Primero nuestra gente, en el Casino de Gáldar

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #6639]Canarias vive estos días una intensa actividad de exposiciones, muestras y actos culturales vinculados a nuestras tradiciones. En prácticamente todos los municipios del archipiélago se suceden iniciativas que buscan mantener viva la memoria colectiva: la alfarería, la fotografía histórica, la indumentaria tradicional, las herramientas del campo, la música popular o las recreaciones etnográficas siguen presentes en una agenda cultural que intenta sostener el vínculo con lo propio.

 

Sin embargo, buena parte de ese patrimonio continúa dependiendo del esfuerzo constante de colectivos, investigadores y personas a título individual que trabajan desde lo local, muchas veces con recursos limitados, para preservar aquello que no siempre encuentra continuidad en las dinámicas más visibles de la programación cultural. No se trata de ausencia de interés, sino de una cierta tendencia a que lo cercano conviva en segundo plano con propuestas de mayor proyección o impacto.

 

Y es precisamente ahí donde reside su valor: en la persistencia de lo cotidiano frente a lo efímero de lo escénico. Un telar, una cama antigua o un objeto doméstico no son piezas aisladas, sino fragmentos de una forma de vida que todavía explica quiénes somos. La cultura tradicional canaria no necesita grandes artificios para tener fuerza; la tiene por sí misma, aunque no siempre ocupe el lugar que su densidad simbólica sugiere.

 

En ese contexto se enmarca la exposición “Recordando el pasado”, inaugurada en el Casino de Gáldar con motivo de su 179º aniversario y del Día de Canarias. La muestra no se limita a exponer objetos, sino que reconstruye un entorno doméstico reconocible para muchas generaciones, donde la cama de forja, los muebles de madera, los textiles, la alfarería, el calado o la imaginería religiosa aparecen como huellas de una memoria compartida.

 

El visitante no solo observa: reconoce. Y en ese reconocimiento se activa una forma de pertenencia que convierte la exposición en algo más que una muestra, en una experiencia cultural compartida. El valor de esta propuesta no reside únicamente en las piezas expuestas, sino en la forma en que han sido reunidas y contextualizadas, convirtiendo el patrimonio doméstico en relato cultural.

 

Mención especial merece el trabajo de Antonio Mateos Armas y Carmen Teresa Perera López, responsables de la muestra, cuya labor de recopilación y puesta en valor permite reconstruir con rigor y sensibilidad este universo doméstico. El acompañamiento del grupo Tambor de Cabra y la ambientación escénica contribuyen a reforzar esa atmósfera de evocación.

 

El Casino de Gáldar reafirma así su papel como espacio donde la cultura se vincula directamente con la identidad y la memoria del territorio.

 

En el ámbito cultural conviven hoy discursos que reivindican lo propio, lo cercano y lo identitario con una realidad en la que la programación se construye desde una pluralidad de enfoques, formatos y procedencias. En ese sentido, ciertos principios ampliamente compartidos adquieren una lectura más matizada cuando se observan en la práctica cotidiana. No siempre lo que se formula como prioridad ocupa, en la misma medida, el espacio que la realidad cultural termina configurando.

 

No se trata de contraponer ni de establecer jerarquías cerradas, sino de observar cómo se articulan las decisiones culturales en su desarrollo real, y qué lugar ocupan en ellas los proyectos que nacen desde el propio territorio.

 

Porque, al final, la cultura no se define solo por lo que se dice, sino por lo que permanece, lo que se impulsa y lo que consigue sostenerse en el tiempo.

 

Porque hay cosas que no se explican del todo en un texto, sino que se sienten cuando uno las tiene delante. Esta exposición no es solo una mirada al pasado, sino una forma de reconocerse en él.

 

Quien quiera salir de dudas, entender mejor de qué hablamos cuando hablamos de memoria, identidad y patrimonio, tiene una oportunidad sencilla y directa: acercarse al Casino de Gáldar y recorrer la exposición “Recordando el pasado”.

 

A veces, la mejor manera de comprobar si algo es verdad no es leerlo, sino verlo.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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