Descentralizar la cultura

Josefa Molina

[Img #10531]Escribo esta columna desde Los Cancajos, en isla de La Palma, donde el pasado fin de semana se celebró un encuentro en el que las palabras y la creación hicieron un fantástico aquelarre literario. Me estoy refiriendo a ExpresARTe, un evento impulsado por la gestora cultural, escritora y actriz Beatriz Gómez, en colaboración con el Ayuntamiento de Breña Baja, municipio palmero que acogió la celebración de la sexta edición de las jornadas literarias.

 

"Un espacio para hacer comunidad”, de esta forma las definió el periodista, escritor y cantautor Ramón Betancor en el marco de una conversación con el escritor palmero Luis León Barreto. La charla sirvió de preámbulo al acto de reconocimiento a la excelencia a Betancor en el marco de estas jornadas, durante las cuales también se brindó homenaje a la poeta palmera Lucía Rosa González y al caricaturista grancanario Nestor Dámaso del Pino.

 

Hacer comunidad. He ahí la esencia de lo que movilizaron unas jornadas que congregó del 21 al 23 de mayo a una treintena de escritoras, poetas y artistas procedentes de las diferentes islas, en una iniciativa cultural que, tal y como afirmó Gómez, se puso en marcha en 2021 con el fin de crear un espacio para la reunión de autores de Canarias y muy especialmente, de La Palma. Ofrecer un espacio para visibilizar, para dar voz y para poner valor a la creación literaria en el contexto de unas jornadas que tuvieron como escenario principal el centro cultural de Las Antiguas Salinas de Los Cancajos, espacio que también acogió la presentación de la revista Expresarte bajo el apoyo del escritor Anelio Rodríguez Concepción y de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Breña Baja, Ana Trujillo.

 

Creo que la celebración de eventos de este tipo revaloriza lo que se auspicia desde las islas más pequeñas en pos de la promoción de la literatura, ofreciendo al público lector la oportunidad de acercarse a obras made in Canarias. De hecho, en el marco de este encuentro se presentaron varias producciones de gran interés como Insomnia. Relatos de terror de las Islas Canarias del teldense José Ramón Navas, quien adentra al público lector en esta obra en las leyendas y cuentos populares canarios; la novela de género negro Las tres muertes de Sarah Colbert de la escritora Arantxa Rufo o el volumen Bajo el Convento de Bibiana Reyes. Por mi parte, tuve la oportunidad de dar a conocer mis dos últimas incursiones literarias, Tiempos de espera y Secretos y Emociones.

 

También hubo espacio para la poesía a través del grupo de Poetas en Rebeldía, cuyos miembros nos recordaron que el verso es también un instrumento de denuncia, de presente y sobre todo, de futuro.

 

Sin embargo, lo realmente importante para mí fue que, durante estos días, se creó un singular ambiente que permitió generar conexiones no solo entre el grupo de escritores invitado sino entre este y el público lector.

 

Cada vez que tengo la oportunidad de formar parte de una cita de estas características pienso en lo necesario que resulta impulsar y potenciar este tipo de espacios, en todos los sitios pero muy especialmente en lugares pequeños en los que la oferta cultural y literaria no llega tan fácilmente.

 

Por eso es indispensable tener en cuenta a las islas no capitalinas cuando se programan actividades culturales y, por supuesto, dentro de cada isla, a los municipios no capitalinos. Es necesario descentralizar la cultura aunque conlleve mayor inversión y esfuerzo organizativo, económico y material.

 

En una ocasión me preguntaron que por qué organizaba siempre actividades en Gáldar, argumentando que la ciudad de las Guayarminas estaba muy lejos de Las Palmas de Gran Canaria, lo que hacía que la gente no asistiera. Respondí que la capital estaba igual de lejos para mí que para las demás personas, es decir, unos 26 kilómetros que, en mi caso, recorro no solo a diario para ir a trabajar sino en ocasiones hasta cuatro veces al día para asistir a distintas actividades.

 

Cuando me plantean estas excusas tan simplistas les recuerdo que la ciudadanía de fuera de la capital también existe. Por cierto, la persona que me lo preguntó, cuando he organizado lecturas en la capital grancanaria nunca ha asistido a ninguna de ellas con lo cual concluyo que no se trata de distancia sino de falta de interés, simple y llanamente, lo cual, por otro lado, me resulta todavía más aterrador dado la escasa acogida que suelen tener las actividades literarias. La literatura requiere cierto grado de compromiso y motivación intelectual y la ciudadanía en general parece no estar por la labor.

 

Vivimos sometidos a un sistema en el que se prima la diversión y el ocio sobre las actividades orientadas, por ejemplo, a la promoción del teatro o la literatura. ¿Ocio versus cultura? ¿Por qué enfrentarlos? Creo que no son incompatibles. Es más, debemos contar con espacios que nos permitan divertirnos bailando en mitad de una plaza pero también con otros que nos inciten a mover las neuronas y nos inviten a la reflexión. Ambos son necesarios ya que ofrecen respuesta a diferentes momentos de nuestra existencia.

 

Ahora bien, también creo firmemente que se debe de mimar la capacidad creadora de nuestros artistas potenciando, por ejemplo, escenarios para la música de autor o para que las nuevas bandas puedan presentar sus temas y no reducir esta oferta solo a grupos que versionan los temas de otros. Es necesario promover espacios para que los personas que pintan puedan mostrar sus trabajos o las que escriban, presentar sus obras. Todas las personas que se dedican al ejercicio del arte necesitan darse a conocer, llegar al público, interactuar con él.

 

La literatura, el cine, la danza, la pintura, la música, el cómic, la capacidad de la creación es lo que nos define y nos diferencia del resto de seres vivos que habitan en este planeta. Seamos más generosos con estas capacidades y con las personas que las cultivan. Son ellas las que hacen más grande al ser humano, especialmente en una época de creciente oscurantismo como en la que estamos inmersos.

 

Dar espacio a las personas que hacen cultura en nuestra tierra es una oportunidad fantástica de ayudar a que se remueva y renueve nuestra masa gris.

 

Disfrutar del arte, en todas sus expresiones y materializaciones, nos permitirá, si no ser más felices, al menos sí ser más conscientes y presentes en este mundo que, tal y como está la cosa, solo ya por eso es bastante de agradecer.

 

Josefa Molina

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