Gentes e Historia

Entrevista con Fernando José Bolaños Artiles, historiador

El historiador grancanario destaca la importancia de los archivos y la tradición ganadera en la reconstrucción del pasado de Guayadeque, subrayando el valor de la documentación antigua para comprender la convivencia entre indígenas y colonos.

Armando Pérez y Tejera Viernes, 22 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Fernando Bolaños ArtilesFernando Bolaños Artiles

La historia de Canarias se construye a través de la constancia de investigadores que, con paciencia y respeto, devuelven la voz al documento mudo. Ese es el camino que define a Fernando José Bolaños Artiles, docente del Departamento de Ciencias Históricas de la ULPGC y galardonado recientemente con la prestigiosa beca Chil y Naranjo. Su producción científica suma un nuevo hito con la publicación de Las Cumbres del Guayadeque, Toponimia e Historia Familiar, un exhaustivo estudio toponímico y genealógico realizado junto a Faneque Hernández Bautista. Para el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, el éxito de este libro y de su carrera es un motivo de profundo orgullo compartido. Aquí, en nuestra sala de consulta, dio sus primeros pasos como investigador, ganándose el aprecio y el cariño de un equipo que vio nacer su vocación entre protocolos y documentos antiguos. Fernando, agradecemos tu presencia hoy aquí, en Infonortedigital, donde tenemos un compromiso firme con la historia de Canarias
 

En tu investigación, ¿cómo articula la convivencia entre descendientes de indígenas canarios y colonos procedentes de Lanzarote y Fuerteventura como un proceso histórico verificable y no solo como un relato identitario?

 

Si definimos el pastoreo en las cumbres del señorío de Agüimes en el siglo XVI, se puede observar la continuidad de la tradición pecuaria indígena en la fase posterior de la conquista, donde antiguos canarios que quedaron bajo una división político-administrativa entre la jurisdicción civil (ostentada por el obispo) y criminal (por el gobernador) continuaron con las tradiciones pecuarias indígenas en los altos del Señorío, tal y como atestigua la familia de Fernán de Canaria y sus descendientes (con apellidos como Hernández, Hidalgo, Martín, Sánchez, etc.) tras su regreso de la conquista de la isla vecina de Tenerife. Sin embargo, a esta tendencia se sumó la arribada de colonos procedentes de Lanzarote y Fuerteventura, los cuales tenían una marcada tradición ganadera, destacando los criadores de apellido Alemán, Aday, Herrera o Sánchez Calderón, mezclándose estos con los primeros rápidamente debido a su dedicación pastoril. Este es un proceso histórico verificable porque esa convivencia eventual en los altos de Guayadeque, en su mayoría dedicada al pastoreo trashumante de ganado caprino, dejó su huella en la documentación presente en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, donde se atestigua la posesión de hatos en las cumbres del Guayadeque, pertenecientes a algunas de las familias anteriormente mencionadas, a través del testamento de Juan Alonso ante Roque Díaz en 1554.
 

¿Qué tipo de documentación has consultado y cuál ha sido la más determinante?

 

Se ha consultado todo tipo de documentación, tanto primaria como bibliográfica para la elaboración del libro, sin duda, la más determinante ha sido la presente en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas y en el Archivo Parroquial de Agüimes, ya que a partir de estas últimas se han confirmado las hipótesis que se habían planteado con respecto al poblamiento de las cumbres del Guayadeque en cada uno de los siglos que han sido trabajados. Por un lado, la documentación del AHPLP nos ha permitido constatar la presencia de ganaderos en los altos del señorío y las continuas disputas que tuvieron con los agricultores de la zona, llegando a establecer guardianes encargados exclusivamente de proteger sus tierras del ganado invasor. Por otro, en el APA se han descubierto las raíces genealógicas de los habitantes en cada una de las centurias de las cumbres de los municipios de Ingenio, permitiendo un estudio mucho más serio y contrastado.
 

¿Cómo describirías el valor histórico de los autos judiciales de 1691?

 

Este pleito entre los curatos del señorío de Agüimes y de Tirajana tiene un alto valor histórico, ya que si bien fue trabajado en su momento por el ilustre Santiago Cazorla León, no se había determinado quiénes eran las personas que testificaron a favor de un bando u otro, o siquiera que fue lo que argumentaron en sus respuestas a las preguntas que les fueron formuladas, ahora podemos constatar qué dijeron sobre los límites de cada una de las jurisdicciones que estaban enfrentadas, sobre todo por la ermita de nuestra señora de Guadalupe, pero también por los territorios de Sardina y Aldea Blanca, aunque estos últimos quedaron en litigio hasta finales del siglo XVIII.
 

