Los barrios no pueden ser siempre los últimos de la lista
En los últimos días se ha vuelto a hablar del estado de parques, jardines y espacios públicos en barrios de Gáldar. También se ha anunciado un refuerzo del área de Participación Ciudadana con una coordinación específica para barrios.
Ambas noticias, aunque distintas, apuntan al mismo asunto: la calidad democrática de un municipio se mide en sus barrios.
Un casco histórico cuidado, una plaza central llena de actividad o una programación cultural brillante no bastan si los barrios sienten abandono. La vida cotidiana ocurre cerca de casa: en el parque donde juega un niño, en el banco donde se sienta una persona mayor, en la acera que utiliza una vecina con movilidad reducida o en el jardín que da dignidad a una calle.
La política municipal se examina en esos detalles.
Los barrios no necesitan únicamente promesas durante las campañas electorales. Necesitan mantenimiento continuo, escucha real y respuestas claras. Cuando un parque se deteriora, cuando una luminaria falla, cuando una zona verde se seca o cuando una cancha queda abandonada, el mensaje que recibe el vecino es evidente: esto no importa lo suficiente.
Pero también debemos practicar autocrítica ciudadana. No todo deterioro procede de la falta de inversión. Hay espacios públicos dañados por comportamientos incívicos, basura abandonada, vandalismo o falta de cuidado colectivo.
El espacio público pertenece a todos, y precisamente por eso nadie tiene derecho a tratarlo como si no fuera de nadie.
La administración debe mantener. La ciudadanía debe respetar.
La participación vecinal puede ayudar a construir un municipio más justo, siempre que no se convierta en una simple oficina de quejas. Participar no es solo reclamar lo propio. También es pensar el barrio completo, priorizar necesidades y colaborar en soluciones.
El reto de cualquier coordinación de barrios será escuchar sin caer en el clientelismo. Todos los barrios merecen atención, no solo los que más protestan, más votos concentran o más capacidad tienen para hacerse oír.
La Mancomunidad del Norte podría compartir buenas prácticas de participación ciudadana. Muchos municipios afrontan el mismo problema: barrios dispersos, recursos limitados y vecinos que sienten distancia respecto al Ayuntamiento.
Sería útil crear mapas públicos de incidencias y mantenimiento. La ciudadanía podría conocer qué problemas han sido comunicados, en qué estado se encuentran y cuándo se prevé solucionarlos. La transparencia evita sospechas y mejora la confianza.
Los barrios no piden lujo. Piden dignidad.
Una papelera, una sombra, una acera, una cancha, una limpieza adecuada o un parque en condiciones pueden parecer asuntos menores. Pero para quien vive allí todos los días, son la diferencia entre sentirse cuidado o sentirse olvidado.
Un municipio no se construye solo desde el centro.
Se construye desde cada barrio que todavía espera ser escuchado.
Vidal Bolaños Betancort





























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