Isabel Díaz Ayuso: un exitoso fracaso

Lola Sosa

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Hemos asistido ojipláticos a una nueva y delirante aventura de la presidenta de la comunidad madrileña. Ni corta ni perezosa, organiza un viaje institucional a México sin ninguna agenda oficial, planificado originariamente del 3 al 13 de marzo y que tuvo que ser suspendido de forma abrupta antes de que se produjera un conflicto diplomático. Probablemente el funcionamiento del sistema español de autonomías sea desconocido fuera de nuestro país y, por ello, me resulta enormemente preocupante que el resto del mundo crea que esta política se identifica con el gobierno español y, por ende, con los españoles. 
 
Otro drama nacional es el de Miguel Ángel Rodríguez, quien se quejaba públicamente de tener que suspender también su desplazamiento para acompañar a la presidenta por culpa de un juicio en el que ha tenido que declarar por amenazas a periodistas. Es una pena; por 700.000 euros podían haber aprovechado los dos. Se le investiga tras una querella por un presunto delito de revelación de secretos debido a la difusión en un chat de los datos personales y fotografías de dos periodistas del diario “El País”, quienes investigaban el patrimonio de la pareja de la presidenta de la Comunidad. Miguel Ángel no tiene miedo a los juicios porque ya tiene la experiencia de generar bulos sin repercusión alguna en su vida, aunque sí en la de los demás. Lleva años susurrando al oído desde el Gabinete de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. 
 
Isabel Díaz Ayuso se ha acostumbrado a la impunidad desde que insultó abiertamente al presidente del gobierno en un espacio que representa la democracia. De ahí en adelante, todo ha valido. Como a cualquier narcisista, le reconocemos una inteligencia superior que no es más que una idea falsa  instaurada por el cine. Según el Dr. Robert Hare, máxima autoridad mundial en el estudio de la psicopatía, el psicópata, la mayoría de las veces, proyecta planes disparatados porque su personalidad depende enfermizamente del ahora. En su libro “Sin conciencia”, desmonta la idea de que todos los psicópatas son asesinos en serie; muchos son individuos funcionales que engañan y manipulan en la vida cotidiana.
 
Este ego no entiende de futuro, dado que tendría que valorar las consecuencias de su conducta. Un narcisista no se puede plantear más consecuencias que el acierto porque la incertidumbre del error no entra en sus planes. En el papel todo va bien -hasta ahí llegan-, pero derrapa Milei, derrapa Trump y derrapa Ayuso. Luego, todo se soluciona con ir acumulando mentira sobre mentira y, “por arte de birlibirloque”, las conciencias mundanas se zambullen en un ignorante algoritmo que busca su sesgo de confirmación en redes y en un tipo de periodismo cuyo ejercicio hace tiempo se perdió en la oscuridad, la complacencia y las subvenciones del neoliberalismo más falaz. En su mundo, la mentira no desaparece, sino que se extiende; para su público tiene efecto. Ella fue con una misión tramposa y condenada al fracaso más torpe. Giró la ruleta y le tocó a México.
 
Este estilo faltón, barriobajero, provocador y despiadado del Partido Popular nace, fundamentalmente, con Rafael Hernando y Martínez-Pujalte, a quienes apodaban en los pasillos del Congreso “los dóberman”. No obstante, no olvidemos que esta actitud, llevada al extremo en el plano parlamentario por Pujalte y Hernando, fue diseñada ideológica y mediáticamente desde la Moncloa en los años noventa por el propio Miguel Ángel Rodríguez, quien teorizó y validó el uso del ataque personal despiadado y la crispación absoluta como herramientas altamente eficaces para desestabilizar a los gobiernos de izquierda y movilizar el voto propio. Y de aquellos polvos, estos lodos.
 
Sin embargo, la culpa es del comunismo. No porque haya ido usted, señora presidenta, a casa del vecino a insultarlo y a llamarlo narcoestado. Todos somos conocedores del enorme problema que tiene México con el narcotráfico, pero, simultáneamente, sabemos cuáles son las bases de la diplomacia. Usted también, pero seguramente su plan era otro. En su gloriosa inteligencia, la derecha y la ultraderecha atacan la regularización de inmigrantes, una vez más, con el caos y la mentira; pero Ayuso viaja a México y habla de las bondades de un mestizaje a la fuerza, como si fuera un regalo del imperio que los civilizó. No se preocupen, están acostumbrados a que no haya agua.
 
¿Hay comunismo en España? ¡Ay, ay, ay, señora Ayuso! Por lo que más quiera: lea, lea. Le recomiendo un libro muy clarificador: “El uso de las ideas políticas”, de Barbara Goodwin. Quizá estas páginas le ayuden a entender qué es el comunismo y qué diferencias existen con el socialismo actual. Quizá le suene el concepto “socialdemocracia” y quizá descubra también que no proviene de una única fuente ideológica, sino de la evolución, moderación y fusión de varias corrientes de pensamiento nacidas en los siglos XIX y XX, con la culminación de un pacto social que garantiza derechos universales financiados públicamente, como sanidad, educación, pensiones y subsidios. También le recuerdo, por aquello de la erosión del olvido, que el socialismo europeo renunció formalmente al marxismo (el PSOE español lo hizo en 1979 y el SPD alemán en 1959) para aceptar el libre mercado, pero regulado por el Estado.
 
 Con todo esto, puede que finalmente evitemos llamar también comunistas a países escandinavos como Suecia, Noruega y Dinamarca, o a líderes mundiales como Tony Blair o Gerhard Schröder para, a la postre, no hacer otra vez el más absoluto de los ridículos. Pero no se preocupe, señora Ayuso, usted aún sigue teniendo a Pedro Sánchez.
 
Escucho girar la ruleta. Un ligero escalofrío recorre mi espalda.
 
Lola Sosa
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