En torno a nuestros impuestos, la PAU y un escritor galdense

Nicolás Guerra Aguiar

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1. Hacienda y la visita papal. Acabo de salir de mi anual cita con Hacienda en el nuevo edificio habilitado para tal actividad, el antiguo cine Royal (Las Palmas de Gran Canaria).

 

Y debo decir, estimado lector, que la organización general, a pesar de que se trataba no solo del primer día sino también de las primeras horas en un espacio físico rehabilitado, merece mi reconocimiento. Tanto la solicitud de cita previa como la localización de la mesa fueron sencillas, ordenadas (añado el rigor horario). Incluso hasta la ayuda personal de quien me atendió para la declaración propiamente dicha resultó efectiva ante algunas lagunas por mi parte.

 

Sin embargo, un cierto gusanillo me remordía por dentro cuando firmé la propuesta final, es decir, la aceptación de los resultados. ¿Por qué, estimado lector, tal resquemor si a fin de cuentas cumplía con mi obligación y, además, soy consciente de que el Estado necesita la puesta en marcha de tan impresionante maquinaria para atender a la comunidad, trátese de sanidad, educación, obras públicas, cultura o cualquiera de las otras tantas obligaciones o servicios sociales? ¿A qué se debía, pues, mi controlada desazón con una parte de tal proceso?

 

Desde al menos un par de semanas atrás supe por medios de comunicación que los cabildos insulares de Tenerife y Gran Canaria habían adoptado la decisión de entregar quinientos mil euros cada uno (un millón de euros entre ambos) a la organización encargada de la visita del papa a las dos islas... aunque, según ‘Religión Digital’ (1 de junio), la aportación de cada cabildo asciende a un millón de euros. Y el lunes conocí que el Gobierno de Canarias presupuestó dos millones para las diócesis de Canarias (una por cada provincia) a pesar de que se trata de “una visita que en el caso de Tenerife tendrá una duración de apenas 6 horas”, matiza con precisión.

 

Inmediatamente, claro, viene mi planteamiento (desapasionado… y sospecho que coherente, riguroso). Y surgen preguntas, dudas, interpelaciones como, por ejemplo, las siguientes: ¿salen esos millones también de mis impuestos… en un Estado constitucionalmente aconfesional? ¿Acaso la Iglesia católica no goza ya de ciertas dispensas ajenas a la inmensa mayoría de los ciudadanos? ¿No ejercen los católicos españoles su legítimo derecho (con todos mis respetos, claro) al pago de los gastos propios de su Iglesia a través, precisamente, de la anual declaración tributaria? (Según conferenciaepiscopal.es, la cantidad recibida tras la asignación por el IRPF [corresponde al año 2025] ascendió a casi cuatrocientos treinta millones -430 000 000) de euros, “con un incremento de 46.897.081 euros en relación al ejercicio anterior”. Lo cual, obviamente, apoyo: debe imponerse la decisión personal de los contribuyentes.)

 

(Por cierto, leo en ‘La Provincia’ del pasado domingo un impactante titular: “Drama habitacional: trece familias canarias subsisten sin apenas recursos en un edificio en Telde”. Y el subtítulo amplía: “Los vecinos, antiguos inquilinos y muchos de ellos nacidos en el municipio, aseguran no tener otro lugar al que ir”. Dos hijos de alguna de tales familias “requieren una atención especial: uno está diagnosticado con TDAH y otro con autismo” Es decir: el primero padece un trastorno del neurodesarrollo de origen biológico. El segundo se caracteriza por “dificultades para la comunicación e interacción social y para la flexibilidad del pensamiento y de la conducta”. Podrían, incluso, hasta quedarse en la calle expulsados por alquileres, humedades y deterioro de la construcción.)

 

2. La PAU (Generación del 98) y Francisco Rodríguez Batllori. Los sobres que contenían los cuestionarios correspondientes a la prueba de acceso a las universidades (concretamente, la asignatura de Literatura) se abrieron en Canarias el pasado martes. Leo (Canarias7) que “ cayó la generación del 98, el poema de Gloria Fuertes 'Al borde' […] y aspectos en torno a una obra leída en clase”.

 

Sobre la primera opción debo aclarar un aspecto previo relacionado con la ortografía: para la RAE sólo los grandes movimientos artísticos se escriben con mayúscula inicial (Barroco, Romanticismo…). Y sugiere la minúscula para las generaciones (“generación del 14”, por ejemplo). No obstante, lector, permítame que incumpla con tal sabia institución española, pues la Generación del 98 (eternos novelistas, poetas, dramaturgos) incluye a Baroja, Azorín, Maeztu, Valle-Inclán, Unamuno, Antonio Machado… y a ensayistas (todos españoles), quienes revolucionaron el país con ideas y denuncias. Las diferencias de edades entre unos y otros, además, no sobrepasan los quince años.

 

Así, iluminados por el regeneracionismo de Joaquín Costa, muestran la España real a través de su obra literaria y dan a conocer la grave crisis moral e intelectual de los españoles: a fin de cuentas el Imperio se había hundido en 1898 tras la guerra con EE UU y la pérdida del honor nacional y las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico, Filipinas). Ellos miran hacia el interior de España (paisaje, paisanaje…) para recuperar valores sociales y morales acaso perdidos a causa de espejismos, intencionado subdesarrollo, incultura. En suma, reflejan su triste realidad: un país miserablemente pobre, caciquil, feudal, analfabeto casi en un ochenta y cinco por ciento, terriblemente injusto en el equilibrio social, cerrado a los modernos pensamientos europeos, anclado en economías casi medievales y dominado por el fanatismo religioso. (Sugiero la lectura de la edición comentada por el doctor Morera Pérez, catedrático de la Universidad lagunera, sobre De Fuerteventura a París, obra unamuniana, geografía y fotografía de tierras majoreras y de su gente.)

 

Los noventaiochistas crearon escuela. Y si ellos (salvo Unamuno) solo recorrieron paisajes peninsulares (Campos de Castilla, obra machadiana) a veces en compañía de inmortales personajes literarios (Don Quijote, Don Juan y la Celestina; La ruta de Don Quijote; Vida de Don Quijote y Sancho…), un escritor galdense muy posterior a ellos, Francisco Rodríguez Batllori, caminará también por tierras quijotescas y, como originalidad, por las isleñas… pero sin compromiso alguno con la denuncia noventaiochista.

 

Así, La Mancha, Sierra Morena, Andújar, Sevilla, Valencia… Y también la abrasada tierra de Lanzarote, la atalaya del mar de Tenerife, el curioso lenguaje de La Gomera, El Hierro convertida en confín occidental de España, los contrastes de La Palma, la isla sorprendente de Maxorata y la Gran Canaria, continente en miniatura. Y entre ellas, con especial detenimiento, su tierra de nascencia (1908), protagonista de Gáldar, viñetas de una época (1980). Por la obra desfilan distintos personajes cebolleros que formaron parte de sus recuerdos callejeros por las calles de un pueblo que inauguró el siglo XX con cinco mil trescientos ochenta habitantes y a varias horas de distancia de la capital isleña, tal era la precariedad de las vías grancanarias… y el islamiento dentro de la propia Isla.

 

Nicolás Guerra Aguiar

Profesor agregado de Lengua y Literatura Española y catedrático​

Miembro honorario de la ACL

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