
Cada 30 de mayo, mientras Canarias celebra su día grande, el barrio de Caideros de Gáldar se convierte en el corazón de las tradiciones canarias. Allí, entre pastores, ovejas, música popular y olor a tierra viva, se celebra la Fiesta de la Lana y la Trasquilada, una cita que este año alcanza su XXX edición consolidada como una de las manifestaciones etnográficas más importantes de Gran Canaria y reconocida desde hace años como Fiesta de Interés Turístico de Canarias.
Lo que comenzó en los años noventa del pasado siglo XX como un proyecto piloto impulsado por vecinos y personas comprometidas con la conservación de las tradiciones rurales, ha terminado convirtiéndose en una auténtica referencia cultural y folclórica dentro del Archipiélago. Nadie imaginaba entonces que aquella iniciativa nacida con humildad y cariño por las costumbres del campo alcanzaría con el paso de los años el prestigio y el reconocimiento popular del que hoy disfruta.
Treinta años después de sus comienzos, la fiesta continúa conservando intacta su esencia: rendir homenaje al mundo rural, a los ganaderos, a los pastores y a todas aquellas personas que hicieron del campo su forma de vida. La tradicional trasquilada de las ovejas sigue siendo el acto central de una jornada que recuerda cómo antiguamente los pastores se reunían para ayudarse mutuamente en el corte de la lana, manteniendo vivo un oficio transmitido de generación en generación.
Ver llegar el ganado desde los cortijos cercanos hasta Caideros es contemplar una imagen que conecta directamente con la memoria de nuestros mayores. Las tijeras cortando la lana, el sonido de los cencerros y la presencia de los pastores recrean un paisaje humano y cultural que forma parte de la identidad de los Altos de Gáldar. Cada edición supone un reconocimiento al esfuerzo silencioso de quienes han dedicado su vida al ganado, al queso artesanal y a la conservación de unas costumbres que hoy siguen siendo orgullo de todo un pueblo.
Precisamente, uno de los aspectos más emotivos de la Fiesta de la Lana es el homenaje que cada año se realiza a personas allegadas y vinculadas estrechamente con el espíritu de la celebración. Pastores, ganaderos, artesanos, vecinos y colaboradores que han contribuido a mantener viva la tradición reciben el cariño y el reconocimiento público de un pueblo agradecido por su dedicación y compromiso. Son homenajes cargados de emoción y sentimiento, donde se pone en valor la labor de quienes han trabajado durante toda una vida para conservar las raíces y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Pero si hay algo que ha marcado la historia de esta fiesta durante estas tres décadas ha sido también su estrecha unión con el folclore canario. Por el escenario de la Fiesta de la Lana han pasado algunos de los mejores grupos y artistas del panorama regional, convirtiendo a Caideros en un punto de encuentro imprescindible para la música tradicional de las islas.
Agrupaciones y artistas como Los Sabandeños, La Trova, Los Faycanes, Los Cebolleros, Facaracas, Yeray Rodríguez, Parranda de Guaguas, Los Gofiones, Manantial del Real, Los Majuelos, Sabor de Gayres, Coros y Danzas de Ingenio, Los Cabuqueros, Surco y Arado, A.F. Tetir, Nueva Tradición, 8 Orillas, etc. además de solistas y músicos como Domingo Rodríguez El Colorao, Javier Cerpa, Pedro Manuel Afonso o Carla Vega, han dejado su huella en una fiesta donde las isas, folías, malagueñas y seguidillas forman parte inseparable del ambiente popular.
Con el paso de los años, la Fiesta de la Lana y la Trasquilada ha logrado también un enorme reconocimiento popular, convirtiéndose en una cita esperada no solo por los vecinos de Caideros y Gáldar, sino por personas llegadas de distintos puntos de Gran Canaria y del resto de las islas. Son miles las personas que cada año acuden a esta celebración atraídas por su autenticidad, por el calor de su gente y por la oportunidad de vivir una de las fiestas más genuinas del folclore y las tradiciones canarias. Ese cariño del público ha sido, sin duda, uno de los pilares fundamentales para que la fiesta haya crecido sin perder nunca su esencia.
La música, la artesanía, las exhibiciones de deportes autóctonos, la gastronomía tradicional y la hospitalidad de la gente convierten cada edición en una auténtica celebración de la identidad canaria. El sancocho, la pella de gofio, las tortillas con miel, el queso artesanal y los productos de la tierra siguen reuniendo a vecinos y visitantes alrededor de una mesa compartida, como se ha hecho siempre en los pueblos de nuestras medianías.
Sin embargo, el verdadero valor de la Fiesta de la Lana no se encuentra únicamente en el programa de actos ni en el reconocimiento alcanzado con los años. Su grandeza está en el sentimiento que despierta en quienes la viven desde dentro. Porque esta fiesta no solo recuerda el pasado; también reafirma quiénes somos.
Galería fotográfica de la Fiesta de la lana 2008 en este enlace






























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