Prevenir las adicciones exige algo más que un stand informativo
Gáldar se suma estos días al Día Mundial sin Drogas con un stand informativo en La Recova, dentro del trabajo del Instituto Municipal de Toxicomanías para promover la salud y prevenir las adicciones.
La iniciativa es positiva. Informar siempre es necesario. Acercar recursos a la ciudadanía, hablar de prevención en un espacio público y recordar que las adicciones siguen estando presentes en nuestra sociedad es una tarea importante.
Pero debemos decirlo con claridad: informar no basta.
Un folleto puede abrir una conversación, pero no puede sustituir una política pública sostenida. Una mesa informativa puede llamar la atención durante unas horas, pero no puede cargar sola con un problema que se construye durante meses o años en la vida de una persona.
Las adicciones no aparecen en el vacío.
Muchas veces crecen donde hay soledad, ansiedad, fracaso escolar, desempleo, falta de expectativas, dolor emocional, presión social, problemas familiares o ausencia de espacios saludables de ocio. A veces empiezan como una forma de pertenecer a un grupo. Otras, como una manera de olvidar. Otras, simplemente, como una conducta aparentemente inofensiva que poco a poco ocupa demasiado espacio.
Por eso la prevención no puede limitarse a repartir folletos o colocar una mesa informativa en una fecha señalada.
Debe empezar mucho antes.
Empieza en los colegios, cuando se enseña a pedir ayuda sin vergüenza. Empieza en las familias, cuando se escucha antes de castigar. Empieza en los clubes deportivos, cuando un entrenador detecta que un joven ha cambiado su comportamiento. Empieza en los barrios, cuando existen alternativas de ocio, cultura, deporte y convivencia. Empieza en los servicios sociales, cuando una familia recibe acompañamiento antes de romperse.
La prevención real no se hace únicamente hablando de drogas. Se hace construyendo vidas con más apoyo, más autoestima y más horizonte.
También debemos ampliar la mirada.
Cuando hablamos de adicciones, todavía pensamos casi automáticamente en sustancias: alcohol, cannabis, cocaína u otras drogas. Pero hoy existen otras dependencias que afectan a muchas personas y que no siempre reciben la misma atención social: apuestas deportivas, juego online, pantallas, redes sociales, pornografía, compras compulsivas, consumo de medicamentos sin control o uso del móvil como refugio emocional.
Una política de prevención moderna debe hablar el lenguaje de su tiempo.
No basta con repetir mensajes antiguos a jóvenes que viven en un mundo completamente distinto al de sus padres. Hoy un adolescente puede apostar desde un teléfono, compararse constantemente en redes sociales, recibir estímulos permanentes y encontrar evasión sin salir de su habitación.
La adicción ya no siempre está en una esquina oscura. A veces está en la palma de la mano.
Esto exige prevención, pero también exige valentía social. Nos escandalizamos cuando un joven cae en una adicción, pero vivimos rodeados de mensajes que asocian consumo, éxito, diversión y evasión. Criticamos el juego, pero aceptamos su publicidad. Pedimos autocontrol a los adolescentes, pero muchos adultos viven atrapados en las pantallas. Hablamos de salud mental, pero seguimos tratando el sufrimiento como una debilidad.
La autocrítica es imprescindible.
No podemos pedir a los jóvenes que sean fuertes mientras les ofrecemos una sociedad llena de ansiedad, precariedad y soledad. No podemos exigir responsabilidad individual sin preguntarnos qué tipo de entornos estamos creando.
También las familias necesitan ayuda. Muchas veces llegan tarde, cuando el problema ya se ha hecho grande. No por falta de amor, sino por falta de herramientas. Hay madres y padres que no saben distinguir entre una etapa difícil y una señal de alarma. Otros sienten vergüenza, niegan la situación o reaccionan únicamente con castigo.
Pero una adicción no se resuelve con gritos.
Tampoco con silencio.
Se necesita escucha, orientación profesional, límites claros, paciencia y acompañamiento. Y para eso las familias no pueden estar solas.
Los municipios tienen aquí un papel esencial. Gáldar cuenta con una trayectoria importante en prevención y atención a las toxicomanías, pero el desafío debe ser compartido por toda la comarca. La Mancomunidad del Norte podría coordinar campañas comarcales sobre salud emocional, uso responsable de tecnologías, prevención del juego, apoyo a familias y formación para profesionales.
Muchos municipios pequeños no tienen recursos suficientes para abordar solos estas realidades. Pero juntos podrían crear una red más fuerte.
La prevención no entiende de límites municipales. Un joven puede vivir en Guía, estudiar en Gáldar, salir en Arucas y tener amistades en Agaete. La vida real se mueve por toda la comarca. Las políticas públicas también deberían hacerlo.
Además, la prevención debe dejar de mirar a los jóvenes como sospechosos.
Hay que escucharlos.
Preguntarles qué les preocupa, qué sienten, qué espacios necesitan, qué miedos tienen y qué formas de ocio les interesan. Muchas campañas fracasan porque hablan a la juventud sin hablar con la juventud.
Un cartel puede decir “no consumas”. Pero quizá un joven necesita escuchar otra cosa: “no estás solo”, “puedes pedir ayuda”, “tu vida vale más que este momento”, “hay una salida antes de tocar fondo”.
La prevención también debe llegar al deporte, a la cultura, a la música, a las redes sociales, a los institutos, a los barrios y a las familias. Debe ser cercana, constante y creíble.
No sirve asustar una vez al año. No sirve moralizar desde arriba. No sirve señalar con el dedo a quien ya sufre.
La adicción no debe tratarse como una vergüenza pública, sino como un problema humano, sanitario y social.
Eso no significa negar la responsabilidad personal. Toda persona debe responder por sus decisiones. Pero una sociedad madura entiende que no todas las personas parten del mismo lugar ni disponen de las mismas herramientas para salir adelante.
Por eso la prevención exige información, sí. Pero también exige oportunidades, vínculos y acompañamiento.
Exige empleo, deporte, ocio sano, salud mental, familias apoyadas, barrios vivos y profesionales suficientes.
Exige mirar más allá del síntoma.
Una mesa informativa puede ser el inicio de una conversación. Puede acercar recursos, romper tabúes y recordar que pedir ayuda no es fracasar.
Pero lo importante es que esa conversación no termine cuando se recoge el stand.
Porque las adicciones no descansan al día siguiente.
Y la prevención tampoco debería hacerlo.
Vidal Bolaños




























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