Amaia Montero y la falta de empatía

Zeneida Miranda Suárez

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Mientras en mi reproductor de música suena un disco cuyo nombre es todo un piropo, “Guapa”, del conocido grupo musical La Oreja de Vang Gogh, repaso la prensa y las redes sociales y una idea salta a mi cabeza, a medida que las canciones en la dulce voz de Amaia Montero se suceden, y lejos de tranquilizarme me pone de los nervios.

 

Que esté oyendo este disco y a este grupo no es una mera casualidad, me gusta mucho y justo ahora acaba de arrancar su gira homenaje a sus treinta años en la música rodeados de mucha polémica.

 

La historia del grupo todos la conocemos: La Oreja de Vang Gogh es un conjunto musical español de género pop rock originario de San Sebastián, cuya trayectoria en el mundo de la música comenzó formalmente en 1996 con Amaria Montero como vocalista. Todo un éxito. Sus canciones son cantadas en todo el mundo. En 2007 Amaia decide dejar el grupo tras once años y muchos éxitos para emprender su carrera en solitario y empieza la segunda etapa de la banda que opta por la cantante, participante de Factor X, Leire Martínez para poner voz a sus carismáticas letras. El éxito es imparable de nuevo.

 

Hace unos meses una noticia que deja al mundo musical y a los fans impactados: el grupo prescinde de Leire. Drama, debates y juicios de valor se disparan cuando, meses después, llega la noticia que muchos fans esperaban: la vuelta a la Oreja de Vang Gogh de Amaia Montero diecisiete años después de su salida del mítico conjunto vasco. ¡Revuelo de nuevo! Los hashtags más usados: #TeamAmaia #TeamLeire. Las dos Españas, las de la tortilla con o sin cebolla, la pizza con o sin piña, Antena 3 o Telecinco… enfrentadas ahora en la dicotomía ¿Leire o Amaia?

 

Con este artículo no pretendo entrar en el debate, tengo claro mi preferencia y tengo claro que ha habido cosas que no se han hecho bien y aunque quizá me he perdido un poco contextualizando, de lo que quiero hablar es de dos cosas: empatía y salud mental.

 

Amaia Montero se subía el sábado nueve de mayo al escenario después de muchos años fuera del panorama musical por graves problemas de depresión. ¿Los motivos de la misma? No lo sé ni me importan. Lo que sé es que desde ese momento las redes sociales se llenaron de mensajes de odio, de críticas sangrantes y destructivas hacia una persona que, como te puede pasar a ti o a mí, se incorpora a su trabajo después de una larguísima baja por depresión.

 

No quiero entrar en debates sobre si cantó bien o cantó mal, sobre si la traicionaron los nervios o no está implicada en el proyecto y pasa de todo. Solo veo a una mujer criticada por todo: porque su voz no suena igual que hace 20 años, por su físico “desmejorado”, porque luce mayor, porque los colores chillones que eligió para el vestuario no le favorecen, porque su tono no llega a los de Leire, porque está vieja y casi no puede moverse, porque le temblaban las manos, porque reconoció que había estado en un infierno del que casi no sale con vida (y muchos han tenido la desfachatez de decir: “ojalá te hubieras quedado allí”)

 

Me parece que se está saliendo de madres el tema. Que no hay que olvidar que Amaia es una persona vulnerable, y no, no me vale el “ella se expone”. Rotundamente no, ella está haciendo su trabajo y eso no nos da derecho a hacerla víctima del bullying que está sufriendo.

 

Ella no tiene la culpa del paso del tiempo, seguro que todos los que la critican y la insultan no tienen la misma voz, el mismo cuerpo ni la misma energía que hace veinte años. He llegado a leer incluso un: “viejuna, que vuelva Leire que es más joven”, perdona que te corrija, actualmente Amaia Montero solo es tres años mayor que Leire Martínez, una diferencia insignificante pero que se agrava si recuerdas que la primera ha estado tratándose y luchando mucho tiempo con la depresión.

 

Hay muchas cosas más que podría decir, pero no quiero convertir estas palabras en una exposición de lo que pienso de cada una, ni de si me gusta más la voz de Amaia o la de Leire, intento ser objetiva y resaltar, una vez más, que estamos perdiendo la empatía por nuestros iguales. Nada nos importa, más que el critiqueo.

 

Hay quien vio a una Amaia estupenda, con errores producidos posiblemente por los nervios y hay quien sintió que le habían estafado porque las entradas al concierto baratas no fueron.

 

La nostalgia y los recuerdos juegan muy en favor de la vuelta del grupo primigenio, pero no debemos olvidar nunca las circunstancias que rodean a una persona.

 

Como reflexión final les lanzo una pregunta: ¿Qué pasaría si Amaia Montero decide quitarse la vida la próxima semana por la presión de las críticas? Yo tengo claro mi respuesta.

 

Zeneida Miranda Suárez

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