La oportunidad histórica de la visita del Papa

Antonio Morales Méndez

[Img #9304]La  visita del papa León XIV a Canarias tiene un valor religioso, social, político y económico relevante en el contexto actual, marcado por conflictos internacionales y tensiones geopolíticas. Y es también definitivamente simbólica. Su presencia en este archipiélago atlántico va a permitir proyectar a las islas como un espacio históricamente vinculado a la convivencia, a la paz y al encuentro entre continentes y culturas, lo que contrasta con el clima de confrontación global.  Tiene un especial significado para la comunidad católica en Canarias, pero va más allá.

 

Me gustaría destacar tres aspectos que me parecen de especial significado para nuestra tierra y que la visita papal proyecta al mundo: el ecumenismo y la multiculturalidad que nos representa, nuestra vocación de territorio de paz y la realidad de las personas migrantes que han llegado a Canarias -una ruta que le quitó el sueño a su predecesor, que llegó a recibir a migrantes que la habían cruzado-  y las aviesas intenciones de Europa con respecto a la migración.

 

El ecumenismo y el pluralismo religioso son, sin el menor género de dudas, vías fundamentales para fomentar el diálogo entre culturas y avanzar hacia sociedades más justas e inclusivas. En territorios como Canarias, caracterizados por su posición estratégica entre continentes, la diversidad cultural y religiosa se convierten en una oportunidad para promover la convivencia, la cooperación y el entendimiento entre los pueblos. En este contexto, la presencia de un líder religioso de la dimensión de León XIV debe servirnos  para proyectar y reforzar valores como la paz, la justicia social y la sostenibilidad. Lejos de ser un elemento de división, la dimensión religiosa puede actuar como un punto de encuentro capaz de unir a distintas comunidades en torno a objetivos comunes. Así, el diálogo interreligioso y cultural - el templo ecuménico de Maspalomas es un ejemplo pionero que singulariza la realidad multicultural de Gran Canaria-, no solo enriquece a la sociedad, sino que contribuye a construir espacios compartidos donde la fraternidad y el respeto se convierten en pilares fundamentales para el desarrollo de la humanidad.

 

Canarias ha protagonizado, también, diversos hitos históricos que reflejan una arraigada cultura de paz  marcada por la negación de la guerra, la exigencia de una neutralidad real, la defensa del territorio y una clara voluntad popular de mantenerse al margen de confrontaciones bélicas. Uno de los momentos más significativos fue el referéndum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN: mientras que en el conjunto del Estado ganó el sí”, en Canarias se impuso el no” de forma clara, evidenciando una posición diferenciada y un fuerte rechazo a la integración en estructuras militares internacionales. Este resultado reflejaba, además, el temor a que el archipiélago se convirtiera en un enclave estratégico en conflictos globales debido a su posición geopolítica.

 

Años antes, durante el final del franquismo y la transición, ya se había producido una importante movilización social contra la posible instalación de una base militar en Arinaga, en Gran Canaria. La población local, junto a distintos colectivos sociales, protagonizó protestas y acciones de presión que lograron frenar el proyecto. Esta oposición no solo respondía a la defensa del territorio, sino también a un rechazo más amplio a la militarización de las islas y a la imposición de un modelo ajeno a las necesidades de la población.

 

Asimismo, la sociedad canaria ha mostrado su compromiso con la paz a través de movilizaciones contra conflictos internacionales, como la Guerra del Golfo y la Guerra de Irak. Estas protestas han estado siempre acompañadas de críticas al uso estratégico del archipiélago por parte de potencias militares, reforzando la idea de que Canarias no debía ser una plataforma para la guerra, sino un espacio de convivencia y cooperación.

 

Este enfoque está en línea con numerosas declaraciones del papa Francisco en los últimos años y de León XIV en este año de papado. Han denunciado reiteradamente la guerra como una derrota de la humanidad” y han advertido sobre el auge de actitudes autoritarias, criticando los nacionalismos excluyentes y la política del miedo. En el contexto de conflictos como el de Ucrania o Gaza, han insistido en la necesidad de negociación, diálogo y desarme, rechazando la lógica de bloques y la escalada militar.

 

Durante los últimos años hemos vivido choques importantes, sobre todo en temas como la inmigración, el cambio climático o el papel del capitalismo, donde los sumos pontífices defendían posturas más sociales y humanitarias frente a las posiciones de muchos líderes mundiales.

