Denuncias ciudadanas

Una familia de Santa María de Guía reclama más apoyo tras el ictus de su padre

“No podemos quedarnos solos cuando empieza la recuperación”

Vidal Bolaños Betancort Viernes, 22 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

La hija de un paciente ingresado tras sufrir un ictus denuncia las dificultades para acceder a ayudas, adaptar la vivienda y garantizar la rehabilitación una vez reciba el alta médica. La familia pide a las administraciones más sensibilidad, rapidez y compromiso con los pacientes dependientes y sus cuidadores.

 

Una familia de Santa María de Guía atraviesa una situación límite tras el ictus sufrido por su padre, un paciente que, después de ser hospitalizado e intervenido en el Hospital Universitario Insular, fue trasladado posteriormente a la clínica ICOT de Telde para continuar con su recuperación y rehabilitación.

 

A pocos días de su posible regreso a casa, su hija se encuentra inmersa en una carrera de trámites, solicitudes y esperas para intentar garantizar que su padre pueda volver a su domicilio en unas condiciones mínimas de dignidad, seguridad y cuidado. Sin embargo, según relata la familia, la respuesta institucional no está llegando con la rapidez ni la sensibilidad que una situación así requiere.

 

La hija del paciente asegura que todavía está pendiente de que se adapte el acceso a la vivienda familiar, una necesidad básica para una persona que sale de un proceso hospitalario grave y que necesitará apoyo para su movilidad, aseo y cuidados diarios. A día de hoy, denuncia que continúa sin recibir una solución clara.

 

A esta situación se suma, según la familia, la negativa recibida en los servicios sociales del Ayuntamiento de Santa María de Guía para acceder a determinadas ayudas. La hija afirma que se le indicó que, debido a los ahorros generados por su padre durante sus años de trabajo y al hecho de tener una vivienda en propiedad, no tendría derecho a recibir apoyo.

 

La familia se pregunta entonces cuál es la verdadera vara de medir. Consideran injusto que una persona que ha trabajado toda su vida, que ha logrado ahorrar con esfuerzo y que posee una casa, pueda quedar fuera de ayudas necesarias en un momento de dependencia sobrevenida. “No se trata de vivir de ayudas, se trata de poder cuidar dignamente a una persona enferma cuando la familia no tiene medios suficientes para afrontar sola todo lo que viene después de un ictus”, señalan.

 

El caso se agrava con la rehabilitación posterior al alta. Según traslada la familia, desde ICOT se les ha comunicado que, una vez el paciente regrese a casa, le correspondería continuar durante un mes más con sesiones de rehabilitación en la clínica de Telde. Esto obligaría al paciente a desplazarse desde Santa María de Guía hasta Telde, con todo lo que ello implica para una persona que aún se encuentra en recuperación.

 

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Además, la familia afirma que se les ha indicado que durante las tres horas de rehabilitación deberá permanecer un familiar acompañando al paciente, por si necesitara agua, ayuda o cualquier otra atención básica. Esta exigencia supone una carga añadida para su hija, que asegura no contar con medios para asear a su padre en casa antes del traslado, acompañarlo en transporte público hasta Telde, permanecer allí durante toda la sesión y, al mismo tiempo, atender a su propia hija pequeña en edad de guardería.

 

La situación refleja una realidad que viven muchas familias: el momento del alta médica no siempre significa el fin del problema, sino el comienzo de una etapa aún más dura. La recuperación de un ictus no depende únicamente de médicos, clínicas o sesiones de rehabilitación. También depende de si la vivienda está adaptada, de si existe apoyo para el aseo, de si hay transporte adecuado, de si los cuidadores pueden conciliar y de si las administraciones responden a tiempo.

 

La familia reclama que las instituciones públicas miren más allá de los expedientes y los criterios económicos rígidos. Piden que se valore la realidad completa de cada caso, especialmente cuando se trata de personas mayores, pacientes dependientes o familias cuidadoras sin recursos suficientes para asumir solas una situación tan compleja.

 

Este caso abre también un debate más amplio sobre el modelo sanitario y social. La derivación a centros concertados o privados para cubrir servicios sanitarios necesarios puede ser una solución administrativa, pero no siempre resuelve las dificultades reales de los pacientes y sus familias. Cuando una persona debe desplazarse decenas de kilómetros para recibir rehabilitación, cuando se exige la presencia permanente de un familiar y cuando las ayudas llegan tarde o no llegan, el sistema deja demasiada carga sobre los hombros de quienes ya están agotados.

 

La familia hace un llamamiento a las autoridades competentes para que actúen con mayor rapidez y humanidad. Reclaman soluciones concretas: adaptación urgente del domicilio, apoyo para el aseo y cuidados básicos, transporte adecuado para la rehabilitación y una revisión más justa de los criterios de acceso a las ayudas sociales.

 

Porque detrás de cada solicitud hay una persona enferma. Detrás de cada expediente hay una familia intentando no derrumbarse. Y detrás de cada retraso administrativo puede haber un paciente que pierde calidad de vida.

 

“Es hora de empezar a pensar más en estas familias y pacientes”, reclama la hija. “No podemos seguir normalizando que quienes cuidan se queden solos. La sociedad debe alzar la voz por unos servicios públicos más humanos, más rápidos y más justos”.

 

El caso de esta familia de Santa María de Guía no es solo una denuncia particular. Es un recordatorio de que la recuperación de una persona tras un ictus no termina en el hospital. Continúa en casa, en los desplazamientos, en la rehabilitación, en el baño, en la cama, en la alimentación y en cada pequeño gesto diario. Y para que esa recuperación sea posible, las familias necesitan apoyo real, no puertas cerradas.

 

Vidal Bolaños Betancort

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