Visita papal

León XIV siembra esperanza y gratitud al pueblo canario en una histórica misa (fotos)

Unos 40 000 fieles participaron en la eucaristía presidida por el Papa, marcada por gestos de cercanía y un mensaje de fraternidad ante el drama migratorio.

Moisés Rodríguez Gutiérrez 2 Viernes, 12 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

​El Estadio de Gran Canaria fue ayer, 11 de junio de 2026, el escenario de un hito histórico para el archipiélago con la celebración de la Santa Misa presidida por el papa León XIV. Unos 40.000 fieles abarrotaron el recinto en el acto central de la primera jornada de la visita apostólica del Sumo Pontífice a las Islas Canarias, un viaje con un profundo calado pastoral y social. Las sagradas imágenes del Santo Cristo de Telde y la Virgen del Pino presidieron de forma excepcional el altar en una jornada histórica para el archipiélago, marcando el inicio de un encuentro profundamente esperado por toda la comunidad católica insular.

 

​Antes de su entrada oficial, el Santo Padre protagonizó un emocionante recorrido exterior en el papamóvil por las inmediaciones del Campo Anexo y el pabellón Gran Canaria Arena, donde se vivieron los primeros momentos de gran intensidad cuando detuvo el vehículo para bendecir personalmente a varios bebés. Al acceder al interior del estadio, el clamor unánime de la multitud acompañó al Pontífice mientras rodeaba el perímetro del césped. Las muestras de cercanía se repitieron en las gradas, donde el Santo Padre volvió a bendecir a varios niños pequeños antes de dirigirse al presbiterio para dar inicio formal a la celebración.

 

 

​Como preámbulo solemne a la eucaristía, el numeroso clero asistente protagonizó una imponente procesión de entrada hacia el improvisado altar. El desfile litúrgico de los sacerdotes y obispos, envuelto en el respeto de los fieles, marcó el comienzo de una ceremonia de gran impacto religioso y cultural. Hacía veintiséis años que las imágenes del Santo Cristo de Telde y la Virgen del Pino de Teror, patrona de la Diócesis de Canarias, no coincidían en un mismo espacio de veneración, puesto que la última vez fue en el año 2000 en la capital, lo que convirtió esta eucaristía en un evento sin precedentes en el siglo XXI para la Iglesia canaria.

 

​Sin duda, uno de los momentos más sobrecogedores de la liturgia tuvo lugar durante la proclamación del Evangelio según san Mateo. Tras su lectura, el texto sagrado fue entregado directamente al papa León XIV, quien lo alzó solemnemente ante la multitud trazando con él el signo de la Santa Cruz ante los 40.000 fieles. Con este gesto reservado a las grandes solemnidades, el Pontífice ratificó la presencia viva de Cristo y bendijo al pueblo canario orientando el libro a los cuatro puntos cardinales.

 

 

​El clímax emocional de la jornada se alcanzó al comenzar el Santo Padre su intervención. Antes de desarrollar cualquier otra reflexión teológica, el Papa inició su alocución guardando un respetuoso recogimiento y lanzando una sentida petición a los congregados: reclamar una oración sincera por todos los hermanos que han perdido la vida en las aguas del mar en busca de un futuro mejor. Este arranque de homilía conmocionó a los asistentes, conectando de forma inmediata la compasión evangélica con el drama migratorio que golpea al archipiélago.

 

​Tras este solemne inicio, el Papa desgranó el mensaje evangélico centrándose en la virtud de la humildad, explicando que el corazón de Jesús es humilde y que no sienten sus latidos aquellos que tienen la presunción de no necesitar a Dios y a los demás, pues les falta el silencio necesario para escuchar el palpitar de Dios. Con estas palabras, invitó a los fieles a despojarse de la soberbia espiritual para conectar con el verdadero mensaje del amor incondicional hacia todos los hombres y mujeres sin distinción. En un potente mensaje de alcance global, el Santo Padre hizo un llamamiento que trascendió las fronteras de las islas al pedir que todos se miren unos a otros fuera de esta histórica jornada con respeto, siendo portadores de su misericordia para que cesen las guerras y se construya una nueva vida con el amor como máximo exponente. En este marco de fraternidad, el Pontífice destacó de manera muy especial la ejemplar acogida de la isla de Gran Canaria, haciendo un llamamiento a compartir la acogida como un deber universal y recordando, al evocar la figura de su predecesor el papa Francisco, que no hay mayor gesto que se pueda ofrecer que devolver amor con amor.

