Cabalgando sobre las olas, Neptuno, el rey de los mares descubrió a Ceres, su cuarta esposa, en los brazos de Tritón, su primogénito, su hijo más querido. Estaban locamente enamorados y lo engañaban.
Neptuno montó en cólera.
Se enturbiaron los océanos y se levantaron torbellinos tornadizos que hicieron crujir las profundidades marinas.
Instantes después vino el castigo: Tritón fue convertido en estatua de piedra, de espaldas al mar, y Ceres fue desterrada y transformada en sirena.
No obstante, Neptuno les concedió un regalo: un segundo diario para verse, al atardecer, cuando el sol se refleja en el mar: ella salta sobre las olas emitiendo sus lamentos mientras él toca la caracola.
Texto: Quico Espino
Imagen: Ignacio A. Roque Lugo
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