
Cuando el Museo Domingo Rivero en Las Palmas de Gran Canaria se puso en marcha, fueron años deliciosos en los que la Cultura se escribía con mayúscula; al poco tiempo se convirtió en toda una referencia en la isla y en el archipiélago entero.
Claro que todo ello se debió al empeño y a la iniciativa de José Rivero, nieto del poeta, que marcó lo suyo. Lo visitamos cuando trabajábamos en el instituto de Moya. Y no solo resultó muy agradable la salida-visita de aquel tiempo, sino que vino a marcar el inicio de unas relaciones donde las salas del Museo se prestaban para cualquier interés cultural.
Y eso es bueno recordarlo: José Rivero fue una persona adelantada a su tiempo.
Juan FERRERA GIL





























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