La Guancha, 50 años después

La Guancha, desde donde mi memoria alcanza

Recuerdos de infancia y juventud en torno a uno de los yacimientos arqueológicos más emblemáticos de Canarias, marcado por el paso del tiempo y la falta de reconocimiento institucional.

Francisco Bolaños Díaz Viernes, 10 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Paco Bolaños en una imagen con fondo de La Guancha 1976 en una imagen de Paco Rivero.Paco Bolaños en una imagen con fondo de La Guancha 1976 en una imagen de Paco Rivero.

La primera vez que recuerdo haber tenido contacto con la Necrópolis de la Guancha, fue durante el rodaje de la famosa película Tirma, sería por el año 53 o 54, tendría yo unos 9 o 10 años. Allá nos fuimos la pandilla de amigos de la escuela, por supuesto sin pasar antes por las casas a pedir permiso, que seguramente nos hubieran negado, ya que El Agujero, en aquel entonces, sonaba muy lejos y peligroso. Las imágenes que siguen en mi memoria son las de la preparación del escenario para el rodaje. Recuerdo que pintaron de negro un árbol seco y bastante grande, situado a unos 20 o 30 metros del túmulo principal. Los chiquillos, agazapados tras uno de los ondulamientos del terreno, observábamos la operación de pintado a pistola que por aquel tiempo era una novedad para nosotros. El disgusto nos llegó al salir del escondite y darnos cuenta del chispeo negro que cubría caras y ropa, gracias a la dirección del viento que no habíamos tenido en cuenta, ¡A ver cómo justificábamos ahora ante nuestras madres, que veníamos de la escuela! Otro de los detalles que me llamaron la atención en aquel decorado, fue la colocación de unos mojones de piedra, pintados de blanco, a ambos lados del camino que atravesaba el complejo en dirección a Caleta. Sobre ellos se había colocado unos rolos de platanera. Nos fuimos a nuestras casas preguntándonos para qué sería aquello. Nuestras dudas se aclararon en la tarde del día siguiente, que volvimos a escaparnos, pues la curiosidad podía más que las reprimendas. En la parte alta de cada rolo, unos mechones que se encendieron al atardecer, dieron un ambiente apropiado para acompañar al cortejo fúnebre preparado a lo lejos. Con el grito: ¡Acción! Se hizo el silencio y entre lamentos avanzó la comitiva llorando la muerte del guanarteme, que traían en parihuelas y depositaron en el centro del túmulo principal.

 

Otros memorables encuentros con “los túmulos”, que así los llamábamos, ocurrieron durante el bachiller, por el 57 más o menos. Por esa época empecé a frecuentar la playa con mis compañeros de curso, pasadas las fiestas de Santiago, nunca antes, tras haber aprobado las asignaturas y con las bendiciones maternas, pues ya era un galletón y miraba para el cañizo. El antiguo “pozo redondo”, había sufrido su primera ampliación, adoptando forma rectangular; poco después se convertiría en la piscina que hoy tenemos. Pues bien, nuestro balneario para cambiarnos el bañador eran los túmulos más cercanos a la playa. Si se terciaba, también “nos sacaban de algún apuro”.

 

Desde la escuela, empecé a intuir la importancia de aquellas piedras. Recuerdo una gran maqueta de la necrópolis que, bajo la dirección del maestro, construimos en la zona arbolada del recreo. Traíamos las piedras desde el barranco, cargando grandes cacharrones. Con los años me fui concienciando del valor patrimonial de La Guancha. Mucho alumnado que ha pasado por mis manos de profesor de plástica, recordará las visitas que hacíamos al lugar fuera del horario escolar, para ya en clase realizar levantamientos de las diferentes construcciones, tanto gráficos, como en maqueta.

 

Siendo la Necrópolis de la Guancha uno de los yacimientos más importantes de Canarias, todavía hoy no se le ha dado el valor y tratamiento adecuados. Es verdad que ya sus túmulos no se usan de balneario, pero las excavaciones en su superficie parecen no tener fin. Esperemos que la inauguración del nuevo centro de interpretación, tenga continuidad con una integral recuperación de esta joya arqueológica que tenemos en Gáldar.

 

Francisco Bolaños Díaz

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