
Es Luis Suárez más que un profesor de timple.
Además de contar con una extraordinaria paciencia, se adapta a las circunstancias de cada alumno. En una palabra: enseña y enseña bien. Por eso he asistido a sus clases durante los últimos tiempos por ver si se me pegaba algo. Pero no hay modo ni manera: burro viejo no aprende idiomas. Y a cada uno lo suyo.
Por eso Luis Suárez sigue al pie del cañón con fe inquebrantable, donde su constancia es mayor que la de cualquier persona: fe berroqueña, en palabras de la escritora Rosa Montero.
Juan FERRERA GIL





























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