
Todavía no sé cómo se puede hablar tanto del dichoso fútbol cada noche en que casi todas las emisoras de radio de este país nuestro se disputan el pastel publicitario. Debe ser eso. O, al menos, lo tienen muy en cuenta.
Y cada noche los futbolistas se convierten en héroes o villanos, según las tendencias, y donde los entrenadores, algunos, tampoco se escapan de las opiniones más o menos interesadas. Si la gente que sabe de fútbol supiera la mitad de política general, otro gallo nos cantaría. Por eso digo que estamos metidos en un bucle más o menos ambicioso donde la representación de los intereses comerciales y particulares han encontrado su acomodo. Y están dispuestos los periodistas a hablar de todo: de lo divino y de lo humano.
Hay momentos de exaltación e instantes de negritud ambiental que manifiestan que el dinero lo mueve casi todo. Por eso los héroes y villanos que se visten de pantalón corto y saltan a la cancha solo son eso: gente hábil con sus piernas, pero con poco cerebro la mayoría de ellos. Por eso dicen lo que dicen: sin miedo ni vergüenza alguna. Y así vamos tirando año tras año. En este tiempo tan lleno de conspiraciones nos da por pensar que este bucle en el que andamos inmerso desde hace tiempo no sé si será uno de los tantos que nos dominan.
Y después los tertulianos, irremediablemente, tienen opinión para todo: parecen abarcar todos los temas: no hay ni uno que sostenga sus parcos conocimientos en tal o cual materia: todos aparentan solventar y dominar cada situación, cada asunto que plantea el coordinador o coordinadora del programa de turno, que nunca esconde su peculiar manera de afrontar la realidad. Así que metidos estamos en una especie de alcantarilla que no nos deja respirar y que, al mismo tiempo, impide el natural desarrollo.
No sé siquiera si nos llegamos a explicar debidamente. ¿O acaso estamos dentro de un bucle?
Juan FERRERA GIL































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