Arucas reconoce a quienes hacen posible que nadie se quede atrás
El Ayuntamiento de Arucas ha celebrado un año más el acto de entrega de Honores y Distinciones de la Ciudad, una cita que trasciende el protocolo institucional para convertirse en un reconocimiento público a personas y colectivos que han contribuido de manera decisiva al desarrollo social, cultural y humano del municipio. Más allá de las medallas y los títulos honoríficos, este acto representa un agradecimiento colectivo a quienes, desde distintos ámbitos, trabajan por construir una sociedad más justa, solidaria y comprometida con las personas.
Los galardonados de esta edición reflejan la riqueza humana, cultural y social de Arucas. Sus trayectorias hablan de esfuerzo, dedicación, talento y servicio a los demás. Pero también nos recuerdan algo fundamental: que el verdadero progreso de una ciudad no se mide únicamente por sus infraestructuras o su crecimiento económico, sino por su capacidad para generar cohesión social, preservar su patrimonio cultural y reconocer a quienes trabajan cada día por el bien común.
Por eso, resulta especialmente significativo que entre los distinguidos ocupen un lugar destacado varios colectivos sociales cuya labor ejemplifica a la perfección el lema que debe inspirar toda acción pública y comunitaria: que ninguna persona se quede atrás. Porque detrás de cada proyecto social, de cada iniciativa de apoyo, de cada actividad de inclusión o de igualdad, hay personas que han decidido dedicar parte de su vida a mejorar la de los demás. Y ese compromiso merece no solo reconocimiento, sino también gratitud y admiración.
En una sociedad cada vez más compleja, donde los desafíos sociales requieren respuestas colectivas, reconocer el trabajo de quienes sostienen el tejido comunitario es una necesidad y también una responsabilidad. Las asociaciones, entidades sociales y colectivos ciudadanos representan uno de los motores que definen a una comunidad moderna, cohesionada y con conciencia. Son espacios donde la solidaridad deja de ser una idea para convertirse en acción; donde la empatía se transforma en acompañamiento; y donde la ciudadanía demuestra que el bienestar común es una tarea compartida.
El calado social de estas organizaciones no siempre aparece en las estadísticas ni ocupa grandes titulares, pero su impacto es profundo y duradero. Está presente en las familias que encuentran apoyo en momentos difíciles, en las personas que recuperan la confianza gracias a una mano tendida, en quienes descubren nuevas oportunidades de participación y en aquellos que dejan de sentirse solos porque alguien decidió escucharles. Reconocer esa labor es reconocer los valores que queremos para nuestra sociedad y reafirmar el modelo de comunidad que aspiramos a construir.
Entre todos los reconocimientos concedidos por el Ayuntamiento de Arucas, hay tres distinciones que trascienden los méritos individuales para adentrarse en algo mucho más profundo: el valor de quienes han dedicado años de su vida a cuidar, acompañar y dar voz a quienes más lo necesitan. Las asociaciones Mi Hijo y Yo, Maresía y Tanit representan la mejor expresión de una sociedad que entiende que el progreso solo tiene sentido cuando alcanza a todas las personas.
La historia de Mi Hijo y Yo es la historia de muchas familias que, frente a la incertidumbre, decidieron unirse para transformar la soledad en apoyo mutuo. Donde antes había dudas, encontraron comprensión; donde existían barreras, construyeron oportunidades. Su labor ha permitido que niños y niñas con trastorno del espectro autista y sus familias se sientan acompañados, escuchados y reconocidos. Han demostrado que la inclusión no es un concepto abstracto, sino una tarea diaria que nace de la empatía y del compromiso con los demás.
Por su parte, Maresía ha tejido durante años una red humana de solidaridad, participación y crecimiento colectivo. Su trabajo ha contribuido a que muchas mujeres encuentren espacios para compartir experiencias, formarse, fortalecer su autoestima y participar activamente en la vida social de su entorno. Detrás de cada actividad organizada, de cada encuentro y de cada proyecto impulsado, existe una convicción profunda: que nadie debe sentirse invisible ni excluido de la comunidad a la que pertenece.
