Semillas que dejan huella

Yasmin de los Reyes Bani Mendoza

[Img #39600]En los últimos días se ha hecho viral en redes sociales, especialmente en TikTok, una tendencia curiosa y a la vez profundamente emotiva: “Cuando seas mayor, tus alumnos no se acordarán de que fuiste su profesor…”. Y, justo después, aparecen nombres, cursos, momentos compartidos... Una lista que desmonta por completo esa idea inicial. Porque, en realidad, sí nos acordamos. Nos acordamos mucho más de lo que creemos.
 
Y es que ser maestro o maestra va mucho más allá de explicar contenidos o corregir ejercicios. Es, en esencia, sembrar. Sembrar curiosidad, confianza, valores..., y, muchas veces sin darnos cuenta, marcar caminos. Cada palabra de ánimo, cada gesto de paciencia, cada oportunidad ofrecida en el momento justo… todo eso queda grabado en nuestra memoria. A veces de forma silenciosa, invisible incluso para quien lo da, pero profundamente arraigada en quien lo recibe.
 
Es cierto que, en ocasiones, la profesión docente se mira desde fuera con cierta ligereza: que si tienen muchas vacaciones, que si su trabajo es sencillo… Pero quien ha vivido en un aula, aunque sea desde el pupitre, sabe que no es así. Enseñar implica acompañar, comprender, adaptarse, escuchar y, sobre todo, creer en los alumnos incluso cuando ellos aún no lo hacen.
 
Como estudiante de Magisterio de Primaria, no puedo evitar mirar atrás y pensar en mis propios maestros y maestras. Ellos fueron, en gran medida, la razón por la que hoy estoy aquí. Recuerdo especialmente a una maestra de primero y segundo de primaria, con la que aún mantengo contacto. Ella no solo me enseñó a leer o a escribir, sino que me enseñó a confiar, a esforzarme y a soñar. Sin saberlo, sembró en mí la idea de que algún día yo también quería ser como ella.
 
Y, del mismo modo que nosotros recordamos, los docentes también guardan en su memoria a sus alumnos. Cada clase deja huella en ambas direcciones. Porque la educación no es un camino de una sola vía: es un encuentro continuo entre personas que aprenden unas de otras.
 
Por eso, quizás, la próxima vez que pensemos en la figura de un maestro o maestra, deberíamos hacerlo desde la memoria y el agradecimiento. Te invito a detenerte un momento y pensar: ¿quién fue ese profesor o profesora que marcó tu vida? ¿De quién te acuerdas todavía? La respuesta, casi con toda seguridad, confirmará algo muy sencillo y muy poderoso: nunca dejan de estar presentes.
 
Porque los buenos maestros no solo enseñan… permanecen.
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