30M: menos victimismo, más autogobierno
Naciones con o sin estado, nacionalidades o regiones, conmemoran su día como una fecha de reconocimiento, de celebración colectiva, de reivindicación de su identidad. Los canarios y canarias, tras la consecución del autogobierno, lo hacemos cada 30 de mayo. Una fiesta común, en todos los rincones de las islas, también fuera del Archipiélago, de un pueblo que, partiendo de una situación de evidente atraso y abandono por un secular centralismo, ha avanzado mucho en el periodo democrático desde el impulso de las competencias e instituciones propias. Considero que no se trata de fustigarnos con el tantas veces repetido, y casi siempre injusto, “no hay nada que celebrar”, que pone el acento en los problemas y dificultades y olvida los avances experimentados. No es cierto que todo sea negativo; y ello no impide ser serenamente autocrítico y reconocer los errores y carencias, que las hay.
Bueno (y justo) es reconocer los avances que se han dado, y que son muchos, respecto a una Canarias, la de hace apenas cincuenta años, al comienzo de la transición de la dictadura a la democracia, con elevado analfabetismo, niveles bajos de formación, desempleo y pobreza. Con escasa presencia de la mujer en el empleo, las universidades, las empresas y las instituciones públicas. Sin derechos, sin libertades, sin partidos políticos, sindicatos ni organizaciones sociales en los más diversos ámbitos. Con endebles servicios sanitarios y educativos. Una Canarias con malas comunicaciones internas y con el exterior. Con graves problemas de abastecimiento de agua. Con núcleos de población a los que no llegaban los más elementales servicios básicos. El autogobierno fue determinante en la profunda transformación que se produjo.
Estamos, sin duda, mejor que ayer. En la educación, en la sanidad, en la cultura, en las infraestructuras, en el acceso a los servicios públicos en las distintas islas, municipios y barrios, en las condiciones de vida de la mayoría de la población en una tierra que tantas veces supo de hambrunas y de obligadas migraciones a distintos lugares de América Latina… Pero, con toda seguridad, estamos peor que mañana. Superarnos debe ser un objetivo prioritario.
Receptor y acogedor
Y el 30 de Mayo, el Día de Canarias, junto a la celebración -musical, deportiva o gastronómica- resulta un momento propicio para mirar hacia adelante, hacia el futuro que queremos. Y lo hacemos los ciudadanos y ciudadanas de esta tierra, los que diariamente trabajan y se esfuerzan por ella, al margen de su lugar de nacimiento, sin prioridades nacionales, sin primeros ni segundos, todos juntos y juntas, sin marginación, sin concesiones al populismo rampante que fractura las sociedades y estimula la confrontación y el odio.
Fuimos históricamente un pueblo emigrante y hoy somos, por nuestros niveles de desarrollo y por nuestro modelo económico, receptores de personas procedentes de todo el mundo, especialmente de la Unión Europea en la que estamos integrados y de América Latina, con la que nos unen tantos lazos y sentimientos; en mucha menor medida del cercano continente africano. Acogedor, respetuoso con la diferencia e integrador desde los valores de la democracia y los derechos humanos. Y, asimismo, somos hoy un pueblo con algunos problemas graves y que es preciso abordar para tener un mejor presente y futuro. Entre ellos, los referidos a nuestro modelo de desarrollo y a sus consecuencias territoriales, medioambientales, económicas, sociales y demográficas. Y, asimismo a la persistencia de elevados niveles de pobreza y exclusión social.
Límites al crecimiento turístico
En el primer caso, no se trata de demonizar el turismo, una industria que ha incrementado nuestro empleo y bienestar. Generadora de riqueza y empleo, pero que también tiene efectos negativos sobre el medioambiente, como los tiene la industria, la agricultura o la producción de energía. Se trata de minimizarlos y hacerlo más sostenible y, al tiempo, que la población reconozca sus beneficios (y los disfrute) y no solo sufra sus negativos “efectos colaterales”: masificación, pérdida de identidad de sus barrios, crecientes dificultades de acceso a la vivienda… y bajos salarios.
