Ventana folclórica, hoy con "La Traída de los Arcos de Arbejales"

La celebración, que cumple 75 años, reúne a los barrios de Teror en torno a la elaboración artesanal y el traslado simbólico de arcos, reforzando la identidad y los lazos comunitarios en Gran Canaria.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Jueves, 02 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

La Traída de los Arcos de Arbejales, en el municipio grancanario de Teror, constituye una de las manifestaciones más representativas de la cultura popular del norte de Gran Canaria. Integrada en las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús, esta celebración alcanza su 75.ª edición, consolidándose como un referente del patrimonio etnográfico insular y como una expresión viva de la memoria colectiva del barrio.

 

Su origen se encuentra estrechamente ligado a la vida agrícola tradicional de Arbejales y su entorno, así como a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, figura que ha articulado durante generaciones la dimensión religiosa y comunitaria del territorio. En este contexto, la fiesta surge como una forma de agradecer el final de las cosechas, celebrar la abundancia del campo y reforzar los vínculos sociales entre los distintos núcleos rurales. Especial relevancia tiene el entorno de Llano Roque, donde se encuentra el templo vinculado a esta devoción desde principios del siglo XX, punto de referencia espiritual para toda la zona.

 

A lo largo del tiempo, la Traída de los Arcos ha evolucionado sin perder su esencia original, manteniendo su carácter comunitario y su fuerte arraigo en las formas de vida tradicionales. La celebración se articula en torno a los distintos barrios participantes —Arbejales, Llano Roque, Lomontero, Ojero, El Faro, Cuesta Falcón, El Piquillo, Los Corrales, San Isidro y otros enclaves próximos— que conservan la costumbre de elaborar sus propios arcos como expresión de identidad y pertenencia.

 

Uno de los aspectos más significativos de esta tradición es la elaboración de los arcos, que constituye un auténtico proceso de creación colectiva. Estas estructuras se construyen artesanalmente utilizando materiales del entorno rural, principalmente ramas, varas, flores y frutos, a los que se añaden elementos decorativos que varían según la creatividad de cada grupo. El proceso de elaboración se convierte en un espacio de encuentro vecinal, donde se comparten conocimientos transmitidos de generación en generación, se refuerzan los lazos comunitarios y se mantiene viva una forma de trabajo basada en la colaboración y la ayuda mutua.

 

Cada arco es, en sí mismo, una obra efímera cargada de simbolismo. No solo representa la destreza artesanal de quienes lo elaboran, sino también la historia del barrio que lo construye. En ellos se refleja la identidad de cada comunidad, su relación con el territorio y su manera de entender la celebración como un acto colectivo.

 

El momento central de la fiesta es la Traída o traslado de los Arcos, que constituye una de las imágenes más emblemáticas del calendario festivo de Teror. Los arcos son transportados a pie desde el Cruce hasta el núcleo de Arbejales en un recorrido que se convierte en una auténtica manifestación de cultura popular. Durante el trayecto, los portadores avanzan con esfuerzo y orgullo, acompañados por el sonido de la música tradicional canaria, las parrandas y los cantos populares que envuelven todo el camino.

 

Este traslado no es únicamente un desplazamiento físico, sino una representación simbólica del esfuerzo colectivo. Cada paso refleja la implicación de los vecinos, la continuidad de una tradición que se transmite de generación en generación y la importancia del trabajo comunitario como base de la vida social del barrio. A lo largo del recorrido, el ambiente festivo se mezcla con la emoción, la convivencia y el reconocimiento a una costumbre que forma parte del imaginario colectivo de la zona.

 

En la 75.ª edición, la Traída de los Arcos reunió nuevamente a los distintos barrios participantes, que llevaron sus estructuras hasta el corazón de Arbejales en un ambiente marcado por la participación ciudadana y el arraigo cultural. La salida desde el Cruce estuvo acompañada por la Banda Isleña y la Banda Aborigen, cuyos repertorios tradicionales aportaron el acompañamiento sonoro característico de la celebración, reforzando el vínculo entre música, territorio y tradición.

 

Con la llegada de los Arcos al núcleo principal, tuvo lugar la tradicional Ofrenda al Sagrado Corazón de Jesús, uno de los momentos más significativos de la festividad. En este acto participaron los barrios de San Isidro, Lomontero-Ojero, Los Corrales, El Faro y Cuesta Falcón, El Piquillo y Llano Roque, que renovaron su compromiso colectivo con la tradición y con la identidad religiosa y cultural del pueblo. La ofrenda simboliza la continuidad de un vínculo histórico entre la comunidad y su devoción, reforzando el sentido de pertenencia compartido.

 

Desde una perspectiva etnográfica, la Traída de los Arcos puede entenderse como una expresión de patrimonio cultural inmaterial en la que confluyen múltiples dimensiones: la religiosa, la agrícola, la social y la festiva. Su continuidad a lo largo de 75 años evidencia la capacidad de la comunidad para preservar sus tradiciones y adaptarlas a los cambios del tiempo sin perder su esencia.

 

Más allá del acto festivo, esta tradición constituye un espacio de construcción de identidad colectiva. En ella se entrelazan la memoria de los mayores, la participación de las nuevas generaciones y el compromiso de los barrios por mantener vivas sus costumbres. La Traída de los Arcos no solo se celebra: se vive, se transmite y se recrea cada año como parte fundamental de la vida comunitaria.

 

La 75.ª Traída de los Arcos de Arbejales reafirma, en este sentido, su valor como una de las expresiones más completas del patrimonio popular de Teror, donde la cultura agrícola, la religiosidad y la cohesión social se funden en una misma celebración.

 

Setenta y cinco años después de su origen, los Arcos continúan recorriendo los caminos de Arbejales como símbolo de unión, identidad y continuidad histórica, recordando que las tradiciones solo permanecen vivas cuando un pueblo decide seguir caminándolas.

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