Gáldar, el ayuntamiento de la purpurina

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Pan y circo. Nada nuevo bajo el sol. Ya en la antigua Imperio romano los gobernantes entendieron que mientras hubiera espectáculo, ruido, fiestas, comida y entretenimiento, el pueblo tendría menos tiempo para pensar en los problemas reales. El poeta romano Juvenal acuñó aquello de “panem et circenses”, una fórmula simple pero tremendamente efectiva: mantener entretenida a la población para evitar el descontento social y político. Y siglos después, parece que algunos ayuntamientos han perfeccionado la técnica con confeti, escenarios gigantes, conciertos, fuegos artificiales y toneladas de purpurina institucional.
 
Porque en Gáldar ya se empieza a respirar el ambiente de lo que prometen ser unas Fiestas de Santiago “inolvidables”, “espectaculares”, "sublimes" y todos esos adjetivos que casualmente aparecen siempre cuando se acercan elecciones. Casualidades de la vida. El Ayuntamiento ya ha empezado a anunciar artistas y grandes eventos para las Fiestas Mayores de Santiago 2026 (más lo que queda), con conciertos multitudinarios y despliegues que apuntan a tirar la casa por la ventana.
 
Y claro, la pregunta es inevitable: ¿de dónde sale tanto dinero y tanto entusiasmo repentino? Porque durante años hay vecinos que se quejan de problemas cotidianos, barrios olvidados, infraestructuras mejorables, tráfico, vivienda, limpieza o servicios básicos, pero cuando llegan las fiestas parece abrirse una dimensión paralela donde sí hay presupuesto infinito para luces, escenarios, voladores y purpurina, espectáculos... La prioridad está clara: que no falte música alta, fuegos artificiales y fotos para redes sociales.
 
Se comenta incluso, en tono ya casi legendario, que vienen cargamentos enteros desde China repletos de purpurina industrial y voladores supersónicos preparados para rociar cada rincón del casco histórico, como si el objetivo fuera convertir Gáldar en una mezcla entre carnaval permanente y parque temático electoral. Entrar al Casco durante las fiestas será probablemente salir con brillantina hasta en la declaración de la renta. Y mientras más brillo haya en el aire, menos visibles parecen ciertos problemas sobre el suelo.
 
Porque la estrategia es sencilla: entretenimiento constante, agenda saturada de actos, conciertos, romerías, galas, humor, fuegos y festivales para mantener la atención colectiva enfocada en la fiesta continua. El calendario municipal prácticamente no descansa entre celebraciones culturales, actos festivos y eventos populares. Y ojo, que nadie está en contra de celebrar tradiciones o dinamizar la ciudad, pero otra cosa distinta es convertir la política municipal en una máquina permanente de espectáculo donde gobernar parezca organizar verbenas a tiempo completo.
 
Las Fiestas de Santiago siempre han sido importantes para el municipio, eso es evidente, pero este año ya se percibe un tono especialmente grandilocuente. El propio Ayuntamiento habla de conciertos multitudinarios y programación a gran escala. Porque no son unas fiestas cualquiera. Son las últimas antes de las elecciones. Y eso cambia muchas cosas.
 
Al final, la purpurina tiene algo curioso: brilla muchísimo mientras cae, deslumbra, distrae y llena el ambiente… pero cuando pasan unos días termina pegada al suelo, en las aceras y en las esquinas, recordando que el espectáculo fue efímero. Y quizás ahí está la gran cuestión: cuando se apaguen los focos, se recojan los escenarios y termine la música, ¿qué quedará realmente para el pueblo además de fotos, ruido y toneladas de brillantina política?
 
Y por supuesto, en todo este gran espectáculo municipal no pueden faltar los imprescindibles palmeros oficiales, esa legión siempre preparada para defender al grupo de gobierno con una pasión casi religiosa, como si criticar una decisión política fuera atacar directamente las fiestas, las tradiciones y hasta el honor del municipio. Porque en Gáldar parece que existe una norma no escrita: puedes opinar, sí… siempre y cuando la opinión sea un aplauso.
 
Basta una crítica mínima en redes sociales, un comentario incómodo o una pregunta sobre prioridades o gestión para que aparezca inmediatamente el ejército de guardianes y guardinas del régimen festivo. Están perfectamente entrenados. Saltan con rapidez quirúrgica, organizados como un comando de defensa institucional, listos para desacreditar, ridiculizar o intentar silenciar a cualquiera que ose romper la narrativa oficial de felicidad permanente. No importa si la crítica es razonable o si simplemente plantea dudas legítimas; automáticamente eres “un amargado”, “un resentido”, “uno que no quiere a Gáldar” o el clásico “siempre criticando todo”.
 
La estrategia funciona porque mezcla sentimentalismo, fanatismo político y espectáculo continuo. Mientras haya conciertos, voladores, luces y purpurina cayendo del cielo, cualquier cuestionamiento se convierte poco menos que en un sacrilegio. Y así se construye una especie de realidad paralela donde todo es maravilloso, histórico y espectacular, mientras los problemas reales deben esperar porque ahora “no toca criticar”, ahora toca bailar, aplaudir y subir stories.
 
Lo más curioso es que muchos de esos defensores actúan como si fueran parte del propio gobierno, como si les hubieran entregado un manual invisible del perfecto palmero moderno: nunca reconocer errores, atacar al crítico antes que responder al argumento y repetir constantemente que “nunca se había hecho tanto por el pueblo”. Y todo ello acompañado de esa superioridad moral tan típica del fanatismo local, donde discrepar ya no es ejercer pensamiento crítico sino convertirse automáticamente en enemigo público del municipio.
 
Roma tenía gladiadores y circo. Aquí tenemos redes sociales, fuegos artificiales y comentaristas de guardia permanente. Cambian las épocas, cambian las herramientas, pero el mecanismo sigue siendo prácticamente el mismo: entretenimiento constante arriba del escenario y una claque perfectamente sincronizada vigilando desde abajo para asegurarse de que nadie rompa demasiado la ilusión colectiva.
 
Guayarmina Guanarteme
 
 
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