¿Qué dificultades presenta trabajar con documentos de esta antigüedad?

 

Los documentos que se han trabajado implican una dificultad seria que recae sobre investigadores que han dedicado gran parte de su trayectoria profesional a la lectura de los distintos tipos de letra que contienen, ya que sobre todo la procesal o la procesal encadenada en aquellos documentos de una mayor longevidad, hacen que tengan que ser trabajados por expertos en la materia, y aunque yo no me considero uno de ellos, tras varios años trabajando con este tipo de documentos, los extractos que se reflejan en el libro son de una alta calidad. La mayoría de la documentación se encuentra en mal estado, debido a las diferentes condiciones climatológicas por las que han pasado y por su propio deterioro y antigüedad, lo que provoca que muchos de ellos tengan moho, estén descosidos o prácticamente se hayan desintegrado. Sin embargo, gracias al continuo trabajo del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, muchos de ellos se están restaurando en la actualidad, por lo que esto favorece mucho la lectura por parte del investigador. Además, con respecto al resto de archivos, nos encontramos ante la dificultad que presenta cada uno de los escribanos, y es que cada uno escribía “a su manera”, haciendo que cada legajo sea una nueva oportunidad para aprender y para conocer más datos sobre nuestra historia, algo en lo que Faneque Hernández y yo estamos completamente de acuerdo.

 

¿Existen contradicciones entre las fuentes históricas y la delimitación administrativa actual?

 

Existen muchas contradicciones, ya que el Señorío eclesiástico de Agüimes abarcaba un extenso territorio que se ha ido reduciendo cada vez más, sobre todo a partir de la partición con Ingenio acaecida en 1816. El señorío fue perdiendo territorio debido a la calidad de sus tierras y a que desde un principio no se delimitaron sus lindes, desde la propia carta de confirmación del señorío entregada por los Reyes Católicos a Fray Miguel López de la Serna el 20 de enero de 1487, motivo por el cual la actual iglesia de San Sebastián recibe este nombre. En un principio, las lindes quedaron marcadas por los mojones del antiguo guanartemato, pero el hambre de tierras tras la conquista provocó el enfrentamiento entre los dos grandes poderes, el del obispo y el del gobernador de la isla, dando lugar al famoso “pleito sobre linderos” definido por Santiago Cazorla León, y que no tuvo una fácil solución, ya que hasta 1691 no se vuelven a remarcar las lindes del señorío, debido al pleito entre los curatos de Agüimes y Tirajana ya mencionado. Finalmente, el señorío de Agüimes perdería sus antiguas posesiones, como lo fueron Pozo Izquierdo, Aldea Blanca o Sardina, que hoy en día forman parte de Santa Lucía de Tirajana. Por la cumbre acabarían perdiendo los municipios de Agüimes e Ingenio sus cumbres, que quedaron limitadas al Caidero del Orián, aunque llegaban hasta la Montaña de Marrubio e incluso más arriba a la raya de división de La Vega, que no es otro territorio que el de los actuales municipios de Santa Brígida y San Mateo, quedando todo aquel territorio “usurpado” por el municipio de Valsequillo después de un pleito entre los municipios de Ingenio y Valsequillo acontecido en 1890. Por último, la linde con Telde siempre estuvo bien definida, ya que se estableció en el barranco del Draguillo, mientras que por el lado de Tirajana fue el Barranco de Balos, y aunque algunas apreciaciones, como la que se hace en el siglo XVII donde se menciona que el Valle de los Nueve sería jurisdicción de Agüimes, no se concreta que parte de este último lo era o si era todo el territorio, que en el pasado integraba también a Lomo Magullo.

 

El libro menciona la llegada de pobladores de las medianías y cumbres de Telde en el siglo XVIII. ¿Qué factores socioeconómicos concretos impulsaron estos desplazamientos internos y cómo se reflejan en las fuentes?

 

Los factores socioeconómicos que impulsaron este tipo de desplazamientos siempre fueron los mismos, el hambre de nuevas tierras y la intensificación de los cultivos, sobre todo los de subsistencia, porque si bien en el siglo XVI la mayoría de la población estuvo dedicada al cultivo de la caña de azúcar, y durante el XVII al de la vid en Tenerife, durante esta centuria y la posterior Gran Canaria estuvo protagonizada por la lucha entre agricultores y ganaderos por hacerse con dos recursos naturales que cada vez eran más escasos, los cuales eran la tierra y el agua. Estos últimos quedaban en manos del sector dominante de la sociedad, haciendo que la mayoría de los agricultores quedasen bajo la jornaleria, medianería o aparcería, mientras que los ganaderos luchaban a su vez con los agricultores por obtener más tierras dedicadas al pasto, un enfrentamiento que dio lugar al desplazamiento de población de las zonas altas de Telde hacía Agüimes, así como había sucedido décadas antes desde el norte de la isla hacía las cumbres del señorío de Agüimes.

