
La lluvia, y la consecuente humedad originada, que cae este mes de marzo es tan significativa que las casas han sacado sus viejas deficiencias saturadas: en la escalera de subida a la azotea o en el Palomar, lugar donde se verifica la escritura y estas reflexiones que no sabemos si arribarán a puerto alguno, han aparecido variados desconchones.
Sí resulta muy significativo que lleve más de dos horas sin parar de llover. Acostumbrados como estábamos a esporádicos chaparrones de apenas unos pocos minutos, la cantidad de agua que cae se lleva por delante pinturas impermeables en azoteas, cajas de escalera y cuartos levantados para proteger a la lavadora (siempre pensamos en la eternidad de las cosas): la humedad se hace presente en las islas que una vez fueron tildadas de permanente primavera. Así que para la publicidad turística está bien. Pero esta primavera recién estrenada ha traído lluvias inesperadas donde las presas parecen haberse llenado. O sea: que los siguientes años serán de sequía y calor extremo, ¿no? El mismo calor que ya echamos de menos porque los inviernos han venido como han venido: tremendamente activos. Y han dejado su presencia asentada.
Los meteorólogos anuncian que esta Primavera será más calurosa; sin embargo, de momento está siendo todo lo contrario. Debe ser cosa del cambio climático, que ha venido y nadie sabe cómo ha sido.
Acompañado, sí.
Juan FERRERA GIL






























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