Ya el paso natural no regresará a su sitio: las obras se lo han llevado por delante.
Como hoy todo se hace pensando únicamente en el coche, nuevo rey natural de la evolución de la especie humana, a los peatones, que casi siempre son un incordio, se les niega el pan y la sal. Da igual que Arucas cuente con grandes avenidas en las que el caminar se convierta en una sana opción. Hoy todo se lee de otra manera, donde lo único relevante parece ser el hecho de castigar al peatón. Así, se cambian bordes de acera y se colocan vallas para impedir el acceso. Y de repente se encuentra uno, que camina lo suyo, con prohibiciones no anunciadas. Sin ir más lejos, el otro día alrededor de la rotonda de salida de Arucas-Firgas, no había manera de cruzar la dichosa carretera: prohíbe, que algo queda.
Por eso decíamos que el único dueño y señor de la vida es el sempiterno coche.
Juan FERRERA GIL































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