Entrevistas

La fuerza de voluntad tras la adversidad: la historia de superación de Rito Silva

“La gente respeta las zonas de aparcamiento para coches eléctricos, pero no las de movilidad reducida. Hay poca concienciación”

Zeneida Miranda Suárez Jueves, 02 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Rito SilvaRito Silva

Rito Silva nació en Sardina en el año 1960 y durante toda su vida se dedicó a la agricultura, la construcción y la venta. Futbolista y árbitro aficionado todo su mundo se volvió del revés cuando, con tan solo 57 años, le descubren un tumor en los vasos sanguíneos que iba hacia la médula, y que lo deja postrado en una cama, con una lesión medular.

 

Desde su casa en Los Quintanas, nos recibe para contarnos como es su día a día, cómo cambió su vida y para dar al mundo un mensaje de resiliencia porque, afirma, con voluntad, todo se puede superar.

 

¿Quién eras antes de la lesión y cómo describirías tu vida en este momento?

Me llamo Rito, nací en Sardina. Antes de la lesión trabajaba en la agricultura y durante muchos años estuve muy vinculado al deporte. Jugué al fútbol en diferentes equipos. Además, pasé 25 años arbitrando fútbol aficionado con el Ayuntamiento de Gáldar.

 

¿Cómo llegaste a tener una lesión medular?

Todo empezó por un tumor que se formó en los vasos sanguíneos que iban hacia la médula. El tumor empezó a presionar la médula a la altura de la vértebra dorsal 7 y eso me provocó la lesión medular. Estuve seis meses ingresado en la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital Insular de Gran Canaria. Todo ocurrió cuando tenía 57 años.

 

¿Cómo recuerdas el momento en el que recibiste el diagnóstico?

Fue en el Hospital Perpetuo Socorro. El doctor entró en la habitación junto a una enfermera y, cuando le pregunté si ya sabían lo que tenía después de todas las pruebas, me respondió que un tumor estaba presionando mi médula.

 

En ese instante sentí que el mundo se me venía encima. Después comprendí que no había otra opción que aceptar lo que me había pasado. Ese fue el primer paso para empezar a seguir adelante.

 

¿Cuáles fueron los mayores retos durante el proceso de adaptación?

El reto más difícil fue el emocional. Al principio atravesé una depresión y necesité la ayuda de un psicólogo. Gracias a él entendí que lo primero era aceptar mi nueva realidad para poder empezar a luchar.

 

Físicamente fueron meses muy duros. Pasé seis meses ingresado y, después, otros nueve meses asistiendo de lunes a viernes al Hospital Insular para hacer rehabilitación. Allí aprendí a desenvolverme de nuevo: subir y bajar de la cama, entrar en un coche, ducharme solo y recuperar poco a poco la movilidad mediante ejercicios y rehabilitación.

 

¿Quiénes fueron tu mayor apoyo?

Sin duda, mi familia fue el pilar más importante. También tuve el apoyo de muchísimos amigos.

 

Antes y después de la operación hubo más de 25 personas distintas que se turnaron para quedarse conmigo durante las noches. En aquel momento yo estaba completamente paralizado de cintura para abajo y necesitaba ayuda incluso para cambiar de postura.

 

En situaciones así descubres quién está realmente a tu lado.

 

¿Qué aprendiste sobre ti mismo?

Descubrí la fuerza de voluntad que tengo. Esa ha sido la clave para volver a ponerme de pie.

 

Hoy prácticamente no utilizo la silla de ruedas salvo para trayectos muy largos o cuando viajo. Tengo un gimnasio en casa y dedico entre cinco y seis horas diarias a hacer ejercicios de rehabilitación.

 

¿Has tenido que adaptar tu vivienda?

Sí. Tuve que adaptar prácticamente toda la casa: el baño, instalar barras de apoyo y realizar diferentes modificaciones para poder desenvolverme con autonomía.

 

¿Qué prejuicios sobre las personas con lesión medular te gustaría desmontar?

Muchas veces la gente nos mira con pena. Sin embargo, una persona con lesión medular puede seguir disfrutando de la vida.

 

Podemos viajar, coger un barco, subir a un avión, hacer deporte y realizar muchísimas actividades gracias a las ayudas y a la accesibilidad que existe hoy en día. Hay muchas más posibilidades de las que la gente imagina.

 

¿Cómo es un día normal en tu vida?

Cada mañana dedico varias horas a hacer rehabilitación en casa. Después descanso y por la tarde continúo entrenando.

 

También salgo a caminar con muletas y, durante el verano, voy con frecuencia a la playa de Agaete, que está adaptada. Allí puedo bañarme y nadar en el mar. Dentro del agua soy una persona más.

 

Mi objetivo ahora es seguir mejorando el equilibrio. No me pongo límites y continúo intentando avanzar cada día.

 

¿Qué barreras de accesibilidad siguen existiendo?

Una de las principales es la falta de respeto hacia las plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida. Veo que respetan las de coches eléctricos, paradas de taxis…pero las nuestras no.

 

También ocurre con los baños adaptados. Muchas personas no entienden que quienes los necesitamos podemos requerir ayuda en cualquier momento.

 

He podido comprobar que en Portugal existe una mayor concienciación. Allí respetan mucho más los espacios reservados y ayudan con naturalidad a las personas con movilidad reducida.

 

¿Qué mensaje le darías a alguien que acaba de sufrir una lesión medular?

Lo primero es apoyarse en la familia. Pasar de caminar con normalidad a sufrir una lesión medular supone un cambio enorme y el entorno es fundamental.

 

También recomendaría buscar ayuda psicológica desde el principio. Un buen psicólogo puede marcar la diferencia durante el proceso de aceptación.

 

¿Qué reflexión te gustaría transmitir a la sociedad?

Me gustaría concienciar especialmente a los jóvenes.

 

Hay que tener muchísimo cuidado al tirarse de cabeza en una piscina sin conocer la profundidad y también al conducir motos o coches. Durante los seis meses que estuve ingresado vi llegar a muchos jóvenes con lesiones medulares irreversibles provocadas por accidentes que podrían haberse evitado, chicos jóvenes conectados a respiradores de por vida.

 

Una lesión medular cambia la vida para siempre.

 

En mi caso tengo una lesión incompleta, lo que lo puede hacer más fácil. Los médicos me dijeron que probablemente no volvería a levantarme de la cama, pero, con muchísimo esfuerzo, rehabilitación y constancia, hoy camino con muletas y soy prácticamente autónomo.

 

Todo lo que he conseguido ha sido gracias a no dejar nunca de luchar.

 

Tras terminar nuestra charla con él, Rito hace especial hincapié en que quiere agradecer, nuevamente, a su familia y amigos que estuvieron a su lado en todo momento. Por lo que aprovecha el altavoz que supone esta entrevista en un medio como Infonorte Digital para decir alto y claro: “Gracias a todos”.

 

Zeneida Miranda Suárez

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