León XIV el papa de la dignidad

Esteban G. Santana Cabrera

[Img #5326]He tenido la oportunidad de vivir de cerca la visita del papa León XIV a Canarias, tanto en Gran Canaria como en Tenerife, después de haber recorrido Madrid y Barcelona. Han sido jornadas intensas, cargadas de simbolismo, emoción y también de reflexión. Sin embargo, si tuviera que resumir en pocas palabras lo que me llevo de esta visita, diría que no ha sido un viaje dirigido únicamente a los católicos. Ha sido una visita para todos los españoles y, de manera muy especial, para todos los canarios.
 
A menudo tendemos a interpretar los viajes papales desde una perspectiva exclusivamente religiosa. Sin embargo, lo que he percibido durante estos días ha sido algo que va más allá. León XIV ha querido hablar a toda la sociedad, creyente o no creyente, recordándonos valores que forman parte del patrimonio común de nuestra convivencia: la dignidad de la persona, la solidaridad, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida en la construcción de un futuro mejor.
 
Llevamos un tiempo en España marcado por las tensiones políticas, los enfrentamientos ideológicos y una creciente polarización social, el mensaje que más ha resonado en sus intervenciones ha sido una invitación constante a la unión. No a la uniformidad, sino a la capacidad de encontrarnos en aquello que nos une por encima de nuestras diferencias. Como cristianos, y también como ciudadanos, estamos llamados a construir puentes y no muros, a escuchar antes que descalificar, a dialogar antes que enfrentarnos.
 
Quizá por eso sus palabras han encontrado eco más allá de la propia Iglesia. Porque apelan a una necesidad humana, la de reconocernos unos a otros como miembros de una misma nación. Frente a la cultura del enfrentamiento, León XIV ha propuesto la cultura del encuentro. Frente a la sospecha, la confianza. Frente a la división, la cooperación.
 
Este mensaje ha encontrado un escenario especialmente significativo en Canarias. Nuestra tierra conoce bien el valor de la acogida. A lo largo de la historia, las islas han sido punto de encuentro entre continentes, culturas y pueblos. Hoy siguen siendo una de las principales puertas de entrada a Europa para miles de personas que abandonan sus hogares impulsadas por la pobreza, la violencia o simplemente por el deseo legítimo de encontrar una vida mejor.
 
Durante estos días, el Papa ha querido mirar también hacia esa realidad. En cada patera que llega a nuestras costas hay historias de sufrimiento, esperanza y valentía. Historias que no se quedan en simples cifras ni titulares de prensa. Canarias ha demostrado, una vez más, una extraordinaria capacidad de acogida y solidaridad, aunque no exenta de dificultades y desafíos.
 
Por ello merece un reconocimiento especial la labor de organizaciones como Cáritas y Cruz Roja, junto a tantas otras entidades y voluntarios anónimos. Su trabajo cotidiano recuerda que la solidaridad es un compromiso concreto con quienes más lo necesitan. Gracias a su dedicación, miles de personas encuentran una primera mano tendida cuando más vulnerables se sienten.
 
Al finalizar esta visita, me queda la emoción intensa de lo vivido, pero la sensación de que León XIV no ha venido únicamente a confirmar la fe de los creyentes. Ha venido a recordarnos algo esencial para toda la sociedad: que el futuro no se construye desde la confrontación, sino desde la colaboración; no desde el miedo al otro, sino desde el reconocimiento de su dignidad.
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