'Satrapi y El Hachmi, la escritura como lucha'

Josefa Molina

[Img #10531]Cuando el pasado 4 de junio nos enterábamos del fallecimiento de la activista y escritora Marjane Satrapi, se oscureció un poco más el mundo. Y cuando escuché que además se había muerto de amor, la noticia ya no solo me entristeció sino que también despertó mi interés. ¿Quién muere de amor hoy en día? Esa circunstancia ha quedado para las películas románticas y los novelas de Shakespeare.

 

Y efectivamente, según explicó su familia, Marjane se dejó consumir por la tristeza que le originó la muerte de su compañero de vida, el productor, actor y guionista sueco Mattias Ripa, quien había falleció el 8 de abril de 2025 a los 53 años de edad. Un año después lo hizo su esposa, a los 56. Ambos compartieron más de treinta años de vida juntos.

 

La pareja se conoció en París cuando Ripa llegó como estudiante de intercambio universitario y se casaron un año después en Estocolmo. Nacida en 1969 en Rasht, Marjane Satrapi creció en Teherán dentro de una familia acomodada formada por un ingeniero y una diseñadora de moda, descendiente del monarca persa Nasser al Din Shah Qajar, quien gobernó entre 1848 y 1896. Con 14 años se trasladó a Austria, donde cursó estudios en Viena. Tras finalizar el bachiller regresó a su país, donde se encontró con un Teherán transformado.Sus padres la animaron entonces a regresar a Europa, decisión que acabó llevándola a Francia en 1994, donde continuó su formación en Estrasburgo, obteniendo la nacionalidad francesa en 2006, más de una década después de estar residiendo en el país. Por cierto, el pasado año, en 2025, Satrapi rechazó la máxima distinción civil que concede el Estado francés, la Legión de Honor, en señal de protesta por lo que calificó como la "hipocresía" de su país de adopción en su relación a las políticas del gobierno iraní.

 

Hemos dicho adiós a esta autora, directora, ilustradora y activista franco-iraní conocida principalmente por Persépolis, una novela autobiográfica en la que relata las difrentes etapas su vida, desde su niñez en Teherán durante la revolución islámica, hasta su difícil entrada a la vida adulta en Europa. La buena recepción de la crítica hizo de Satrapi una de las autoras francófonas más reconocidas. En 2007, la  adaptación en largometraje de animación de Persépolis obtuvo el Premio del Jurado del Festival de Cannes y al año siguiente, obtuvo dos premios César, a la mejor primera película y mejor adaptación. En el año 2008, fue nominada al Óscar 2008 al mejor film de animación. El cómicha sido traducido a cerca de 20 idiomas y ha alcanzado ventas que superan los 400.000 ejemplares en Francia y los 1,2 millones a nivel mundial.

 

Con la muerte de Satrapi, se nos ha ido una escritora e ilustradora cuyo papel mundial le valió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2024, pero sobre todo se nos ha ido una mujer valiente que utilizó su posición de influencia en el escenario público mundial para exponer, no solo la situación de degradación y humillación que viven las mujeres iraníes, sino también para reivindicar la igualdad, el respeto a los derechos humanos y los valores del sistema democrático para un país de casi 100 millones de habitantes sometido por un gobierno teocrático, donde el poder político y la autoridad recaen sobre líderes religiosos. Un país que desde febrero de este año sufre el asedio bélico de Estados Unidos -y de las políticas erráticas de su presidente, Donald Trump, que día sí y día no, anuncia un alto fuego y una tregua que se resiste a llegar- e Israel -con los violentos ataques del genocida Benjamin Netanyahu, al frente-.


Mientras los drones, bombas y misiles de uno y otro lado se encargan de asesinar a la población civil y fustigar a los países 'amigos' de ambos lados, el resto del mundo sigue pagando los costes de esta escalada bélica que mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, causando el continuo incremento del precio del petróleo y del gas natural. Vivimos en un mundo globalizado en el que todo lo que pasa al otro lado del mundo, sobre todo si tiene relación con el petróleo, influye a este lado del mundo.

 

Es sintomático que la economía y la bolsa, o lo que es lo mismo, el capitalismo, mueva el mundo de tal forma que una contenienda bélica genere subidas del precio del oro negro y traiga consigo además el movimiento de grandes masas de población que huyen de las bombas y la muerte. Y sin embargo, el ataque continuado y constante a los derechos humanos no logre apenas movilizar conciencias. Esto es un claro ejemplo del espeluznante momento de la humanidad que nos está tocando vivir.