Esa misma filosofía ha guiado la trayectoria de Tanit, una asociación que ha convertido la igualdad en una herramienta de transformación social. Su trabajo constante ha ayudado a abrir caminos para muchas mujeres, promoviendo oportunidades, derechos y participación. Pero, sobre todo, ha contribuido a construir una sociedad más consciente de que la igualdad no beneficia únicamente a las mujeres, sino que fortalece a toda la comunidad.
Lo que une a estos tres colectivos no es solo la naturaleza de su trabajo, sino la enorme dimensión humana de su compromiso. Son entidades que han sabido escuchar cuando otros no escuchaban, acompañar cuando más falta hacía y tender la mano allí donde existían dificultades. Han estado cerca de las personas en momentos decisivos de sus vidas, ofreciendo apoyo, esperanza y dignidad.
Por eso, estas Medallas de Oro no solo reconocen trayectorias ejemplares; reconocen valores. Reconocen la generosidad de quienes dedican tiempo y esfuerzo a los demás sin esperar nada a cambio. Reconocen la fuerza de la solidaridad organizada y el papel imprescindible del movimiento asociativo en la construcción de una sociedad más justa.
El alcalde de Arucas, Juan Jesús Facundo, quiso también dotar al acto de un componente especialmente simbólico al evocar la palabra poética de Domingo Rivero, cuya obra sigue siendo una de las expresiones más profundas de la sensibilidad canaria. La lectura de uno de sus poemas añadió una dimensión reflexiva al reconocimiento institucional, recordando que la verdadera huella no siempre se mide en logros visibles, sino en lo que permanece en la memoria y en la vida de los demás.
En ese sentido, los versos de Rivero resonaron con especial significado en el contexto del acto, al aludir a una forma de entender la vida y el legado profundamente conectada con el espíritu de estos reconocimientos: la idea de que el verdadero valor de una persona no reside en la fama ni en la gloria, sino en el rastro humano que deja en su entorno y en quienes le rodean.
“Nunca aspiré a la gloria ni me atrajo
de la fama el estruendo…”
Una poesía sobria, íntima y profundamente humana que enlaza con el sentido más esencial de estos Honores y Distinciones: la huella silenciosa de quienes, sin buscar protagonismo, construyen comunidad, acompañan vidas y contribuyen a que una sociedad sea un poco mejor.
Quiero trasladar mi más sincera felicitación a todos los galardonados y galardonadas de esta edición de los Honores y Distinciones de Arucas. Cada reconocimiento encierra una historia de esfuerzo, dedicación y compromiso con la sociedad. Todos ellos, desde ámbitos muy diferentes, han contribuido a mejorar la vida de muchas personas y a enriquecer el patrimonio humano, cultural y social del municipio.
Y permítanme una mención especial a Los Cabuqueros, con quienes he tenido la fortuna de mantener una estrecha amistad a través del folclore. Esa vinculación me ha permitido conocer de cerca su calidad humana, su compromiso con las tradiciones y el enorme trabajo realizado durante años para preservar y difundir la cultura popular canaria. Su reconocimiento constituye un merecido homenaje a quienes entienden que la cultura es también una forma de servicio a la comunidad y un puente entre generaciones.
Las distinciones concedidas este año reflejan una realidad que merece ser puesta en valor: las sociedades más avanzadas no son únicamente aquellas que generan riqueza o desarrollan infraestructuras, sino las que son capaces de reconocer y fortalecer el capital humano que las sostiene. El movimiento asociativo, la cultura, la educación, la acción social y el compromiso ciudadano son pilares esenciales de cualquier comunidad moderna y con conciencia.
Reconocer públicamente a quienes dedican su tiempo y esfuerzo a mejorar la vida de los demás no es un gesto simbólico; es una declaración de principios. Es afirmar que la solidaridad, la igualdad, la inclusión y la participación siguen siendo valores fundamentales para construir una sociedad más cohesionada.
Por eso, el verdadero significado de estos Honores y Distinciones va mucho más allá de una ceremonia. Representan el agradecimiento colectivo a quienes, muchas veces desde la discreción y el anonimato, contribuyen a hacer del mundo un lugar mejor. Y nos recuerdan que una comunidad crece de verdad cuando es capaz de cuidar de las personas y garantizar que, efectivamente, nadie se queda atrás.
Moisés Rodríguez Gutiérrez





























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