Quiero que me beses. (Toda una vida)
Hace ya unos años estalló la conocida como burbuja inmobiliaria; tras pasar varias veces por la Feria del Libro, y siendo un lector ávido de libros, cada vez tengo más claro que otra mucho más gorda tiene que explotar en algún momento. Y no es otra que la de la edición literaria.
Se hace un debate muy interesante entre muchos autores y amigas del mundillo sobre todas estas ediciones, tantos autores prolíficos (entre los cuales me incluyo), y reediciones de clásicos (del cual Lorca se lleva el premio gordo, donde su figura ya hasta me resulta algo cansina de tantas ediciones que se hacen únicamente por el hecho de sacar rédito de él), que no son sino un aspecto limitante del propio sector sobre el que un día todo esto se vendrá abajo sin remedio alguno.
Muchas veces he pensado si, quizá, es buena idea limitar la edición de tiradas o de publicaciones, lo cual ya estaría poniéndose un candado sobre la libertad de publicación. ¿Se ve necesario ese límite restrictivo? Condenar las ideas a la mente de una persona porque hay mucho libro se me antoja escabroso, lúgubre incluso. Pero, por otro lado, el publicar sin ton ni son a quienes solo tienen medios de venta (seguidores, por lo general, a los que colocarles mierda barata) pero no ideas con alto valor es lo que es. Mercado para alimentar a miles de pececillos con los que satisfacer el ansia de estar más cerca de la vida personal de su ídolo. Y me mantengo en alerta con esta afirmación, pues conozco a autores y autoras con fama que sí tienen cosas interesantes que contar a la gente. Pero también conozco el caso contrario, y por eso lo expongo con contundencia.
Con las modas, al final se venden números, y no tanto ideas. Es esa bella distopía que tanto nos acojonaba que ocurriese: somos números incluso entre nuestras propias ideas. Unas más baratas, otras caras; unas simples, pero con oferta, y otras complejas, pero sin trascendencia, de una persona cuyo ingenio en marketing será la única ayuda que obtenga por historias que quizá valgan mucho más.
De todo esto, no se me ocurren conclusiones lógicas. Solamente alternativas a cada cual más absolutista que la anterior, incluso aunque me tuviera que restringir a mí mis propias ideas que buscan una luz por entre las nubes de la materia gris. Es un debate complejo, sin solución clara: pero conversaciones que sería interesantes tener, y que me gustaría poder hablar con toda la gente posible, incluso con autores vivos y muertos.






























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