Ventana folclórica, hoy con las cebollas de Gáldar, un símbolo vivo de la identidad agrícola del municipio (vídeo)

El cultivo de la cebolla ha forjado la economía, el paisaje y las tradiciones de Gáldar, consolidándose como emblema gastronómico y cultural del norte de Gran Canaria.

Moisés Rodríguez Gutiérrez Jueves, 04 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

Hablar de Gáldar es hablar de historia, tradición agrícola y de una profunda vinculación con la tierra. Entre los elementos más representativos de su patrimonio rural destacan las célebres cebollas de Gáldar, un cultivo que ha acompañado durante generaciones la vida económica, social y cultural del municipio.

 

Durante décadas, este producto no solo ha formado parte de la actividad agrícola, sino también del paisaje humano y territorial del norte de Gran Canaria. Las extensas huertas dedicadas al cultivo de la cebolla moldearon buena parte del entorno rural galdense, convirtiéndose en un importante motor de subsistencia y en reflejo de una economía ligada al trabajo del campo.

 

Desde tiempos remotos, las principales zonas de plantación se han concentrado en áreas como Piso Firme, Las Rosas y Los Quintanas, aunque el cultivo también se ha extendido a otros puntos del municipio, donde ha permanecido como parte de la tradición agrícola local adaptada al terreno y a las condiciones del medio.

 

El ciclo de este cultivo sigue un calendario muy definido. La siembra se realiza habitualmente durante los primeros meses del año, mientras que las primeras cosechas comienzan a recogerse tras el Día de San Isidro Labrador, prolongándose normalmente hasta finales de junio principios de julio. Es precisamente en este periodo cuando se celebra la tradicional Fiesta de la Cebolla en Piso Firme, una cita con varias décadas de historia que pone en valor este producto y el trabajo de los agricultores del municipio.

 

Lejos de desaparecer, este cultivo se mantiene gracias al esfuerzo de quienes continúan apostando por las variedades tradicionales. Entre las más representativas destacan la cebolla blanca y la cebolla roja o morada, ambas profundamente integradas en la gastronomía canaria.

 

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La cebolla blanca ha sido históricamente la más utilizada en la cocina cotidiana, presente en potajes, calderos y platos tradicionales. La cebolla roja o morada, por su parte, se emplea principalmente en ensaladas, vinagretas y salpicones, además de acompañar preparaciones tan emblemáticas como el gofio escaldado, formando parte habitual de la mesa canaria.

 

Más allá de su valor gastronómico y económico, este cultivo está estrechamente ligado a la memoria colectiva del municipio. Las jornadas de recogida, el atado de las cebollas en ristras, el secado en patios y azoteas, o el trabajo conjunto entre familias y vecinos, forman parte del patrimonio etnográfico que aún permanece vivo en el recuerdo de muchas generaciones.

 

Estas prácticas no solo representaban una forma de producción agrícola, sino también una manera de vida basada en la cooperación, el esfuerzo compartido y el vínculo directo con la tierra.

 

En este contexto, destaca también la consolidación de la marca “Cebolla de Gáldar”, un sello que refuerza la identidad de este producto local y su reconocimiento dentro del ámbito agrícola y gastronómico. Esta marca pone en valor no solo la calidad de la cebolla producida en el municipio, sino también el trabajo, la tradición y la continuidad de un cultivo que forma parte del patrimonio vivo de la zona.

 

La llamada “Ventana Folclórica de las Cebollas de Gáldar” nace con el propósito de reconocer ese legado. No se trata solo de recordar el pasado, sino de poner en valor el trabajo de quienes continúan cultivando la tierra y sosteniendo una tradición que sigue teniendo significado en el presente.

 

Las cebollas de Gáldar no son únicamente un cultivo agrícola: son un símbolo de identidad, de esfuerzo y de continuidad cultural. Representan la historia de un municipio que ha sabido evolucionar sin perder el vínculo con sus raíces.
 

 

Algunas curiosidades:

 

  • Entre ellas destaca la existencia del Grupo Folclórico Los Cebolleros de Gáldar, una formación profundamente vinculada a la identidad musico tradicional del municipio desde 1970, que ha contribuido durante décadas a mantener vivas las tradiciones, la música popular y el llevar nombre de las cebollas y Gáldar por tres continentes.

  • En el ámbito agrícola, existe una creencia muy extendida entre los consumidores: se dice que si la cebolla pica mucho al ser cortada o consumida, es señal de que durante su crecimiento ha sufrido falta de agua en la fase de plantación. Este tipo de observaciones forman parte del conocimiento popular transmitido a lo largo del tiempo.

  • Otra práctica tradicional consistía en la recta final de la cosecha, cuando se solía partir ligeramente el tallo de la planta. Este gesto indicaba que la recogida estaba próxima, ya que se buscaba interrumpir el flujo de savia y favorecer el secado del bulbo, reduciendo así la humedad antes de su recolección. Hoy día, esta practica es menos habitual, hoy se corta el agua directamente.

  • A estas costumbres se suma el prestigio que han alcanzado las cebollas de Gáldar, consideradas tradicionalmente entre las de mayor calidad, no solo dentro del ámbito local, sino también valoradas por su sabor y textura en distintos contextos gastronómicos.

  • Asimismo, forma parte de la tradición oral una curiosa anécdota popular situada en la década de los años setenta del pasado siglo XX, en la que se hablaba del supuesto aterrizaje de un objeto no identificado en una zona de plantación de cebollas. Según este relato, algunas personas que se acercaron al lugar afirmaban haber observado una circunferencia de grandes dimensiones en el terreno, con las cebollas quemadas en su interior, lo que alimentó la creencia de que algún tipo de artefacto habría estado en la zona. Aunque nunca ha sido un hecho verificado, esta historia ha perdurado como parte del folclore local y del imaginario rural del municipio.

  • A la entrada del barrio de Piso Firme y Las Rosas hay una estatua que pone en valor la figura de la mujer cebollera.

 

Este conjunto de tradiciones, saberes agrícolas y expresiones culturales refuerza el valor de un cultivo que trasciende lo puramente económico, consolidándose como un elemento esencial del patrimonio agrícola y cultural del municipio.

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