Un objetivo que es difícilmente compatible con un turismo sin límites. Por su ocupación de territorio y sus efectos en el consumo energético y de agua, así como en la depuración de aguas residuales. Por sus consecuencias en los colapsos de tráfico. Por su influencia en el encarecimiento de la vivienda y en la expulsión de gente de sus barrios. Por la desaparición paulatina del comercio local. Y, asimismo, porque el binomio construcción-turismo es el responsable de un crecimiento demográfico en las islas turísticas que difícilmente pueden absorber nuestros servicios públicos e infraestructuras.
Poner límites al crecimiento turístico no es un capricho. Es una necesidad si queremos que el sector sea apreciado por el conjunto de la población y por quienes nos visitan. Hay capacidad para hacerlo. Desde nuestro Parlamento se puede legislar (ya lo hicimos a comienzos de siglo) con una moratoria insularizada a nuevas plazas turísticas, una ecotasa finalista, la desclasificación del suelo turístico no urbanizado o los límites cuantitativos a nuevas camas alojativas. Regulando adecuadamente el alquiler vacacional, lo que no cumple la ley aprobada por CC y el PP. Protegiendo a los residentes y a los pequeños propietarios y no a los grandes operadores, como hace el Gobierno canario. Controlando la especulación y sus efectos sobre el parque residencial.
Desigualdad y pobreza
Otro de los grandes problemas de Canarias es la cronificación de la pobreza y la desigualdad. Crece el empleo, aumenta el PIB, se eleva el gasto turístico y, sin embargo, todo ello convive con los salarios más bajos entre las comunidades autónomas y el mantenimiento de niveles intolerables de pobreza. Cáritas -basándose en los datos del IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España- asegura que más de medio millón de personas viven en la pobreza en Canarias, apuntando como sus principales motores “la falta de acceso a la vivienda y un empleo que ya no protege por su debilidad salarial frente al aumento del coste de la vida”. Afirmando, asimismo, que “el sobreesfuerzo en vivienda y suministros empuja a más de 122.000 hogares por debajo de la pobreza severa, y se cronifican situaciones de precariedad residencial: 218.000 personas viven en vivienda insegura y 342.000 en vivienda inadecuada”.
En los últimos años se ha avanzado en el Estado español en el camino de combatir la elevada pobreza y exclusión social: incremento del salario mínimo interprofesional en 2024 -sin que se produjeran los desastres económicos y las pérdidas de empleos vaticinadas por algunos-, revalorización de las pensiones públicas, implantación del Ingreso Mínimo Vital...
Y, en el caso canario, se añade la Renta Canaria de Ciudadanía que recoge nuestro Estatuto en su reforma de 2018. Pero sus desarrollos son todavía claramente insuficientes, no llegando a todas las personas que lo necesitan para alcanzar unos niveles de vida mínimamente dignos. Además de continuar sin desplegarse complementos previstos en la Ley, como los referidos a vivienda y educación, que son competencia directa del Gobierno de Canarias.
Más autogobierno, mejor gestión
En ambos casos -territorio, medio ambiente y demografía y lucha contra la desigualdad-, las soluciones se encuentran en el autogobierno. Aunque no esté ocurriendo con un Gobierno de Canarias incapaz de tomar una decisión que module y haga más sostenible el turismo y el reparto de la riqueza que genera. Que ahoga financieramente a las universidades y devuelve el 30,5% de los fondos Next Generation asignados a su Consejería. Que acabará la legislatura sin hacer prácticamente nada en materia de vivienda. Al que le sobran miles de millones presupuestados.
Concluyo. Tenemos todo el derecho a festejar la canariedad en este 30 de Mayo, el día de nuestro pequeño país. Pero la canariedad adquiere mucho más sentido cuando tiene carácter incluyente y superador. Cuando no es acomodaticia y resignada. Cuando busca generar condiciones que preserven el territorio y el medioambiente de las Islas. Cuando apunta hacia una mayor e imprescindible equidad. Cuando no acepta una Canarias en que una parte importante de su gente malvive y carece de expectativas para ellos y para sus hijos e hijas. Cuando es plenamente consciente de que, desde aquí, desde el autogobierno, podemos y debemos transformar la realidad sin tutelas ni victimismos.
Román Rodríguez
Secretario nacional de Estrategia, Programas y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc).































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