 

 

​Tras terminar su homilía, el Estadio de Gran Canaria resonó con una gran y sentida ovación por parte de la multitud. Los 40.000 fieles rompieron en un aplauso unánime y prolongado, mostrando de forma inequívoca el profundo agradecimiento del pueblo canario ante las conmovedoras y oportunas palabras del Santo Padre.

 

​El arraigo y la riqueza cultural del archipiélago tuvieron también su momento cumbre durante el ofertorio, rito en el que se puso de manifiesto la identidad canaria a través de su vestimenta tradicional. Una familia de la isla fue la encargada de presentar las ofrendas ante el papa León XIV vistiendo piezas de indumentaria de un gran valor histórico. En un hermoso testimonio etnográfico, las mujeres de la familia portaron el riguroso traje de pescadora del siglo XVIII, mientras que el hombre lucía el emblemático traje de pastor de Gran Canaria, considerado por los expertos como la ropa tradicional más antigua documentada en la isla. El paso de la familia hacia el altar supuso una vistosa y emocionante reivindicación de las raíces del pueblo canario ante el Sumo Pontífice, uniendo la devoción de la jornada con el legado histórico insular.

 

 

​Este espíritu de comunión e identidad se reflejó también en el extraordinario esfuerzo organizativo que permitió repartir la comunión a la totalidad de los participantes que así lo desearon. Durante el rito, fueron numerosos sacerdotes, religiosas y ministros extraordinarios de la comunión quienes se encargaron de dar el sacramento, distribuyéndose de manera estratégica tanto por todos los sectores de las gradas y el césped del Estadio de Gran Canaria, como en el interior del pabellón Gran Canaria Arena. Este amplio dispositivo humano, perfectamente coordinado por la Diócesis, garantizó que un momento de tal envergadura espiritual se desarrollara de forma ágil, fluida y con absoluto recogimiento en todas las instalaciones.

 

​Al término de la eucaristía, el obispo de la Diócesis de Canarias, monseñor José Mazuelos, pronunció un emotivo discurso de agradecimiento dirigido al Santo Padre en nombre de toda la comunidad. En sus palabras, el prelado destacó que con su visita han sentido de manera real y profunda la cercanía del Sucesor de Pedro, recordando que la Iglesia vive y camina entre las personas y sus realidades cotidianas, al tiempo que agradeció expresamente sus palabras de aliento y consuelo a la sociedad canaria. El broche de oro de su intervención llegó en el cierre, cuando monseñor Mazuelos lanzó un entusiasta y cercano lema que desató la absoluta locura y el júbilo al exclamar: "¡Papa León, te queremos un montón!". La espontánea y cariñosa consigna puso en pie a todo el Estadio de Gran Canaria, prolongándose la atronadora ovación durante un periodo considerable de tiempo en un ambiente de total entrega donde el Papa no pudo contener la emoción ante semejante muestra de afecto. Como colofón final para despedir el acto, el recinto deportivo estalló de alegría cuando sonó con fuerza el emblemático cántico del "pío pío", uniendo el sentir popular y la identidad de la isla en una explosión de entusiasmo colectiva que cerró el encuentro con un sello inconfundiblemente grancanario.

 

 

​Antes de abandonar definitivamente el presbiterio y despedirse de la multitud, el papa León XIV protagonizó el momento más íntimo de la jornada al acercarse con devoción a la imagen de la Virgen del Pino. El Pontífice permaneció allí durante algún tiempo, sumido en un profundo recogimiento y rezando en silencio ante la Patrona, en un gesto de gran carga simbólica que conmovió de nuevo a los miles de devotos presentes.

 

​La histórica jornada concluyó dejando una huella imborrable en la memoria colectiva del archipiélago. Más allá de las cifras y el impresionante despliegue litúrgico, lo que verdaderamente consagró este día fue el encuentro íntimo de un pueblo con el Sucesor de Pedro. Gran Canaria no solo abrió las puertas de su estadio, sino también las de su corazón, fundiendo en un mismo instante el respeto a sus raíces más antiguas, la devoción ante sus imágenes más queridas y una conmovedora sensibilidad hacia el dolor del mar. La bendición de León XIV se despidió de la isla convertida en un eco de esperanza y gratitud que resonará durante generaciones en cada rincón de esta tierra de acogida. 

 

Hoy viernes, el Sumo Pontífice continuará su agenda oficial en la isla de Tenerife, completando así este viaje apostólico inédito en la historia de Canarias.

 

Galería fotográfica de la visita papal en este enlace

(Juan Lorenzo Santana Medina - Moisés Rodríguez Gutiérrez)

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez 

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