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La presentación de la Gala Queen of Queens del Gáldar Pride 2026 vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo espacios de reivindicación o simplemente reproduciendo un modelo festivo que se repite una y otra vez?
El programa anunciado reúne actuaciones musicales, DJs, espectáculos drag y figuras mediáticas. Nadie discute el valor cultural de estas expresiones ni su importancia histórica dentro del movimiento LGTBIQ+. El problema surge cuando la celebración acaba ocupando todo el espacio y la reivindicación desaparece del debate público.
Muchos ciudadanos tienen la sensación de asistir a un "Carnaval 2.0" trasladado al mes de junio. Cambian las fechas, cambian algunos protagonistas, pero el modelo parece idéntico: escenario, música, fiesta, consumo y espectáculo. Mientras tanto, las cuestiones que siguen afectando a miles de personas LGTBIQ+ quedan relegadas a un segundo plano.
La pregunta que debería hacerse cualquier administración pública es sencilla: ¿qué legado deja un Pride cuando se apagan los focos?
Porque la realidad del colectivo en los entornos rurales de Canarias dista mucho de la imagen festiva que se proyecta desde los escenarios. Todavía existen jóvenes que ocultan su orientación sexual por miedo al rechazo familiar o social. Todavía hay personas trans que encuentran dificultades para acceder a servicios especializados. Todavía existen situaciones de discriminación silenciosa que rara vez ocupan titulares.
En municipios alejados de las grandes capitales, el trabajo pendiente es enorme. Hace falta educación afectivo-sexual en los centros educativos. Hace falta formación específica para personal municipal, sanitario y educativo. Hace falta apoyo psicológico accesible. Hace falta visibilización permanente y no únicamente durante una semana de eventos.
También hace falta algo tan básico como la señalización institucional. La visibilidad no consiste únicamente en colocar una bandera durante unos días al año. Consiste en transmitir de manera constante que las personas LGTBIQ+ forman parte de la comunidad y que cuentan con el respaldo de las instituciones. Espacios seguros identificados, campañas de sensibilización, recursos informativos visibles y presencia permanente del compromiso municipal son herramientas mucho más transformadoras que cualquier espectáculo puntual.
Resulta llamativo que muchas administraciones destinen grandes esfuerzos a la programación de eventos mientras apenas se conocen planes concretos para combatir la discriminación, apoyar a las asociaciones locales o impulsar proyectos educativos de largo recorrido. La fiesta genera fotografías. La transformación social exige trabajo constante.
La cuestión no es estar en contra de la música, de las galas o de las actuaciones drag. Sería absurdo negar que la celebración forma parte de la historia del movimiento LGTBIQ+ y que ha sido una herramienta de resistencia y visibilidad. La cuestión es preguntarse si el equilibrio actual es el adecuado.
Un Pride no debería medirse por el número de artistas contratados ni por la potencia del sonido. Debería medirse por su capacidad para mejorar la vida de quienes siguen sintiendo miedo, aislamiento o discriminación.
Si mañana desaparecieran los conciertos, los escenarios y el alcohol, ¿seguiría existiendo una movilización ciudadana capaz de llenar las calles para reclamar igualdad, respeto y derechos? Esa es la pregunta que debería preocupar a cualquier institución.
Porque cuando la reivindicación se convierte únicamente en entretenimiento, el riesgo es evidente: que la sociedad termine asociando al colectivo exclusivamente con la fiesta, perpetuando estereotipos que durante décadas se ha intentado combatir.
Gáldar tiene la oportunidad de liderar un modelo diferente para Canarias. Un modelo donde la celebración y la reivindicación convivan, pero donde la segunda no quede eclipsada por la primera. Un modelo que mire especialmente hacia los entornos rurales, donde la visibilidad sigue siendo una necesidad cotidiana y no un espectáculo de una noche.
Las luces se apagarán. La música terminará. La pregunta es qué quedará después.
Guayarmina Guanarteme
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