La espada y el dragón

Quico Espino

 
 
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Debe ser cosa de la edad pues tengo una sobrina que hace tiempo que es abuela. Estaba yo con su nieto de once años, Eiden, un chiquillo simpático, juguetón y vivaracho, en la carretera de Valleseco, un barrio llamado Carpintera, cuando vimos pasar una bicicleta bajo un drago. Entonces, de buenas a primeras, me dijo que el velocípedo se trueca en incisivo acero, una espada tan recia como la del rey Arturo, y atraviesa al dragón. Éste lanza entonces llamaradas por la boca al volar, pegando fuego a las casas, haciendo daño a todo el mundo a su paso,  y, como por ensalmo, en lugar de sangre de dragón brota sangre de drago, una especie de resina roja que es casi del mismo color, que cura heridas, quemaduras, trombos, tumores…
 
Me encantó la imaginación y los conocimientos de Eiden, mi sobrinito, y me acordé del eslogan más célebre del Mayo del 68 francés: la imaginación al poder, mientras él, dejándome más atónito si cabe, miraba al cielo, diciendo que tanto el sol como la luna, que aparecían a la vista, sonrientes, lucían rostros satisfechos, él tostado, con cara redonda, ella azul, alargada, casi rodeando al sol.
 
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Desde la altura, que les permitió ser testigos, habían estado esperando ese momento en el que el dragón se transforma en drago a causa de una espada que lo traspasa y lo cambia de un ser animal a otro vegetal. 

 

Asombrado me quedé ante la carilla de Eiden, listo como un rayo, cuando, de pronto vimos volar a un cuervo que, después de planear en el aire, vino a posarse muy cerca de donde estábamos, en un palo situado a la sombra de un pino canario.  Y allí se puso a graznar.

 

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El chiquillo dijo entonces que tales aves eran muy inteligentes, pues, entre otras cosas, hacen que los lobos y los coyotes trabajen para ellos. Les mandan señales para que separen la carroña de distintos animales, difícil de lograr con el pico, de manera que a ellos, los cuervos, les resulte más fácil comer. También indicó que aquel cuervo era avispado porque vivía al lado del drago, cuya sangre ingería para sentirse más enérgico y dinámico, para estar sano.  Y añadió que cuando un cuervo grazna es porque está ante un amigo o ante una amenaza. Y en este caso se encontraba en un entorno claramente amistoso, ya que vino hacia nosotros, posándose casi a nuestro lado.

 

Cada vez más fascinado por la sabiduría de uno de los miembros de mi gran familia, cada vez más disminuida, no pude menos que aplaudir cuando, por último, expuso que el canto del cuervo hace que, por arte de magia, el drago se convierta en un hermoso ramo de flores.

 

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No sólo lo aplaudí repetidas veces para celebrar lo gracioso y espabilado que es, echándole piropos, haciéndole cosquillas y carantoñas, sino que pensé que la imaginación infantil es una capacidad mediante la cual los niños descubren otra realidad, un escenario que ellos recrean, desplegando empatía con sus miradas inocentes, sus expresiones sinceras, sus cándidas sonrisas. Es un instrumento primordial para el desarrollo del lenguaje y el pensamiento crítico. 

 

En definitiva, la imaginación infantil es indudablemente una facultad que no tiene límites.

 

Texto: Quico Espino

Fotografías: Ignacio A. Roque Lugo y François Hamel.

 

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