Orgulloso de ser de aquí

Juan Ramón Hernández Valerón.

[Img #32956]El 30 de mayo se conmemora el aniversario de la primera sesión del Parlamento de Canarias que tuvo lugar en 1983. Se celebra el día con un amplio programa a realizar en todo el Archipiélago con actividades diversas: culturales, deportivas, folclóricas y educativas, cuyos objetivos van encaminados a reivindicar nuestras raíces, y en el que se entregan medallas de oro de Canarias a personas, corporaciones e instituciones que desde dentro o fuera se hayan hecho merecedoras del reconocimiento del pueblo canario. 
 
Con esta breve introducción he querido comenzar este artículo por el que no, lo digo ya de antemano, se me va a proponer para optar a tan preciado galardón. Tampoco lo pretendo.
 
Estoy orgulloso, como dice el slogan, de ser de aquí, de ser canario, de vivir en Canarias. Lo estoy tanto como lo podría estar un andaluz, un catalán o un aragonés de sus raíces.
 
Celebro mis raíces y mi acento, pero si hubiera nacido en el País Vasco, en Galicia o en Cantabria, los celebraría igual.
 
Me encanta mi tierra y su gente, sus paisajes, su geografía, su historia, pero si hubiera nacido en Asturias, en la Rioja o en Murcia, estaría igual de encantado.
 
Admiro a mucha gente de mi tierra canaria, del pasado y del presente, pero lo mismo hubiera sentido, estoy seguro de ello, si hubiera nacido en Castilla –La Mancha, en Castilla –León o en Navarra.
 
Profeso un enorme respeto por la historia de mi tierra y por todos aquellos que la han defendido a lo largo de los siglos y por los que han dado su vida por ella, pero  el mismo sentimiento de respeto sentiría si hubiera nacido en Madrid, en la Comunidad Valenciana o en Extremadura.
 
Me gusta la comida canaria y también su folclore, pero si hubiera nacido en La Rioja, Islas Baleares o en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, me hubieran gustado de igual manera, de lo cual también estoy completamente seguro.
 
Porque debo decir que mis sentimientos por mi tierra canaria no son excluyentes. No pienso en ningún momento que es la mejor, ni la comparo con ninguna otra Comunidad en ningún sentido. Tampoco creo que sea peor que otra. Este sentir mío lleva aparejado, por contradictorio que pueda parecer, la idea de pertenencia a una comunidad más amplia y diversa que, con sus singularidades, hacen un país más fuerte y más unido, abierto al continente y al mundo.
 
Por eso, el Día de Canarias, el día 30 de mayo, no debe ser solamente una celebración en la que se resalten las singularidades canarias, que también, sino una toma de conciencia ciudadana de celebrar nuestra pertenencia al mundo, al que nosotros aportamos nuestro minúsculo granito de arena. Con esta idea desearía dejar a un lado la visión sesgada y miope que algunos quieren destacar.
 
Que no se me entienda mal: celebrar el Día de Canarias es sinónimo de resaltar la idiosincrasia de esta tierra y de una colectividad que tiene una forma de ser y estar en el mundo, de poner en valor un acento determinado, de utilizar el “ustedes” para referirse a los otros, y el “usted” como trato de respeto a los mayores, pero es también, querámoslo o no, el de asumir nuestra historia, el de aceptar los hechos pasados por más que nos duela.
 
Celebrar este día también es poner el foco en la controvertida figura de Tenesor Semidán, cristianizado como Fernando Guanarteme; es reflexionar con seriedad si fue un traidor de su tierra y su cultura o fue un hombre con visión de Estado, un conciliador entre el pasado y la realidad ante la inminente civilización europea que llegaba imparable. 
 
Celebrar el Día de Canarias es aceptar con orgullo el mestizaje de la población canaria, saber que somos una mezcla de gente proveniente de varias regiones españolas, europeas, americanas y portuguesas que se fundieron con la población aborigen llegada del norte de África y que constituyen hoy día un crisol de culturas. Es aceptar también que fuimos hijos de la emigración y que hoy día somos un pueblo receptor de inmigrantes. Y que por uno y otro hecho nos sentimos orgullosos.
 
Celebrar el Día de Canarias es poner en valor las figuras de los hombres y mujeres que vivieron y murieron en este archipiélago y que a lo largo de su vida desarrollaron su oficio, dejando una imborrable huella. Celebrarlo es recordar a los historiadores canarios que dedicaron todos sus esfuerzos y todos sus conocimientos en rastrear la historia de sus habitantes desde sus orígenes hasta el momento actual, y al mismo es recordar también a todos los hombres y mujeres que dieron lo mejor de sí mismos para engrandecer a otros países con su trabajo, su talento y su esfuerzo sin olvidarse de sus raíces canarias.
 
Es escuchar así mismo la música compuesta por canarios dentro y fuera de nuestras fronteras; es deleitarse con las voces de los Sabandeños, los Gofiones, Olga Ramos, Pedro Guerra y otros muchos; es emocionarse leyendo un pasaje cualquiera de Benito Pérez Galdós, Rafael Arozarena, Víctor Ramírez, Tomás Morales, Alexis Ravelo, Cecilia Domínguez; es  recitar un poema de Rafael José Díaz, de Pepa Aurora o de Isabel Medina y de tantos otros que se han dejado y se dejan la piel  poniendo todo su talento al servicio de un arte tan noble y necesario.
 
Es admirar la pintura de Jesús Arencibia, Manolo Millares, Pino Ojeda, Jane Millares Sall, Pepe Dámaso, Juan Ismael, Antonio Padrón, Felo Monzón, y un largo etcétera; es extasiarse frente a una escultura de cualquier artista de esta Comunidad; es disfrutar del genio artístico de César Manrique sembrado por todas las islas; es reír a carcajadas con el humor de Aarón Gómez, Darío López, Nieves Bravo, Antonia San Juan, Omayra Cazorla…; es gozar y sufrir casi al unísono con el juego de nuestros dos equipos más representativos: La Unión Deportiva Las Palmas y el Club Deportivo Tenerife; es celebrar el talento de tantos canarios que pululan a nuestro alrededor.
 
Es también homenajear a todas aquellas personas, hombres y mujeres, que trabajan cada día para hacer de esta tierra un sitio más agradable y solidario. En definitiva es felicitar a todos los que seguimos viviendo aquí y a los que tienen su residencia lejos de estas tierras y que actúan de embajadores pregonando a los cuatro vientos que en un lugar cercano al continente africano, en medio del océano Atlántico, surgieron hace millones de años unas islas que hoy parecen navegar a toda máquina rumbo al futuro, conscientes de que la travesía será larga y que tendrá que enfrentarse a infinidad de tormentas que pondrán a prueba la consistencia del barco, la pericia del capitán y el buen hacer de sus tripulantes antes de llegar a aguas tranquilas  y disfrutar de un puerto seguro, que es lo que deseamos todos los que navegamos en esta vida.
 
Defender la identidad canaria es defender lo canario sin despreciar a los otros. Es ser iguales pero diferentes. Es caminar juntos pero a nuestro ritmo, admirando el paisaje que se ofrece a nuestra vista, tratando de no equivocar el camino y sin querer llegar antes ni después que los demás. Es, por último, disfrutar de la compañía de los otros mientras caminas.
 
Juan Ramón Hernández Valerón.
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