 

Sin embargo, ahora el conflicto ha dado un paso más con el actual obispo de Roma y ha pasado a ser un enfrentamiento abierto con el autoritarismo desbocado y su figura insigne, Donald Trump. El presidente estadounidense lanzó críticas muy duras contra el papa, acusándolo de ser débil”, de complacer a la izquierda radical” y de meterse en política en lugar de centrarse en su papel religioso. Estas declaraciones llegaron en un contexto especialmente sensible, marcado por desacuerdos sobre conflictos internacionales y el uso del discurso religioso en política.

 

La respuesta de León XIV fue inusualmente clara y firme: afirmó que no tiene miedo de Trump” y que seguirá defendiendo sus posiciones, especialmente en contra de la guerra y a favor de la paz. Dejó  meridianamente claro que no le tiene ningún miedo y que no piensa callarse ante lo que considera una distorsión del mensaje cristiano.

 

En su última visita a África, el papa afirmó con rotundidad que “el mundo está siendo devastado por una pandilla de tiranos… los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, mientras que a menudo no basta toda una vida para reconstruir. Se gastan miles de millones en matar y devastar, mientras que los recursos necesarios para curación, la educación y la reconstrucción no se encuentran en ninguna parte”.

 

En conjunto, lo que estamos viendo no es solo un cruce de declaraciones, sino un choque de visiones mucho más profundo: por un lado, una política basada en la fuerza, el totalitarismo, la antidemocracia, el desprecio a la multilateralidad, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional y, por otro, una autoridad moral que insiste en la justicia social, la acogida, la diplomacia y el diálogo entre las naciones. Esa tensión, que ya existía en tiempos de Francisco, ahora se ha convertido en un enfrentamiento mucho más explícito con León XIV, marcando uno de los episodios de enfrentamiento más directos entre un papa y un líder estadounidense en la historia reciente.

 

Además, y por último, la presencia del papa en el Archipiélago va a visibilizar ante Europa y ante la comunidad internacional la realidad migratoria en Canarias, una de las principales puertas de entrada de la migración africana hacia la Unión Europea. Su estancia en Canarias va a poner el foco en la dimensión humanitaria del fenómeno y, por tanto, en la situación de miles de personas que llegan por la ruta atlántica y las dificultades de acogida en territorios insulares. Es nítida también su denuncia de la pobreza, el hambre,la desigualdad y la inacción - o la explotación- del mundo rico con los países pobres del  mundo.

En materia migratoria, su posición ha sido especialmente clara y constante: ha pedido acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, denunciando la globalización de la indiferencia” y cuestionando políticas que priorizan el control de fronteras sobre los derechos humanos. También ha criticado duramente la externalización de fronteras y los sistemas que convierten a ciertos territorios en espacios de contención, alertando de que eso deshumaniza a las personas y erosiona los valores democráticos.

 

En ese sentido, su presencia en las islas  servirá para amplificar el debate sobre las políticas europeas que tienden a convertir  territorios fronterizos en lugares de retención, y para dar mayor legitimidad a una crítica ética de esas prácticas que pretenden convertir a Canarias en un contenedor de personas que han atravesado el océano a la intemperie, aterrorizadas. Por eso, los sarpullidos que han provocado en Abascal y Vox las palabras del obispo José Mazuelos - que tiene todo mi apoyo y solidaridad- a favor de la regularización de las personas migrantes o los circunloquios del PP que dice apoyar al obispo pero, al mismo tiempo, que se deben reforzar las fronteras.

 

Es especialmente significativo el momento. La Unión Europea está desarrollando el Pacto de Migración y Asilo, una reforma amplia que busca endurecer el control de fronteras exteriores, agilizar los procedimientos de asilo y facilitar las devoluciones de personas migrantes sin derecho a protección. También plantea un sistema de solidaridad flexible”, donde los países pueden elegir entre acoger migrantes o aportar recursos.

 

Aquí, en Canarias, lo vivimos con una enorme preocupación porque este modelo podría reducir la distribución efectiva de personas entre Estados y reforzar el papel de los territorios fronterizos. Esto implicaría, en la práctica, insistir en convertir a las islas en  espacios de contención o retención, dada su posición geográfica como frontera sur de Europa.

 

En conjunto, más allá del componente religioso, que lo tiene para miles de canarios y canarias,  una visita así supone un fuerte impacto como gesto de denuncia, visibilización y reafirmación de valores como la paz, la dignidad humana y la solidaridad en un momento especialmente delicado para este planeta y para la humanidad.

 

                                                                               Antonio Morales Méndez

                                                           Presidente del Cabildo de Gran Canaria 

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