Entre zafras tomateras de El Tablero y Darwin como nombre
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Para F.C.A., hijo de aparceros
Echar serenas miradas al pasado, estimado lector, es una actividad imprescindible. No ya sólo para recordar acontecimientos históricos como el listado de los reyes godos sino, y fundamentalmente, para evitar recaídas que impliquen retrocesos, mermas de libertades, involuciones...
Pero a pesar de las experiencias adquiridas sigue vigente una gran verdad: el hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Lo cual, traducido al román paladino por el Centro Virtual Cervantes, significa que “No siempre sabe discernir conforme a la razón […], no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante”.
Aceptado el planteamiento anterior, caben dos preguntas. Una: ¿podría hoy aplicarse tal afirmación a la actividad conocida como “la zafra” en Canarias durante el siglo XX? (Le adelanto, estimado lector, que vale hablar de explotación casi esclavista, por ejemplo, en el Norte -Gáldar, Moya...- y Sur de Gran Canaria, Fuerteventura…)
La segunda gira en torno a la obsesión eclesial (Diócesis de Canarias, siglos XIX, XX) frente al enunciado de Darwin sobre la evolución. Recordemos que, según sus experiencias y estudios, todos los seres vivos proceden de un antepasado cuya transformación en el tiempo y la selección natural dieron lugar al actual ser humano. (No es que el hombre procede del mono, errónea apreciación: ambos son productos de los cambios y transformaciones experimentados, eso sí, por un ascendiente común.) Veamos, pues.
Zafras tomatera y pesquera. El arabismo zafra (safrah’) también figura (Diccionario RAE) como ‘...viaje que hacían los temporeros en época de recolección’. El nuestro (Academia Canaria de la Lengua) apunta: ‘Temporada en que se cosecha algún producto agrícola […] o se pesca alguna especie marina […]’. Y ambas recolecciones formaron parte de la cotidianidad insular: Tenerife, islas orientales... cultivaron tomates, fundamentalmente con destino a Londres, La Haya, Dieppe… Y pescadores grancanarios, majoreros, conejeros... faenaron por el ayer banco canario-sajarahui.
Las dos actividades recibieron la atención de SANSOFÉ, revista editada en LPGC (1969-1972), definida por la dictadura franquista como “...frente ideológico en el que se postula desde el autonomismo canario hasta la concienciación comunista de la sociedad y, en particular, de los obreros”. Como tal semanario de compromiso social (clausurado por el fascismo), da fe de barbaries opresoras contra marineros, aparceros y aparceras, condenadas estas a llevar las tareas del hogar en míseras cuarterías (casetas sin retrete, sin habitaciones…). Además, trabajan también en los tomateros y cuidan a sus hijos desde las primeras albas (incluye domingos y festivos) hasta las últimas luces, sin Seguridad Social ni mínimas consideraciones laborales y humanas.
Sí, explotación humana, yugo y servidumbre… ante el silencio de empresas privadas o colectivas más interesadas en el poder económico y político que en el servicio a la justicia social… salvo alguna que otra parroquia directamente involucrada en la lucha contra tales feudalismos: valga la de San Gregorio de Telde, tal como recoge el periódico LA PROVINCIA, 1969. (Por cierto: ¿recuerda usted, lector, el programa de Asamblea Canaria, asociación que consiguió las alcaldías de Santa Lucía de Tirajana y Telde -1983- por mayoría absoluta?)
Así pues, la zafra fue sombra, explotación, deshumanización. Este mes, como desde 1999, el pueblo de El Tablero (San Bartolomé de Tirajana) celebra su Feria de La Zafra. Recuperó y mantiene enhiesto algo que lo identifica entre sus habitantes, “la soberanía alimentaria”, tal como la definen (CANARIAS7): “La zafra no es algo que se pierde en el tiempo, sino una actividad bastante reciente que fue fundamental para el origen de El Tablero”. Pero quizás faltó mayor reconocimiento: los aparceros no gozaron, precisamente, de protección ante abusos, engaños, injusticias, atropellos… Lo aprendí en Gáldar, “magistral” lección para un pollillo interesado. (Por cierto: ¿no ocurre algo parecido con migrantes sin papeles?)
La misma deshumanización con visos de esclavitud machacó a pescadores. La revista (1971) los denomina “aparceros del mar”, y relata el primer conflicto laboral en Lanzarote a causa, precisamente, de la explotación empresarial: cuando los barcos regresan a Arrecife con sus bodegas cargadas de sardinas, estas son descargadas y la tripulación, sin descanso, se ve obligada a volver a la costa africana. Descubren, además, que los armadores los engañaban con el porcentaje de participación en las ganancias.
Atentados a la Ciencia. Sólo un sacerdote concreto de la Iglesia católica pudo regentar una parroquia isleña y, además, hablar en Tenerife con el papa León XIV sobre migrantes africanos arribados a El Hierro. Y sobre otros, desaparecidos en altamar, ahogados en la misma costa o fallecidos en tierra firme y cuyos restos yacen en algún cementerio de Esero o Hero, llamada así por los bimbaches, primeros pobladores según Abréu Galindo. (Por cierto: la voz latina ferrum significa ‘hierro’.)
Sí. el cura Rivas, un migrante venezolano establecido en El Hierro desde 2020, lleva como nombre el apellido del científico británico Charles Darwin, autor de El origen de las especies (1859), revolucionario planteamiento tal como adelanté más arriba. Pero ya no solo subversivo como suposición científica: dos canarios, doctores Chil y Naranjo (fundador del Museo Canario) y Pérez Casanova (catedrático del Instituto Pérez Galdós, 1925-1937) serán víctimas directas del oscurantismo impuesto desde la soberbia y la sinrazón. ¿Por qué?
El primero sufrió irracionalidades, intolerancias y demoledores comentarios por parte del obispo de Canarias (1876). Su Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas Canarias (“Parto nocivo de perniciosas enseñanzas” para la máxima autoridad religiosa) padeció la ira y la excomunión de la Iglesia. Chil y Naranjo había estudiado Medicina en París y aceptado la teoría darwinista, de ahí que “Los sacerdotes del oscurantismo excomulgan al sacerdote de la Ciencia” (Villalba Hervás). Y completa el mismo Chil: “Lo que nunca puede perdonarse es la mordacidad de la ignorancia al querer calumniar a la Ciencia”.
El catedrático de Historia Natural y Fisiología (educado desde los 18 años en universidades de Ginebra, donde estudia Metodología de las Ciencias Naturales) fue acusado por la Comisión Depuradora (1937) de “ser darvinista y propagador de esa idea a los alumnos a los que facilitaba textos” (entre los comisionistas “depuradores”, el director del instituto, sacerdote). Pero, ¿cómo no iba a explicar un profesor de Ciencias Naturales tal teoría sobre la evolución natural si en el campo de la Ciencia era universalmente aceptada? En 1942 fue expulsado del aula y la cátedra.
Ochenta y cuatro años después, en la misma tierra canaria donde se les persiguió a sangre y fuego, un sacerdote católico cuyo nombre (Darwin) rememora al científico anglosajón, dialoga animadamente con León XIV, licenciado en Matemáticas y Filosofía (¿su formación científica echó a un lado la piedra?). Dos vidas canarias y dos carreras científicas destrozadas públicamente…
Nicolás Guerra Aguiar
Profesor agregado de Lengua y Literatura Española y catedrático
Miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua (ACL)




























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