La industria de la queja: cuando todo es escándalo, nada lo es

Juan Reyes González

[Img #5587]En Gáldar hay crítica puntual y hay crítica sistemática: la primera fiscaliza y la segunda anestesia; y un vecino anestesiado es un vecino que no vigila cuando de verdad toca.

 

A mi juicio, hay dos formas de hacer oposición en un mismo pueblo; y es que en cualquier democracia sana, el gobierno propone y la oposición fiscaliza. En Gáldar, a mi modo de ver, eso ocurre con frecuencia; pero no todas las fiscalizaciones son iguales: por un lado, está la crítica puntual, que es la que señala el bache en la calle, la farola fundida, el retraso en una obra, etc; eso duele, pero construye; porque el gobierno municipal se defiende, explica y corrige; y el vecino gana porque el problema se ve y se soluciona. Este tipo de crítica, es sin duda alguna, el motor del Ayuntamiento. Y por otro lado, está la crítica sistemática, que es la que convierte cada actuación del grupo de gobierno; sea acertada, mejorable o simplemente administrativa, en titular de escándalo. El tono no cambia, si se inaugura un parque o si se retrasa un expediente. Todo es “desastre”, “caos” y “vergüenza”. Y la diferencia no está en el derecho a criticar, porque ese derecho es sagrado; la diferencia está en la frecuencia y en el filtro; uno alterna luces y sombras y el otro solo ve sombras, o lo que cree que son sombras; y cuando la sombra es permanente, el ojo se acostumbra a la oscuridad.

 

Tengo claro, que un artículo de opinión debe incomodar y de hecho incomoda; y también, que entre otras cosas, está para eso; pero, el ejercicio normal de la opinión alterna: hoy criticas la gestión de la basura, mañana reconoces que “Gáldar en Flor” funciona. Señalas el error, pero también ves el acierto. Lo que se aleja de la normalidad es otra cosa: la continuidad de la denuncia como único relato; semana tras semana, mes tras mes, el mismo actor, el mismo tono, el mismo adversario.

 

Eso, a mi juicio, deja de ser periodismo de opinión y se convierte en activismo de denuncia o en periodismo de oposición; lo que no quita, para que sea legal, legítimo y pura estrategia política. Pero es importante llamarla por su nombre, para que el lector sepa qué está leyendo; si se trata de un análisis o de un panfleto de campaña.

 

Porque, el problema no es que se critique al grupo de gobierno actual de Gáldar; el problema sería que no se le criticara; el problema es el filtro: cuando el único objetivo del que critica, es demostrar que “todo lo que hacen está mal”, dejará de informar y empezará a confirmar. Y confirmar no es informar.

 

Lo que llamamos “el efecto lobo”, es el mayor daño a la fiscalización. La fábula de Esopo no falla nunca. El pastor que gritaba “¡que viene el lobo!” todos los días para divertirse, el día que vino de verdad, nadie le creyó. Eso mismo pasa generalmente en política y en particular, en la municipal; y ese “efecto lobo”, es el mayor daño que la crítica sistemática le hace a la propia oposición. Si cada actuación del grupo de gobierno es peor que la precedente, ¿qué palabras les quedan para el día que de verdad haya una negligencia grave? Anestesian al vecino, lo saturan; y un vecino saturado deja de leer, deja de ir a los Plenos, deja de preguntar. Y cuando el vecino deja de vigilar, el gobierno, sea del color que sea, tiene más margen para equivocarse; y paradójicamente, la crítica permanente, acaba protegiendo al gobierno que dice detestar; porque le quita la lupa al ciudadano justo, cuando más se necesita.

 

Lo que, a mi juicio, necesita Gáldar, es contrapeso, pero el contrapeso, no puede ser solo ruido; porque un contrapeso de verdad pesa, mide y propone alternativa. Reconoce cuando el gobierno acierta, porque si no el vecino piensa: “éste, solo critica por sistema; no porque le importe Gáldar”. Y en ese momento pierde autoridad moral; y sin autoridad moral, las denuncias, no pesan. El vecino de Gáldar no es tonto; el vecino de Gáldar lleva años viendo Plenos por Televisiones locales, leyendo actas, preguntando en el mercado. Sabe diferenciar entre un retraso administrativo normal y una chapuza. Sabe cuándo una crítica es para mejorar el pueblo y cuándo es para desgastar al rival. Lo que el vecino pide es coherencia. Pide que si hoy se denuncia la falta de limpieza en San Isidro, mañana también se reconozca si la limpieza mejora. Pide que la vara de medir sea la misma para todos los gobiernos municipales, porque si la vara cambia según el color del bastón de mando, entonces el vecino entiende una cosa: aquí no se defiende Gáldar; aquí se defiende un partido. Y cuando la defensa es de partido, el pueblo queda en segundo plano.

 

Al final, la pregunta no es, si el grupo de gobierno de Gáldar lo hace todo bien. Que no lo hace, sin duda alguna, entre otras cosas, porque ningún gobierno lo hace. La pregunta es otra: ¿Queremos una oposición que grite todos los días para que el gobierno baje la guardia? ¿O queremos una oposición que elija bien sus batallas para que cuando grite, el pueblo entero mire?

 

La industria de la queja vende y da protagonismo; pero no soluciona baches, ni abre guarderías, ni mucho menos, crea empleo. Y Gáldar está para solucionar; no vale solo con denunciar cada día en prensa, si luego no hay propuestas alternativas, ni nada de nada. Por eso este artículo no va contra nadie. Va a favor de todos. A favor de un gobierno que acepte la crítica sin ponerse a la defensiva. Y a favor de una oposición que critique sin anestesiar.

 

Juan Reyes González

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