Garujiando

Quico Espino

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-Está garujiando –me dijo, antes de irse a la cama, entre bostezos, Juana Cabrera, la hermana de mi amigo Manolo, con el que yo, desde los quince a los dieciocho años, solía jugar al ajedrez casi todas las noches, juego que aprendí en la OJE, instando a su hermano a que hiciera lo mismo. Ya habían pasado de las doce de la noche.
 
-¿Echamos otra? –me preguntó él, haciendo caso omiso de su hermana, la cual refirió, dirigiéndose a mí, que se había desatado una tormenta eléctrica con rachas de viento. Me dio un poco de miedo pensar en rayos y truenos, porque el primero asustaba, arrastrando al pueblo entero consigo, llevándoselo para otro sitio, y el segundo te podía matar, pues te atravesaba y te convertía en ceniza con facilidad. El relámpago me gustaba, pues iluminaba el cielo en medio de la cerrazón de la noche.
 
Era casi la una de la mañana cuando salí de la casa de mi amigo, cuyo patio parecía una floresta con grandes helechos que rezumaban agua debido al continuo garujo que no paraba de caer
 
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…y que me hizo llegar a mi casa hecho una sopa, después de haber recorrido poco más de medio kilómetro. Yo, por si acaso, fui todo el camino despacito, aunque empujado por el viento, pues se decía que los rayos persiguen a los que corren y hacía poco que uno había matado a un hombre en Las Majoreras. Por eso me empapé de arriba abajo.

 

-¡Fuerte vicio que tienes con ese juego! –me espetó mi madre, que no podía dormir tranquila estando yo por fuera–. ¡Maldita la OJE esa!

 

-¡Por favor, mamá! Gracias a la OJE hemos podido aprender a jugar a las damas, al ajedrez, a la baraja, al futbolín, al balonmano… 

 

Más tarde, ya siendo universitario en La Laguna, luchando por los derechos estudiantiles, y yendo a varias manifestaciones que mi padre me había prohibido, porque él había participado en la Guerra Civil Española, me enteré de que la Organización Juvenil Española, creada en 1960, formaba parte del Movimiento Nacional franquista. 

 

-¡Joder! –me dije–. ¡Vaya una mierda! –seguí fustigándome, pensando en qué vaya un sitio que elegí para aprender dichos juegos. Sólo me consoló saber que después habíamos creado un grupo de teatro, llamado Círculo 70, y, casi con los mismos componentes, un grupo de música, de nombre Témpano, en el cual, entre otras cosas, se le puso música a muchos de los poemas del Romancero gitano de Federico García Lorca. Para ello tuvimos que pedir un permiso especial, pues en aquella época, 1970, Lorca estaba prohibido en España.

 

-Está garujiando –me dijo, en el setenta y pico, un amigo de Ingenio que estudiaba conmigo en La Laguna, donde llovía tanto que una vez tuvimos que cruzar en barca El Camino Largo, y hace poco me lo repitieron en El Zumacal, donde hay un restaurante que se llama Sirimiri, que viene a significar lo mismo: está cayendo un sirimiri es como decir está garujiando, o sea que de las nubes cae una llovizna menuda y constante como la que parece que va a caer por la Casa de los Ruanos,

 

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… en el Valle de Agaete, cuyo frontis se refleja en la alberca y que está coronada por picos montañosos, asediados por nubes lluviosas.

 

Chirimiri, calabobos, garva, mollizna, murmia, caracolera, orpín, chischís, orballo, barrallo, barrufa, borralla, chivisca, chispi chispi y un sin fin de acepciones más para designar esa lluvia, a veces refrescante  y a veces molesta, sobre todo cuando viene acompañada de un viento machacón, que en mi pueblo es bastante habitual. No en vano prácticamente todo el mundo decía, y creo que aún se dice, que Ingenio es la madre del viento.

 

Texto: Quico Espino

Fotos: Ignacio A. Roque Lugo

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