Critican a Florentino mientras apoyan letras machistas hechas aquí

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #6639]La polémica no deja de resultar sorprendente. Vivimos tiempos en los que el machismo se denuncia, con razón, con una sensibilidad social cada vez mayor. Una declaración desafortunada y retrograda de un dirigente deportivo genera titulares, indignación y debates públicos inmediatos. Y debe ser así, porque cualquier mensaje que menosprecie o invisibilice a la mujer merece una respuesta firme. Sin embargo, esa contundencia desaparece muchas veces cuando el machismo llega envuelto en música, espectáculo o identidad cultural. Ahí parece que algunos deciden mirar hacia otro lado.

 

Las recientes críticas hacia Florentino Pérez han vuelto a abrir el debate sobre qué toleramos y qué no toleramos como sociedad. Muchas personas han señalado sus declaraciones como machistas, y están en su derecho de hacerlo. El problema aparece cuando quienes alzan la voz contra ese discurso son los mismos que después justifican, celebran o consumen canciones cuyas letras degradan a la mujer de forma explícita. Especialmente cuando esas canciones vienen de artistas cercanos, de Canarias, o de figuras que mueven masas.

 

Porque el machismo no deja de ser machismo dependiendo del contexto en el que aparezca. No importa si viene desde un despacho, un escenario o una canción que suena en todas partes. Tampoco importa si llega disfrazado de humor, de ritmo pegadizo o de expresión artística. Cuando una letra reduce a la mujer a un objeto, la humilla o normaliza conductas de desprecio, el mensaje es igual de dañino.

 

Existe una peligrosa tendencia a medir la gravedad de las cosas según la simpatía que generen o el apego cultural que exista hacia determinados artistas. Si el mensaje nos incomoda, reaccionamos con dureza. Pero si forma parte del entretenimiento habitual o de la música que triunfa en nuestro entorno, entonces aparecen las excusas. Se dice que es solo arte, que no hay que tomárselo literal o que siempre ha sido así. Pero la coherencia social se demuestra precisamente cuando aplicamos los mismos principios a todos por igual.

 

Y en Canarias ocurre algo especialmente contradictorio. Hay quienes justifican canciones claramente machistas simplemente porque están hechas aquí, utilizan léxico canario o representan una estética cercana al barrio y a la cultura local. Pero escuchar letras que denigran a la mujer solo porque vienen envueltas en acento canario no es apoyar el producto km0. Es caer en la hipocresía. La identidad cultural no puede convertirse en un escudo para normalizar mensajes que serían duramente criticados si llegaran desde cualquier otro lugar.

 

Con conductas como esta, no solo se le va el baifo a Florentino Pérez. También se le va a muchos otros y otras que hoy se presentan como defensores firmes de la dignidad de la mujer mientras hace muy poco tiempo aplaudían canciones cargadas de mensajes machistas solo porque mencionaban elementos del paisaje y del paisanaje canario, e incluso referencias a lugares como Gáldar.

 

Y esa es precisamente la contradicción que sorprende. Porque defender a la mujer está muy bien, y debe hacerse siempre, pero esa defensa pierde credibilidad cuando solo aparece dependiendo de quién emita el mensaje. No puede existir una vara de medir distinta para unas declaraciones públicas y otra para letras musicales que también atentan contra la dignidad femenina.

 

Si se critica el machismo institucional, también debe señalarse el machismo cultural cuando se normaliza entre ritmos pegadizos, expresiones locales o canciones convertidas en himnos populares. De lo contrario, la defensa de la igualdad deja de ser un principio para convertirse en una postura selectiva y conveniente.

 

Además, el impacto cultural de la música es enorme. Una polémica pública puede durar unos días, pero una canción se escucha millones de veces, se canta en fiestas, la repiten adolescentes y acaba formando parte del lenguaje cotidiano. El arte tiene libertad, sí, pero también tiene influencia. Y cuando esa influencia perpetúa mensajes machistas, no debería quedar exenta de crítica solo porque venga acompañada de éxito o popularidad.

 

Porque el machismo no deja de ser machismo por sonar con acento canario, nombrar nuestros barrios o envolverlo entre referencias al paisaje isleño. Y si somos capaces de señalarlo en un palco de fútbol, también deberíamos ser capaces de señalarlo cuando se canta y se aplaude desde aquí.

 

Y quien lo quiera coger, que lo coja.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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