
Lo cierto es que cuando contemplamos la fachada de la casa adornada de los árboles de enfrente, los del Parque Municipal, no solo comprobamos que provocan bellas sombras en su entramado original, sino que las imágenes proyectadas en la pared hablaban por sí solas de colores y precisiones del tiempo, donde éste parecía mostrarse de manera peculiar y único utilizando la fachada como lienzo. Un lienzo natural que sirve para manifestar una forma concreta de entender el modo de vivir. Y soñar.
Los dibujos del sol no solo originan sentimientos en los que la tarde saca a relucir su belleza, y sale a pasear en su búsqueda, sino que, además, se disponen recurrentemente a descubrir posiciones y puntos de vista tan variados que por esa misma razón sirven para acentuar la incidencia provocada; incidencia que, por otro lado, nunca llega a pasar desapercibida.
Es evidente que aquella tarde luminosa hablaba de un tiempo distinto. No sabemos si ya había pasado o estaba por ocurrir. En cualquier caso, nos llamó poderosamente la atención. Por eso optamos por la imagen en un deseo claro de atrapar el tiempo. Pero no lo conseguimos. Como siempre. Y como debe ser.
Juan FERRERA GIL































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