 

De esto sabía mucho Satrapi quien, desde su posición pública, enarboló la reivindicación de la igualdad de las mujeres de su país, altamente reprimida desde que la joven Yina Mahsa Amini fue asesinada víctima de una paliza por parte de la Patrulla de orientación del gobierno iraní. Amini, de 22 años y origen kurdo, fue detenida a la salida de una boca de metro en Teherán en septiembre de 2022 por la "policía de la moral" iraní. ¿Su delito? No llevar bien puesto el hijab, velo con el que todas las mujeres están obligadas a cubrir su cabello desde que cumple nueve años de edad. El asesinato de Amini desató una oleada de manifestaciones bajo el lema 'Zan, Zendegi, Azadi” (Mujer, Vida, Libertad) que han sido duramente reprimidas con violencia, ejecuciones y miles de detenciones por el gobierno teocrático iraní.En estos momentos de contienda bélica, muchas mujeres iraníes mantienen su lucha cultural y social prescindiendo del velo en una especie de movimiento de desobediencia civil. Bravo por todas estas valientes que se están jugando algo más que la vida.

 

El tema del velo es uno de los temas que también aborda Satrapi en su obra Persépolis, un asunto sobre el que señaló que el régimen iraní obliga a cubrirse a las mujeres y a las niñas "porque las reduce a meros objetos sexuales cuyo cabello al aire puede provocar una erección” en los hombres. Una vez más, se culpabiliza a las mujeres de la violencia que los hombres ejercen sobre ellas. Aberrante.

 

Precisamente hace unas semanas acabé la lectura de la novela Los lunes nos querrán de la escritora marroquí residente en Cataluña, Najat El Hachmi. La autora, quien se hizo con el Premio Nadal de Novela en su edición 2021 con esta novela, nos relata la vida de una joven de diecisiete años de origen marroquí afincada con su familia en un barrio del extrarradio de Barcelona. La protagonista ha crecido en el marco de una cultura encorsetante que la asfixia y de la que desea huir para poder vivir su vida sin las agobiantes cortapisas de las normas culturales, sociales y religiosas de su familia y país de origen. Una obra que nos habla de una cultura que delimita los espacios perfectamente de las mujeres y de los varones.

 

Además de otros temas reseñables en la obra de Najat El Hachmi como son el despertar del deseo sexual, el racismo español hacia la población inmigrante y la diferencias de oportunidad social en función del color de la piel y del origen de las personas, el principal tema que retrata la autora es el aplastante peso de la cultura heteropatriarcal sobre las mujeres marroquíes y el mandato de sumisión al hombre, utilizando para ello no solo la presión social y religiosa sino también la violencia física intrafamiliar.

 

Lo interesante de estas dos obras es que ambas autoras utilizan el arte como vía para exponer y hacer público una realidad social, política, religiosa y cultural que somete a las personas del género femenino frente al dominio masculino, asentado sobre el uso de la violencia física y el castigo moral.

 

Además lo realizan a través de su propia mirada, por lo que estamos ante novelas autobiográficas en las que retratan sus experiencias personales y de su entorno más íntimo, lo que expone al arte como espacio para la denuncia y la reivindicación y a la escritura como la herramienta para expresarse, lo cual no es nada extraño ya que, históricamente, la creación literaria generada por las mujeres ha surgido como una forma para otorgar voz pública a todos esos temas que quedaban en el ámbito de lo privado.

 

De hecho, cuando las escritoras comenzaron a narrar, lo hicieron comenzando por escribir sobre sus propias vidas, desvelando su espacio privado. Con ello no solo surgió otra forma de hacer literatura frente a la relatada por los escritores que contaban historias de puertas para afuera, sino que se generaron otras voces, otras temáticas, otras formas de entender la vida, y por ende, la escritura.

 

Esto no solo ayudó a hacer crecer la literatura como ámbito de creación artística al incluir otras perspectivas, sino que permitió acercar a la ciudadanía a los pensamientos, reflexiones y viviencias de una parte de la población oculta a lo público, poniendo el foco en lo que tenían que decir y contar las mujeres, historias muchas veces narradas desde la violencia, el desprecio y la humillación, pero también repletas de esperanza, del deseo de vivir sus propias vidas y de quitarse de encima de una vez por todas el paternalismo moral y cultural que tanto daño han hecho y siguen haciendo a toda sociedad que busque avanzar hacia la igualdad, el respeto entre los géneros y haga valer los derechos humanos.

 

De ahí la importancia de la escritura como medio de expresión y de exposición social, como vía para denunciar y reivindicar, pero también como senda para llamar a la esperanza y a la ilusión de un mundo más justo e igualitario, incluyendo la perspectiva feminista que, recuerdo una vez más, es la búsqueda de la igualdad entre mujeres y hombres, no la supeditación de un género a otro. Igualdad. Ni más ni menos, que hay quien parece no entender todavía su significado.

 

Quiero terminar esta columna de opinión con una reflexión de Satrapi realizada a la BBC en 2024: "Si se eliminan el arte y la cultura de cualquier sociedad, esta se derrumba". Así es, Marjane, así es. Gracias por tu necesario legado.

 

Descanse en paz, Marjane Satrapi.

 

Josefa Molina

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