Más allá del confeti: un "Orgullo" para toda Gáldar

El eco de Amagro

[Img #40965]Este fin de semana, las calles del casco de Gáldar se han llenado de música, color y celebración. Nadie puede negar que la visibilidad del colectivo LGTBIQ+ es un logro que debemos aplaudir y proteger. Sin embargo, cuando las luces de la fiesta se apagan y miramos el despliegue con un poco de perspectiva, es inevitable preguntarse si el verdadero espíritu de la reivindicación no se nos está quedando diluido entre el confeti y las grandes producciones masivas al puro estilo de Maspalomas.
 
Celebrar está bien, por supuesto. El reconocimiento a través de los premios Arcoíris es un paso necesario. Pero un Orgullo con identidad galdense no debería limitarse a importar un modelo de macrofiesta. Resulta especialmente contradictorio viniendo de la gestión del grupo de gobierno actual —con el Bloque Nacionalista Rural y Primero Canarias al frente—, una formación que históricamente ha hecho bandera del nacionalismo y de ese lema fundacional de poner "primero al canario". Sin embargo, a la hora de la verdad, se ha apostado por un escaparate con un gasto desorbitado para fichar a un cartel de actores, actrices y presentadores que vienen de fuera de nuestras islas, ignorando el talento de nuestra propia gente. Pero lo más grave es que este despliegue de dinero público contrasta con una alarmante falta de compromiso institucional real: en todo el fin de semana no se ha programado ni un solo acto oficial para la lectura de un manifiesto, ni tampoco se ha visto ondear la bandera LGTBIQ+ en el balcón de las Casas Consistoriales. Mucho confeti de cara a la galería, pero los símbolos de respeto y los compromisos políticos firmes se quedaron guardados en un cajón.
 
El colectivo LGTBIQ+ es diversidad, pero también es memoria, es lucha y es cultura.
 
Reivindicar el Orgullo en el norte de Gran Canaria tendría que ser una oportunidad de oro para dinamizar alternativas que vayan más allá de la plaza y la verbena: el teatro, la literatura, las mesas redondas y las artes plásticas son espacios donde el colectivo no solo está presente, sino donde históricamente ha encontrado su voz más transformadora y necesaria.
 
A esto se suma una contradicción que los vecinos y vecinas de este municipio no podemos obviar: el excesivo gasto que suponen estos macroeventos, concentrados de forma casi obsesiva en el casco urbano. Mientras el centro se convierte en un plató de festival, la periferia observa desde la distancia. Gáldar no termina donde acaban las piedras de la Plaza de Santiago; Gáldar son sus barrios, y son precisamente ellos los que a menudo
quedan en el olvido institucional, desconectados de las grandes inversiones.
 
El ejemplo más claro lo hemos vivido este mismo fin de semana en el Puerto de Sardina.
 
Sus vecinos y visitantes se han topado con carreteras cortadas y un caos circulatorio que ha dejado a la comunidad prácticamente aislada, impidiendo el disfrute normal de nuestra playa. Y todo, ¿para qué? Para acelerar a contrarreloj unas obras con un único fin: tener listo otro gran escenario el próximo 23 de junio. Una maniobra que parece buscar, más que el bienestar vecinal, el encuadre perfecto para que el grupo de gobierno pueda seguir sacándose la foto de cara a la galería en la noche de San Juan, a costa del trastorno diario
del barrio.
 
Ante este panorama, nos encontramos en una situación de total desamparo político. Los galdenses carecemos de una alternativa real en el ayuntamiento que ponga freno a estos desmanes, que exija una gestión equilibrada o que fiscalice el destino de nuestros recursos públicos; porque en este municipio, a la oposición ni está... ni se la espera.
 
El Orgullo debe defender los derechos de todos y todas, pero la verdadera visibilidad no se logra a base de talonario y macroeventos que replican miméticamente lo que ya se hace en Madrid o en Maspalomas. Gáldar tiene potencial de sobra para ser pionera, para diseñar una alternativa real, nueva y original que entienda la diversidad desde la cultura y el respeto a nuestra identidad. Queremos celebrar el Orgullo, claro que sí, pero un Orgullo valiente que se atreva a salir del casco histórico, que llene de vida y actividades los barrios de cumbre a costa, y que demuestre que la inclusión no es una postal de fin de semana para las redes sociales, sino un compromiso diario con todo el municipio.
 
**El eco de Amagro**
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