Menos espectáculo político y más sensatez
Con el paso de los años he llegado a una conclusión que cada día tengo más clara: el populismo puede ser la ruina de cualquier proyecto, ya sea de carácter social, político o empresarial.
En una empresa es fácil entender los problemas que generan las falsas promesas. Si un director ofrece a sus trabajadores mejoras extraordinarias, que sabe que no podrá asumir, o a sus clientes servicios imposibles de prestar, durante un tiempo recibirá aplausos, un sinfín de elogios, será el centro de atención y de todas las miradas. Sin embargo, cuando llegue el momento de cumplir y la realidad económica se imponga, aparecerán la decepción, la pérdida de confianza y, en muchas ocasiones, el fracaso del proyecto. Una empresa no se sostiene sobre promesas; se sostiene sobre una gestión responsable.
En la política ocurre exactamente lo mismo. Prometer es relativamente sencillo. Gestionar es otra cosa muy distinta. Quien ha tenido responsabilidades públicas sabe que detrás de cada decisión existen leyes, informes técnicos, presupuestos, prioridades y procedimientos administrativos que no siempre permiten hacer todo aquello que nos gustaría.
La política necesita menos espectáculo y más gestión; menos promesas imposibles y más compromisos cumplidos; menos populismo y más responsabilidad. Porque gobernar no consiste en decir siempre lo que la ciudadanía quiere escuchar, sino en tener la honestidad de explicar lo que realmente se puede hacer y el compromiso de trabajar cada día para conseguirlo.
Por eso creo que, en una comunidad madura, las promesas por sí solas ya no son suficientes. La ciudadanía merece algo más que discursos bonitos o soluciones milagrosas. Merece dirigentes que hablen con sinceridad, que expliquen la realidad tal y como es y que no generen expectativas que después no podrán cumplir.
La historia reciente nos ha demostrado que algunos proyectos políticos han crecido al calor del descontento y del populismo, despertando grandes esperanzas con propuestas aparentemente sencillas para problemas muy complejos. Sin embargo, cuando llega el momento de gobernar, la realidad impone sus límites y la gestión exige mucho más que buenas intenciones. Es entonces cuando las expectativas no cumplidas pueden convertirse en frustración.
También en el ámbito local empiezo a observar esa tendencia. Hay quienes recorren nuestros barrios ofreciendo soluciones inmediatas para todo, como si gobernar consistiera únicamente en querer hacerlo. Pero la realidad es bien distinta. Gobernar exige conocimiento, responsabilidad, capacidad de diálogo y, sobre todo, respeto por la verdad. No siempre se puede hacer todo lo que uno desea, ni todo lo que otros reclaman, porque administrar recursos públicos implica tomar decisiones difíciles y establecer prioridades.
No escribo estas líneas para señalar a nadie. Al contrario, las comparto como una reflexión que también me hago a mí mismo. Quienes tenemos responsabilidades públicas debemos ser los primeros en actuar con prudencia, evitando prometer aquello que no depende de nosotros o que sabemos que difícilmente podrá hacerse realidad. La credibilidad de un político no se mide por la cantidad de promesas que hace, sino por la coherencia entre su palabra y sus hechos.
Estoy convencido de que nuestros vecinos y vecinas tienen criterio, experiencia y sentido común. La sociedad ha madurado y cada vez distingue mejor entre quien ofrece soluciones fáciles y quien trabaja, muchas veces de forma silenciosa, para resolver los problemas reales. La confianza ya no se gana con grandes discursos; se gana con transparencia, con trabajo diario, con cercanía y con resultados.
Al final, el tiempo siempre pone a cada uno en su lugar. Las promesas pueden conquistar titulares e incluso ganar elecciones, pero solo la gestión responsable, la palabra cumplida y el servicio público son capaces de mantener la confianza de la ciudadanía. Y esa confianza, una vez perdida, es mucho más difícil de recuperar que de conseguir.
Juan Jiménez Suárez
Concejal de Vías, Obras e Infraestructuras, Limpieza Viaria, Parques y Jardines
Ayuntamiento de Santa María de Guía






























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