protección social que España quiere para el futuro.
Hay propuestas políticas que, por sí solas, explican una forma de entender la sociedad. La planteada por Alberto Núñez Feijóo de reducir los ingresos de los trabajadores durante las bajas médicas es una de ellas. El objetivo declarado es combatir el absentismo laboral. El problema es que la medida parece partir de una premisa preocupante: que el trabajador enfermo debe asumir el coste de un problema cuyo origen es mucho más complejo.
Nadie discute que el fraude en las bajas médicas exista y deba perseguirse. Quien engaña al sistema perjudica a todos. Pero la inmensa mayoría de las bajas son concedidas por profesionales sanitarios tras valorar el estado de salud del paciente. Enfermar no es un privilegio, ni unas vacaciones pagadas. Es una situación que cualquiera puede sufrir.
Por eso sorprende que una de las primeras propuestas laborales del Partido Popular antes incluso de unas elecciones sea plantear una reducción de la protección económica de quienes están de baja. Más aún cuando la experiencia reciente invita a analizar con cautela algunos de los pronósticos realizados en el pasado sobre el mercado laboral.
En 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó una reforma laboral que facilitó el despido, modificó el equilibrio de la negociación colectiva y otorgó mayor flexibilidad a las empresas para adaptar las condiciones de trabajo. Sus defensores sostuvieron que era imprescindible para crear empleo, mientras que sus detractores consideraron que suponía un retroceso en derechos laborales.
Diez años más tarde, cuando el Gobierno aprobó una nueva reforma laboral acordada con sindicatos y organizaciones empresariales para reducir la temporalidad y favorecer la contratación indefinida, el Partido Popular votó en contra. Sin embargo, los datos posteriores mostraron una importante reducción de la temporalidad y un aumento de la contratación indefinida. Con el tiempo, el propio Alberto Núñez Feijóo afirmó que no derogaría esa reforma si llegaba al Gobierno.
Algo parecido ocurrió con las subidas del Salario Mínimo Interprofesional. Durante años se advirtió que incrementar el salario mínimo destruiría empleo, provocaría cierres de empresas y frenaría la economía. Sin embargo, mientras el SMI aumentaba de forma progresiva, España registró cifras históricas de afiliación a la Seguridad Social, redujo notablemente la temporalidad y creó cientos de miles de puestos de trabajo. Eso no significa que todas las empresas se vieran beneficiadas por igual ni que desaparecieran los problemas del mercado laboral, pero sí demuestra que las consecuencias anunciadas no se materializaron en la magnitud que algunos preveían.
Tampoco se cumplieron los augurios más pesimistas sobre la economía española. Durante los últimos años, España ha figurado entre las economías con mayor crecimiento de la eurozona y ha liderado la creación de empleo entre las grandes economías europeas en distintos periodos. Persisten retos importantes como la productividad, el acceso a la vivienda, los salarios de muchos jóvenes o el elevado coste de la vida, pero el escenario de colapso económico anunciado por algunos sectores no llegó a producirse.
Precisamente por eso cuesta entender que la solución propuesta ahora vuelva a recaer sobre quienes trabajan. Si el problema es el fraude, persígase el fraude. Si el problema son los retrasos en la atención sanitaria, mejórese la sanidad. Si existen empresas con elevados índices de absentismo, analícense también las condiciones laborales, la prevención de riesgos o la salud mental en el trabajo. Lo que parece difícil de justificar es que la respuesta sea reducir los ingresos de una persona que acredita, mediante un parte médico, que no puede desempeñar su trabajo.
Esta propuesta también invita a reflexionar sobre el futuro. Si estas son algunas de las medidas que el Partido Popular plantea desde la oposición, es legítimo preguntarse cuál sería su agenda laboral si gobernara y necesitara el apoyo de Vox para formar una mayoría parlamentaria. Cada ciudadano tendrá su propia respuesta, pero la pregunta merece ser formulada.
Al mismo tiempo, tampoco puede ignorarse el contexto político en el que vivimos. Muchas personas muestran una profunda preocupación por los casos de corrupción que afectan a distintos partidos, por la crispación permanente o por la dependencia parlamentaria del Gobierno respecto a otras formaciones para sacar adelante sus leyes. Es comprensible que haya ciudadanos desencantados y que decidir el voto resulte cada vez más difícil.
Ese desencanto, sin embargo, no debería impedir analizar con serenidad las propuestas concretas de quienes aspiran a gobernar. Más allá de los eslóganes y de las campañas electorales, lo verdaderamente importante son las decisiones que después afectan a la vida cotidiana de millones de personas.
En ocasiones es realmente complicado decidir el voto. El panorama político español, marcado por investigaciones judiciales, casos de corrupción, enfrentamientos constantes y una creciente desconfianza ciudadana, no facilita precisamente esa decisión. Probablemente ningún partido sea capaz de representar plenamente las aspiraciones de todos los ciudadanos.
Pero también creo que hay momentos en los que conviene preguntarse qué modelo de país queremos construir. Uno donde, ante los problemas, la prioridad sea reforzar los derechos y combatir el fraude con mejores medios, o uno donde el primer recurso sea reducir la protección de quienes viven de su trabajo.
No tengo todas las respuestas ni creo que exista un partido perfecto. Pero sí tengo claro un principio: nunca votaré a quien considere que la mejor solución para afrontar las dificultades consiste en recortar derechos laborales o debilitar la protección de quienes más dependen de su salario.
Al fin y al cabo, votar no consiste solo en elegir un gobierno. Consiste en decidir qué tipo de sociedad queremos dejar a quienes vienen detrás.




























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