Los Giles, pelotazo inminente

Francisco González Tejera

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[Img #32801]La peor destrucción es aquella que borra el paisaje, extingue la vida natural y sepulta los crímenes del pasado bajo bloques de hormigón. El barrio de Los Giles, en Las Palmas de Gran Canaria, afronta una ofensiva urbanística agresiva por parte del planeamiento del Ayuntamiento de LPGC. Las nuevas construcciones previstas en la zona amenazan con alterar para siempre su fisonomía periférica. Este avance inmobiliario actúa como una apisonadora que asfixia tanto el patrimonio medioambiental como la dignidad histórica de la isla.

 

El impacto territorial no es una estimación abstracta, sino una cifra colosal sobre plano. El desarrollo de sectores colindantes como los Llanos de Guinea proyecta la urbanización de una descomunal bolsa de suelo de 679.228 metros cuadrados, de los cuales 571.228 metros cuadrados corresponden estrictamente al Plan Parcial que enlazará la loma de Los Giles con el tejido de Tamaraceite. Esta masiva reordenación de más de medio millón de metros cuadrados de suelo urbanizable devorará los descampados periféricos actuales transformando un entorno natural y de memoria en una monótona retícula de viales y nuevas parcelas residenciales.

 

En el plano ecológico, los llanos y el adyacente Barranco de Jacomar sufren ya una degradación crítica por vertidos ilegales. El despliegue de las nuevas grúas y viales sobre esa inmensa superficie fragmentará irreversiblemente este ecosistema, que funciona como uno de los últimos santuarios de reproducción del lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini).

 

Edificar sin un plan estricto de rescate botánico y de fauna aboca a la extinción local a especies endémicas y aves esteparias protegidas, sacrificadas en nombre de la rentabilidad constructora.

 

Sin embargo, el asfalto no solo tapará la tierra, sino también la sangre. La montaña de Los Giles carga con un pasado lúgubre: durante el franquismo, este paraje aislado fue utilizado por los golpistas como un centro de tortura al aire libre y escenario de exterminio mediante la represiva "Ley de Fugas". Hasta aquí eran trasladados camiones con detenidos del desmantelado municipio democrático de San Lorenzo para ser brutalmente apaleados y fusilados, antes de que muchos de sus cuerpos terminaran en los pozos, grietas volcánicas o en la fosa común de Vegueta. Los gritos de las víctimas en los llanos altos quedaron silenciados por el viento de la costa, y ahora corren el riesgo de ser enterrados de forma definitiva bajo los cimientos de nuevas promociones de viviendas.

 

Esta preocupante política de hechos consumados repite un patrón destructivo muy común en las islas. Se degrada activamente un entorno natural mediante el abandono institucional y la acumulación de escombros, para luego justificar su urbanización como la única salida posible para higienizar el barrio. Con esta estrategia, las constructoras ganan terrenos preferenciales y las administraciones evitan la inversión pública en la restauración medioambiental y patrimonial que la zona legítimamente merece.

 

Promover un desarrollo residencial masivo sobre un suelo que requiere tanto una reparación ecológica como un reconocimiento como Lugar de Memoria es una irresponsabilidad histórica.

 

Los Giles no necesita más cimientos de hormigón que oculten su biodiversidad y su trágico pasado; lo que exige con urgencia es justicia, protección ambiental y memoria para que el olvido no vuelva a ganar la batalla. Un desarrollo que ignora la inmensa riqueza ecológica, las heridas de su tierra y de su historia no es progreso, es simple amnesia inmobiliaria.

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