 

En términos metodológicos, ¿cómo equilibraste la evidencia arqueológica, la documentación escrita y la tradición oral para construir un relato coherente sobre la ocupación histórica de las cumbres del Guayadeque?

 

Fundamentalmente, el libro está basado en las fuentes escritas, que componen la mayoría de la documentación que se presenta en este último. Las evidencias arqueológicas y las fuentes orales acompañan a estas últimas, logrando una simbiosis que confirma lo que fue escrito en siglos pasados. Sobre todo, en las centurias más próximas a nuestros días, las fuentes orales se convirtieron en una fuente clave, ya que las personas que han ayudado con sus palabras muestran la realidad de las cumbres del Guayadeque en el siglo XX y en la actualidad, además de ayudarnos a definir muchos de los lugares que componen la zona en la que hemos emplazado nuestro estudio.

 

¿Qué papel desempeñaron las actividades pastoriles y ganaderas en la configuración de la identidad cultural del territorio, y cómo se manifiestan estas prácticas en la memoria colectiva actual?

 

Han desempeñado un papel clave en la formación de la identidad cultural de la zona, ya que estas tareas agropecuarias tradicionales no han desaparecido, siguen vigentes gracias a personas como las que se muestran en la obra, y a las que tanto Faneque Hernández como yo agradecemos su colaboración, estos son Eva López Cazorla, Pilar Rodríguez Bordón, Antonio Guedes Martel, Carmelo González López, Rafael Bordón Santana y Teresita Ruano; unos apellidos que han sido estudiados a nivel genealógico y que han sido entrevistados en muchos casos demostrando la implicación de estas prácticas agropecuarias en su vida diaria, así como un conocimiento del terreno y de estas actividades pastoriles y ganaderas que han perdurado durante generaciones y que se han instalado en la memoria colectiva.

 

El mestizaje cultural es un eje central del libro. ¿Cómo evitas caer en una visión romántica del concepto y lo abordas desde una perspectiva histórica crítica?

 

En ningún momento se ha abarcado este mestizaje cultural que se produjo en las cumbres del Guayadeque a lo largo de los siglos de manera romántica, sino basándonos en fuentes fiables y contrastadas que abarcan sobre todo la bibliografía existente y las fuentes archivísticas, lo que abarca una perspectiva histórica crítica con respecto a este mestizaje cultural desde el punto de vista del pastoreo y la ganadería como eje central de la investigación en las Cumbres del Guayadeque.

 

Dado que el Ayuntamiento de Agüimes ha tenido un papel central en el impulso del libro y que Ingenio ha participado de forma más puntual, ¿cómo se ha articulado la colaboración entre ambos municipios en el desarrollo de esta obra?
 

El libro ha sido impulsado principalmente por la colaboración del Ayuntamiento de Agüimes, quien ha plasmado su esfuerzo por definir tanto la cultura como la memoria colectiva del pueblo. Por lo tanto, debemos agradecer a Efraín y Óscar su colaboración continua y el gran trabajo que han realizado para apoyar esta obra y todos los proyectos que se plasman en Agüimes con un recibimiento ejemplar por parte de la población. Por su parte, Ingenio también ha apoyado esta obra, aunque si no lo ha hecho de forma protagonista, siempre ha mantenido una buena relación con la obra y ha prestado su ayuda en los momentos en los que la hemos precisado.

 

¿Qué aportaciones nuevas realiza tu obra respecto a estudios previos sobre Guayadeque, especialmente en lo relativo a la ocupación de las cumbres y no solo del barranco principal?

 

Esta obra trabaja aspectos que no se habían tratado de forma previa, algunos de los trabajos han estado centrados en aspectos que no tratan de forma céntrica o como eje vertebrador de la investigación el valor patrimonial y cultural del barranco de Guayadeque, sino otros elementos que acaban por tratar de manera indirecta la importancia de este último. Mucho menos se había hecho con respecto a esta zona del barranco, la más alta, situada junto a lo que hoy en día conocemos como “la cumbre”, por lo que realizamos una aportación totalmente novedosa en la que confluyen cuatro aspectos esenciales, el estudio geográfico, histórico, genealógico y toponímico, dando lugar a una concepción que no se había visualizado hasta el momento del barranco de Guayadeque, en la que confluyen a su vez la arqueología, patrimonio, cultura, fuentes escritas y bibliografía para crear una obra de carácter riguroso, que no se centra de manera específica en ninguna de ellas, evitando poner el foco en su protagonismo arqueológico con, por ejemplo, las famosas momias del barranco, para darle un enfoque más social, y analizar las familias que residieron allí, por qué llegaron y por qué acabaron abandonando el campo en un éxodo rural que fue común al resto de la isla.
 

En tu análisis, ¿cómo influyó la disponibilidad de agua en la organización social y económica de las familias que habitaron estas zonas altas?

 

El agua siempre fue el recurso más importante para la supervivencia del ser humano en cualquiera de las tesituras que se encontrase, ya que junto a la tierra se comprendieron como los dos recursos naturales más valorados en la sociedad grancanaria tanto antes como después de la conquista. En el caso de las zonas altas, el agua fue un factor clave en la organización social, sobre todo a partir del siglo XVIII cuando se convirtió en un recurso escaso que acabó en manos del sector dominante de la sociedad, ya que al haber poco siempre acaba en manos, precisamente, de unos pocos. Así pasó también con la tierra, provocando que agricultores y ganaderos quedasen en una situación de severa escasez, obligados a trabajar las tierras de otros muchas veces para poder subsistir y llevar la comida necesaria para la supervivencia de su familia, en el caso de los ganaderos esto provocaría su confinamiento en las cumbres del señorío y, más tarde, durante el siglo XIX, la lucha con los agricultores por hacerse tanto con la tierra como con el agua para poder subsistir tanto ellos como su ganado. A nivel económico, nuevamente el agua fue un recurso esencial, ya que dependían de ella para mantener a su ganado salubre y permitir la producción de los alimentos que precisaban de ellos, aunque también para los intercambios, negocios y demás aspectos económicos que derivaban de estos últimos. Por lo tanto, influyó de manera directa en la organización social y económica de los altos de Guayadeque, siendo precisamente la escasez de tierras y agua en el norte y cumbres de la isla, junto al enfrentamiento con los agricultores norteños, lo que acabaría provocando la llegada de los primeros pobladores de manera continua y estable en los altos del señorío de Agüimes.


 

¿Qué desafíos encontraste al trabajar con fuentes toponímicas y cómo contribuyen estos nombres de lugar a reconstruir la historia de poblamiento?

 

Este trabajo se lo debemos indudablemente a Faneque Hernández Bautista, que con mi colaboración y la del resto de colaboradores del libro, pudo obtener conclusiones sobre el verdadero origen antrotopónimico en muchos casos de los lugares que componen los altos de los municipios de Agüimes e Ingenio. Estos últimos contribuyen a reconstruir la historia del poblamiento porque el propio origen de estos topónimos muchas veces nos habla de la historia que existe detrás de ellos y en otras ocasiones nos ofrecen la posibilidad de reconocerlos a partir de su importancia en la historia del poblamiento.

 

Finalmente, ¿qué implicaciones crees que tiene tu investigación para la conservación del patrimonio cultural y natural del sureste grancanario en el contexto actual?

 

Creemos que nuestra obra ayuda a conocer mejor una zona que parecía olvidada, las cumbres del Guayadeque, que no solo deben ser mejor conservada sino también reforestada para poder observar los mismos paisajes por los que pasearon nuestros antepasados. Si bien la tierra sufrió un agotamiento prácticamente total durante el siglo XIX, ahora ha recuperado su fertilidad y bajo una mejor conciencia social con respecto a esta conservación de nuestro patrimonio, sobre todo del sureste grancanario que es lo que se trabaja en esta obra, debe partir de la propia educación que se imparte en las aulas de los institutos y colegios de ambos municipios, así como los de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana, una idea patrimonial que está en boga y que se trabaja día a día en los centros educativos a partir de la propia concienciación de nuestro gobierno, quien ha implantado en la propia ley educativa LOMLOE esta conservación del patrimonio. Por ende, nuestra obra, simplemente reivindica esta idea y la apoya destacando la importancia que tuvo para la sociedad del señorío de Agüimes y que actualmente tiene para todos aquellos que siguen residiendo en estas cumbres del barranco, sobre todo en Cueva Bermeja y La Pasadilla.


Armando Pérez y Tejera.

Cronista Oficial de la ciudad de Arucas

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